domingo, 29 de abril de 2012

Pateando la escalera del crecimiento

Les paso una entrevista que le hice al economista coreano de Cambridge Ha Joon Chang y que se publicó el 26-7 en iEco. Chang es un economista heterodoxo que se hizo conocido por sus artículos y libros donde critica el discurso de los países ricos que recomiendan a los países periféricos no utilizar las políticas que ellos utilizaron para crecer. Su libro más conocido es “Kicking away the ladder”, pateando la escalera. Esta es una expresión acuñada por Friedrich List, el periodista y economista de la escuela histórica alemana, que abogó en la primera mitad del siglo XIX por la unificación alemana y el proteccionismo para la industrialización. List decía que al recomendar el liberalismo, Gran Bretaña pretendía patear la escalera que había utilizado para crecer para que otros no le siguieran el paso. List había estado a principios de siglo en EE.UU. y conocido el Informe sobre Manufacturas de Alexander Hamilton, el primer Secretario del Tesoro del país, que recomendaba el proteccionismo para la industrialización. Política que siguió EE.UU hasta la Segunda Posguerra, cuando comenzó a patear la escalera del proteccionismo, salvo para los países aliados estratégicos como Japón, Corea del Sur o Taiwán, a los que les toleró el proteccionismoy estatismo hasta los setenta. En este punto se impone un comentario: cualquier medida de protección o subsidio para el crecimiento debe estar acompañada de compromisos de las empresas beneficiadas en términos de exportaciones, innovación tecnológica, empleo, o lo que se decida. La ayuda indiscriminada sólo crea rentas e ineficiencias. En los modelos asiáticos esto estuvo bien manejado (Ver por ejemplo los trabajos de Peter Evans o Meredith Woo-Cumings, entre otros). Por ejemplo, apelando a la figura de Hamilton de “industria infantil”, si a un infante no se le exige cumplimiento de pautas como buen comportamiento, estudio, etc. se puede crear un parásito de la familia y de la sociedad, y en el peor de los casos, un depredador. En Latinoamérica las políticas de industrialización tuvieron mucho de criar infantes rentísticos y parasitarios, por eso su fracaso y su mala fama. Chang es Lector en Political Economy of Development, Faculty of Economics, University of Cambridge. Autor de numerosos artículos y libros sobre políticas de industrialización, entre ellos Kicking Away the Ladder y Bad Sammaritans. Otro tema, antes de la entrevista: acaba de salir mi libro en dos tomitos, “El estallido de la superburbuja”, sobre la crisis financiera, en la colección Clave Para Todos de Capital Intelectual. Está en los quioscos. Dice Chang: “Hay una creencia generalizada de que desde la Gran Bretaña del siglo XVIII, todos los países económicamente exitosos, tal vez con la excepción de Japón, crecieron bajo la influencia del libre comercio y el libre mercado. Pero lo que pasó en realidad es lo contrario. A partir del siglo XVIII en Gran Bretaña, no todos, pero casi todos los países económicamente exitosos crecieron sobre la base de la intervención del Estado. Y ahora esos países quieren convencer a los que quieren industrializarse, que adopten el liberalismo” Así razona Ha-Joong Chang, economista coreano y profesor en la muy británica Cambridge University, que sostiene que no se puede pensar en política económica sin tener en cuenta la historia. Chang irrumpió con fuerza en el mundo de la economía heterodoxa con su libro “Kicking Away the Ladder. Development Strategy in historical perspective” donde explica como los países industrializados le recomiendan a los menos avanzados que adopten el liberalismo y que “pateen” las escaleras de las políticas públicas que utilizaron para trepar hacia la industrialización. La expresión fue acuñada por Friedrich List, abogado de la industrialización alemana en la primera mitad del siglo XIX, quien en su obra “El sistema nacional de economía política” sostuvo que es muy común que cuando alguien alcanza la grandeza, patea la escalera que utilizó para llegar allí, para que otros no le sigan el camino. Chang, vino a Buenos Aires, para un congreso convocado por la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA) y frustrado por la Gripe A, pero igual se dio tiempo para hablar de su nuevo libro “Bad Sammaritans.The mith of free trade and the secret history of capitalism”, donde continúa y amplía su exposición sobre las políticas estatales de industrialización en los países actualmente más avanzados (Hay edición en castellano de AEDA-Universidad de Quilmes). Refiriéndose a esas intervenciones, Chan explica que en muchas ocasiones, el Estado reguló y dirigió al sector productivo, aportó protección para las industrias locales, restringió la inversión extranjera directa. Durante todo el siglo XVIII y la mayor parte del XIX Gran Bretaña fue la economía más protectora del mundo, igual que los Estados Unidos entre mediados del siglo XIX y la Segunda Guerra Mundial. Es decir, hicieron todo lo que los países ricos les dicen a los países en desarrollo que no tienen que hacer. La pregunta es, entonces, porqué en la actualidad el mercado no puede conducir a la industrialización de los países más rezagados, porqué las señales del mercado o la conducta de los empresarios en función de su propio interés no conduce a un objetivo virtuoso de crecimiento. Según el economista, esto se debe por una parte, a que lo que es racional para cada individuo o empresa no lo es necesariamente para el conjunto. Por ejemplo, un espectador de cine puede ver mejor la pantalla parado que sentado. Pero si todos los espectadores se paran, todos ven igual o peor. Esto se denomina falacia de composición, por la cual la suma de los objetivos de maximización individuales no conducen a una maximización del conjunto. La función del estado es, precisamente, lograr que los objetivos individuales deriven en el crecimiento del conjunto. Otro ejemplo: En una economía puede ser muy racional para cada inversor, poner dinero en actividades ya existentes basadas en recursos naturales. Pero puede haber alternativas de inversión en industrias que no ofrecen beneficios inmediatos pero pueden darlos en el futuro, proporcionando un beneficio social mayor que las actividades dominantes en el presente. Es estado puede, en ese caso, promover las inversiones en los sectores con futuro. Un caso concreto: en los años sesenta el estado japonés promovió la inversión en el sector automotriz, en momentos en que no parecía tener perspectivas, pero que, en no mucho tiempo se convirtió en muy competitivo. En este punto, Chang se refiere a los caminos divergentes de Argentina y de su propio país. En los años sesenta, explica, el ingreso per cápita de Corea del Sur era de 20 dólares y en Argentina era 100 dólares. Argentina era cinco veces más rica que Corea del Sur, pero ahora el ingreso per capita de Argentina es la mitad del de Corea del Sur, ¿Por qué? Porque Argentina siguió exportando productos agrícolas, mientras que Corea del Sur invirtió para fabricar autos y semiconductores. A nivel individual, a los capitalistas argentinos les fue bien y ganaron dinero, pero colectivamente, el país se atrasó. Para ahondar en el tema, Chan se remonta a una historia más antigua: las diferentes posturas de política económica de dos padres de la Patria de Estados Unidos: Alexander Hamilton, el primer secretario del Tesoro, y Thomas Jefferson, tercer presidente de ese país. Jefferson era un gran hacendado del Sur, liberal en lo político y en lo económico, que se oponía a cualquier impuesto a la agricultura y al proteccionismo destinado a resguardar a las ineficientes manufacturas yanquis. Hamilton, por su parte, elaboró un Informe sobre Manufacturas de su país –en el cual se inspiró al alemán List en su paso por EE.UU.- a partir del cual recomendó el proteccionismo para desarrollar las “industrias infantiles”. El proteccionismo se estableció primero en el Norte, y después de la Guerra Civil en todo el país, durante el siglo XIX, persistiendo incluso hasta la Segunda Posguerra. Sin Estados Unidos no hubiera seguido la política de Hamilton para las industrias infantiles, sostiene Chang, el país no hubiera tenido el mismo desarrollo industrial. Chang tiene también algo que decir sobre la liberalización de la economía coreana en los noventa y sus efectos. En esos años, Corea del Sur comenzó una liberalización de su sistema financiero, que profundizó luego de la crisis de 1997, en parte por las presiones del FMI, pero también porque sectores del país creen que ese modelo es el mejor. Antes de los cambios los bancos estaban obligados a prestar parte de su cartera a empresas productivas, y el 90% de los créditos bancarios eran para ese tipo de empresas. Luego de la liberalización el porcentaje bajó al 40%. El resto va a créditos más seguros y rentables como créditos personales o préstamos hipotecarios. Otra desregulación fue que, como parte de la política de racionalización de las empresas, se admitió la compra hostil de firmas, por lo cual las éstas se han vuelto muy conservadoras y, en lugar de derramar dinero en inversiones de riesgo, lo conservan. Pone el caso de Samsung que por mucho tiempo derivó ganancias de actividades tradicionales hacia las tecnológicamente más avanzadas que estaba desarrollando pero en las que perdía dinero. Esas estrategias son ahora menos viables y eso se traduce en menor crecimiento. Gripe “A” mediante, el profesor Ha-Joon Chang volverá a la Argentina en agosto, para retomar el congreso suspendido y exponer sobre políticas de industrialización. (Artículo de Julio Sevares. Publicado en weblogs.clarin.com el 1o. agosto de 2009)