lunes, 2 de febrero de 2015

Los flagelos que inciden en la ingobernabilidad en México





Francisco RIVAS LINARES


Cuatro flagelos  inciden en la presunción de ingobernabilidad que priva en gran parte del territorio nacional: corrupción, impunidad, violencia y desigualdad.

La corrupción es toda conducta contraria a la ética y las normas para favorecer intereses particulares o de grupo en perjuicio del interés común de la sociedad. La impunidad es la ausencia de castigo para un acto de corrupción. Visto así, ambas se complementan.

El tercero de los flagelos citados, la violencia, es el uso intencional de la fuerza contra otra persona, grupo o comunidad para provocarle lesiones, muerte, daños psicológicos o trastornos de desarrollo.

Desigualdad social es la situación inequitativa en que se encuentran las personas por cuanto al acceso a los recursos, servicios y posiciones que la sociedad valora: económico, cultural y educativo. México es el país con mayor porcentaje desigual de todos los  integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, pues los ingresos de las mayorías no alcanzan ni para obtener los alimentos y satisfactores más elementales.

La denuncia pública ha dejado al descubierto la corrupción que priva en los tres poderes del gobierno: ejecutivo, legislativo y judicial. Una corrupción que les impide estar a la altura de la crisis por la que actualmente la sociedad está atravesando. La prensa internacional ha llegado al colmo de calificar a Enrique Peña Nieto como un Presidente que no entiende que no entiende, para referirse con tal sarcasmo a su irresponsabilidad junto con los miembros de su gabinete.

La violencia se instaló con mayor rigor desde que Felipe Calderón decidió combatir la violencia del narcotráfico con violencia a partir de la implementación de los falsos positivos, es decir, presentar a los civiles muertos como miembros de grupos armados. Su empeño por justificar los equívocos de las fuerzas armadas, le hacían caer en el gazapo de re-victimizarlos con la falsa etiqueta de que se trataba de personas con ligas a la delincuencia organizada.

En la ejecución de los 22 jóvenes en el municipio de Tlatlaya estado de México y de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa asesinados y desaparecidos en Iguala, Guerrero, inicialmente se quiso aplicar la misma estrategia. Aquéllos, presentados como una banda de secuestradores, y los estudiantes como un grupo filtrado por el cartel de Los rojos.

El fracaso ha sido rotundo. El hartazgo ya le ha impedido al gobierno seguir manejando los mismos garlitos, provocando incluso un escándalo no sólo en lo interno, sino incluso allende las fronteras.

Ahora la Procuraduría General de la República se ha negado a tipificar el caso Ayotzinapa como desaparición forzada. Y esto se debe a que es de urgencia para el gobierno federal cerrar el caso; y de tipificarlo como tal –desaparición forzada-  éste no prescribirá en tanto no aparezcan las personas ausentes.


El gobierno federal navega por las procelosas aguas de la incredulidad, la simulación y la desconfianza. ¿Habrá la suficiente inteligencia para llevar al país a buen puerto?

Legitimidad cuestionada




Francisco RIVAS LINARES


La estadística resulta demasiado cruel. En un lapso de siete años, periodo en que ha perdurado una guerra por el control del mercado de las drogas, su saldo trágico se sienta en las siguientes cifras: Más de 120 mil personas asesinadas, 23 mil personas desaparecidas, 257 mil familias desplazadas y más de 25 mil huérfanos.

La crisis humanitaria es evidente. Principiando por quienes desde el ejercicio del poder su indolencia manifiesta ante el sufrimiento de sus gobernados denota sus equívocos funcionales, pues lejos de otorgarnos la seguridad que por ley y ética política están obligados, se han convertido en contribuyentes de las estadísticas citadas.

La legitimidad que debería ser base y sustento de todo gobierno, ha venido acentuando fisuras que obviamente le debilitan su aceptación social, tales como la credibilidad en sus dichos, los conflictos de interés que se hacen evidentes, la corrupción que corre al galope de la impunidad con que blindan a miembros de sus “camarillas”, los tropiezos declarativos en asuntos hipersensibles como Tlatlaya y Ayotzinapa; todo ello, cual caldo de cultivo, hace que se dude del estado de derecho que tanto invocan.

Repartir culpas y apostarle al olvido, parecen ser los últimos recursos de que se valen. Y la reacción tardía ante los acontecimientos que reclaman transparencia y claridad, es solventada con discursos anodinos y propios para ingenuos. Ello constituye un insulto a la inteligencia de los mexicanos, lo que aviva la indignación y el resentimiento social.

Votar… ¿para qué? ¿Para encumbrar a “chapulines” ñoños que se han convertido en auténticos agresores de sus representados? ¿Para que nos nieguen la participación en la toma de decisiones que repercuten drásticamente en nuestra seguridad física, en la administración de la economía, en nuestro bienestar social? ¿Para que se sigan hinchando de dinero mal habido? Los errores se contabilizan y se cobran y ha llegado el momento de cobrarles su traición a la sociedad.

Ya estamos hartos de su comportamiento mezquino de total desprecio a nuestra dignidad. La consolidación de la democracia no se puede lograr sin una ciudadanía fuerte, informada y con capacidad de exigir cuentas, debatir y deliberar; y ustedes, los políticos, adolecen de facultades propias para consolidarla, pues tiene una concepción larvaria de la democracia. Además,  la inteligencia es el menor de sus atributos.



lunes, 12 de enero de 2015

Una sociedad con vocación para la esclavitud





 

“No hay abrigo para la mentira. Tarde

o temprano manos hábiles la desnudan”

Julio Scherer García

 

Francisco RIVAS LINARES


“Hacia fuera el dolor desgarra. En lo íntimo, el dolor es retrospección, reflexión, evocación creativa.” Así principió su artículo del 6 de diciembre pasado Don Julio Sherer Garcia, para verbalizar su tristeza por la pérdida de su íntimo amigo, también periodista y escritor, Don Vicente Leñero.

Hoy, a un mes de distancia, esas mismas palabras primas las evocamos con la creatividad a la que se alude, ante el fallecimiento del autor de dichas líneas: Don Julio Sherer García, a quien, en este breve espacio, le rendimos prez y honra a su inquebrantable honestidad periodística, como lo hicimos en su momento en la Columna Política del 20 de octubre de 2011 a Miguel Ángel Granados Chapa, cuyo deceso había ocurrido el día 16 de dicho mes y año.

En esta ocasión me referiré a la Servidumbre Moderna, un documental de Jean Francois Brient, cuyo paralelo temático bien cabría en el escrito político de inspiración liberal  titulado “La Servidumbre Voluntaria” y al que aludí en ocasión anterior.

El documental principia con una frase del dramaturgo inglés William Shakespeare que dice: “Qué época tan terrible esta en que unos idiotas conducen a unos ciegos.” Es una frase contundente, sin lugar a dudas, y que nos da la impresión de que recobra vigencia ante la realidad política que actualmente nos gobierna.

El objetivo del documental es “poner al día la condición del esclavo moderno en el marco del sistema totalitario mercantil y dar a conocer las formas de mistificación que ocultan esta condición servil.”

Citas, aforismos y proverbios enriquecen la exposición hecha por una voz no pronunciada visualmente, cuyos planteamientos incitan a la reflexión y al debate.

La Servidumbre Moderna es una esclavitud consentida por una muchedumbre afligida por trabajos alineantes. Trabajos que les impiden visualizar su realidad  de dominados por la urgencia sostenida de llevar una cuantas monedas que satisfagan las necesidades que sus familias les demandan.

La tragedia absurda es la pérdida de la conciencia de su explotación. Esa es la extraña realidad de nuestra época.

Ignorantes de la rebelión como reacción legítima, los mismos esclavizados combaten a quienes se atreven a romper su status de siervos. No les importa la tragedia ajena negándose así a reconocer que también es la propia. No se unifican a las demandas colectivas porque prefieren vivir en la soledad de su individualismo ególatra, alineados por discursos que a fuerza de ser repetidos, les construyen realidades ficticias elaboradas específicamente para ellos.

En Michoacán nada está pasando, Alfredo Castillo dixit. En el país, nada está sucediendo, Miguel Ángel Osorio Chong dixit.. Todo es consecuencia de un combate planeado y previsto contra la delincuencia organizada para que los ciudadanos recobremos la tranquilidad. Así lo aseguran.

Sin embargo, fuera de ese poder demencial, todo nos parece estúpido por inerte. Desapariciones, crímenes, desollados, enfrentamientos, desmembrados, ejecutados, cremados, una estela de terror frustrante por inacabada, fomentándonos la deshumanización y engendrándonos el miedo. La renuncia y la resignación son la fuente de nuestra desgracia.

Nos han convertido en unos esclavos de la época moderna. Nos están incorporando a la danza macabra del sistema de la alienación. Esclavos del consumismo voraz de informaciones amañadas, cuadradas, sucumbimos ante “… la opresión (que) se moderniza expandiendo por todas partes las formas de mistificación que permiten ocultar nuestra condición de esclavos.”

El Estado no se suicida. Apuesta al olvido, a la corta memoria que padecemos, para olvidar las tragedias que el mismo Estado nos provoca. Y reprime la libertad de la palabra  porque descubre sus engaños mostrándonos la realidad, pues “mostrar la realidad tal como es y no tal como la presenta el poder, constituye la subversión más genuina.”

Y ahora vienen las elecciones. Los mismos paleolíticos del sistema que han provocado nuestras desgracias y que cínicamente pretenden seguir encaramados en el poder, los veremos melosos demandando nuestro sufragio. ¿Y así, vamos a votar?