miércoles, 16 de marzo de 2011

El ser de mexicano




Por Francisco RIVAS-LINARES

- I -


Mucho se ha escrito sobre la esencia del ser mexicano: Rodolfo Usigli, con su obra El Gesticulador; Agustín Basave y Mexicanidad y esquizofrenia; El laberinto de la soledad de Octavio Paz; Análisis del ser mexicano del filósofo Emilio Uranga; La raza cósmica de José Vasconcelos; y La jaula de la melancolía de Roger Bartra, por citar algunos.

Lo anterior viene al caso por los acontecimientos que nos están rebasando, contrastando con la indiferencia y el conformismo de todos nosotros. Tal pasividad está propiciando nuevamente el interés de los estudiosos en torno a la psicología del mexicano. Ello en aras de encontrar una explicación del por qué la castración de nuestra conciencia.

Pues bien, la revista Nexos del mes de febrero publicó un ensayo titulado El mexicano ahorita: Retrato de un liberal salvaje y el semanario Proceso hizo lo propio con un artículo de Marta Lamas titulado Trogloditas. Quiero compartir con ustedes, no sólo en esta fecha, algunas de las ideas que se expresan en ambos escritos, aclarando que la única intención que me anima es propiciar la reflexión para vernos al espejo y entendernos.

Nexos en su ensayo se cifra como objetivo “medir las aspiraciones de los mexicanos”. Y nos plantea interrogantes como las siguientes: ¿Qué soñamos, qué esperamos, qué anhelamos, repudiamos o añoramos de nuestro país y de nosotros mismos? ¿En qué confiamos, cómo nos definimos frente al futuro y frente al pasado?

El estudio se abordó en dos planos: cualitativo y cuantitativo. Los resultados, como lo expresa la propia revista, arrojó varias sorpresas. Transcribo:

“La primera (sorpresa) es el profundo individualismo. En proporción abrumadora los mexicanos creen en sí mismos más que en el país donde viven. Todo o casi todo lo esperan de su propio esfuerzo, poco o nada de la calidad política, económica o social de la nación que han construido.

“A falta de un sueño común o una visión solidaria que vincule los destinos individuales, los mexicanos tienden a poner sus sentimientos de pertenencia en la familia. No existe más, si alguna vez existió, algo parecido a un sueño o una aspiración común, un sueño mayoritario que comparta siquiera la mitad más uno de los mexicanos. Se diría que la unidad nacional ha volado en pedazos.” Termino la cita.

No es la primera ocasión que se nos reconoce la incapacidad para trabajar en equipo. Somos individualistas en exceso. Por eso se asegura que nosotros, los mexicanos, tenemos mayores posibilidades de lograr el éxito en los deportes individuales y no en los de conjunto. Y tal vez encontremos aquí el fundamento del grito ¡Sálvese quien pueda! que de manera ruidosa o callada se percibe en el ámbito nacional, actualizándolo frente a la tragedia y el drama que se nos levanta como un muro de dolor humano.

Es posible que nuestra involución sea el resultado de nuestra decadencia cultural, provocada por la pérdida de los valores como la Honestidad, la Solidaridad, el Amor a la familia, el Orgullo nacional y regional, el Respeto a la autoridad y el Respeto a la vida humana.

Se nos infiltró la maldad a través de una delincuencia mejor organizada que la sociedad civil. Se contaminó nuestra identidad con imágenes manipuladas proyectadas por “la caja idiota”, como bien le llamara a la televisión Carlos Monsivais.

Es posible que la crisis económica por la que atravesamos de manera permanente, constituya la causa del individualismo que cultivamos, pues la preocupación dominante estriba en satisfacer nuestras necesidades básicas, recurriendo –incluso- a la astucia para engañar o abusar de alguien más débil.

Por eso, como abunda el ensayo de Nexos, nuestra apuesta es al propio esfuerzo, y la familia nuestro refugio como mundo nuclear.


- II -


Samuel Langhorne Clemens, prolífico escritor norteamericano conocido por el seudónimo Mark Twain, clasificó en tres categorías a las mentiras: Las mentiras, Las malditas mentiras y Las estadísticas. Tal vez -de esta singular trilogía- las que llevan mayor carga embustera serían las últimas citadas; es decir, las estadísticas, pues el mercado y los políticos las han desprestigiado al utilizarlas como instrumentos de manipulación para inducir preferencias y aceptaciones de lo que ya conlleva nuestro profundo rechazo.

No obstante, cuando los porcentajes estadísticos son el resultado de cuestionamientos planteados por profesionistas académicos especializados, deben ser motivo de observancia y análisis para tomar decisiones y elaborar teorías. Más aún, si éstos son congruentes con la realidad que se percibe.

El estudio sobre el ser del mexicano, fincado en estadísticas obtenidas en grupos de estudio y discusión de la empresa Lexia Investigación Cualitativa y publicado por la Revista Nexos cita como condición primaria de nuestra identidad el alto grado de individualismo que nos domina. Un individualismo que se sustenta en el personal esfuerzo al no confiar en sus dirigentes; un individualismo que tiene como eje rector el ámbito familiar.

¿Pero qué factores contribuyen para delinearnos el perfil de “individualistas”? El ensayo que comento cita cuatro: 1).- La desconfianza en la clase política, particularmente en el gobierno. 2).- La debilidad de las instituciones. 3).- La corrupción imperante en el uso ilegítimo del poder para beneficio de unos cuantos; y 4).- la pérdida de los valores éticos.

Con esta estructura los mexicanos vagamos en un paraje de soledad, donde cada quien busca su personal progenitor que le dé la identidad definida y las respuestas a los conflictos planteados por el entorno, pues derrotados comunitariamente optamos por llevar consigo nuestro personal fardo de esperanzas.

Por eso en México “cada quien jalamos por nuestra cuenta”, pues nos sentimos capaces de alcanzar nuestros sueños sobre la base del personal esfuerzo. Poco o nada importa la pujanza colectiva, el brío comunitario.

Las ideas expuestas alcanzan su confirmación en lo dicho por Felipe Calderón ante la comunidad judía el pasado lunes. Cito: “La política, más allá de ser el arte del poder y del dominio, lo que debe ser es el arte del bien común. Y precisamente lo que le ha hecho falta a este país es una buena política y políticos orientados al bien común, no al bien personal…”

Posteriormente, ante empresarios de Estados Unidos, aseveró: México “es un país educado en una cultura de la complicidad, corrupción, de tranza, como decimos los mexicanos…” Termino las citas.

Lamentablemente los mensajes quedaron para consumo doméstico, porque en la realidad el discursante es uno de los beneficiarios de esa política del bien personal. Un personaje que se encaramó en el poder por el poder mismo. Un expositor que se ha beneficiado de la complicidad y de la tranza.

Y esta es la urdimbre de conductas de la que surge el liberal salvaje, como se nos adjetiva en el ensayo de Nexos; mexicanos que sólo “encuentran consuelo y esperanza en su familia, idealizada como el refugio donde sí se encuentra apoyo y se pueden compartir valores, penas y miedos, tanto como alegrías y éxitos.” Mexicanos sin nociones de lo que es la responsabilidad cívica del trabajo comunitario. Y por eso… “Dejemos nuestra autosuficiencia actuando desde valores trascendentes que están por encima de los intereses egoístas de los individuos. Dejemos de creer que el individuo es el centro y la medida de todas las cosas, actuando como comunidad. Dejemos de ser individuos resignados, convirtiéndonos con otros en una fuerza subversiva e innovadora responsable de nuestros propios actos.”

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