lunes, 28 de abril de 2014

La historia negra de Juan Pablo II, encubridor de pedófilos, canonizado junto a Juan XXIII



Se ha promovido a santo a un hombre con las manos sucias, que encubrió a violadores de niños y legitimó a dictadores que dejaron millares de muertos en el camino. Foto Ap


Eduardo Febbro

Desde Roma

¿Víctimas? ¿Qué víctimas?, preguntó el cardenal Velasio de Paolis. Luego agregó: No sólo están esas víctimas. Después hubo un silencio de cuerpo y alma seguido por la mirada un tanto extraviada del superior general de los Legionarios de Cristo, nombrado en 2010 a ese cargo por el entonces papa Jozef Ratzinger. A la pregunta de De Paolis le siguió una respuesta: las víctimas no eran sólo los miles de menores que sufrieron los apetitos sexuales de las sotanas hipócritas, sino también el mismo Vaticano. Las víctimas no eran únicamente los menores o adultos abusados y violados por el padre Marcial Maciel, el fundador de esa industria de los atentados sexuales que fue, durante su mandato, los Legionarios de Cristo. La víctima era la Santa Sede, que fue engañada.

Juan Pablo II, el Papa que, entre otros tantos horrores, promovió y encubrió a los pedófilos y violadores de la Iglesia, recibió, al mismo tiempo que Juan XXIII, la canonización. Más allá del espectáculo obsceno montado para esta ocasión, del millón de fieles en la plaza San Pedro, de los tres satélites suplementarios para difundir el acto, más allá de la fe de mucha gente, la canonización del Papa polaco es una aberración y un ultraje para cualquier cristiano del planeta. Declarar santo a Karol Wojtyla es olvidarse del abrumador catálogo de pecados terrestres que pesan sobre este pontífice: amparo de los pedófilos, pactos y regateos con dictaduras asesinas, corrupción, suicidios jamás aclarados, asociaciones con la mafia, montaje de un sistema bancario paralelo para financiar las obsesiones políticas de Juan Pablo II –la lucha contra el comunismo–, persecución implacable contra las corrientes progresistas de la Iglesia, en especial la de América Latina, o sea, la frondosa y renovadora Teología de la Liberación.

La frase ¿Víctimas? ¿Qué víctimas? pronunciada en Roma por el cardenal Velasio de Paolis encubre toda la impunidad y la continuidad aún arraigada en el seno de la Iglesia. Jurista y experto en derecho canónico, De Paolis formaba parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe en la época en que –años 80– se acumulaban las denuncias contra Marcial Maciel. Sin embargo, fue él quien firmó la segunda absolución del sacerdote mexicano. El ex padre mexicano Alberto Athié contó a Página/12 cómo Maciel solía repartir sobres con dinero y favores para comprar el silencio de las jerarquías. Athié renunció en el año 2000 al sacerdocio y se dedicó a la investigación y denuncia de los abusos sexuales cometidos por clérigos y organizaciones. El destino de Maciel lo selló Benedicto XVI a partir de 2005. En 2004, antes de la muerte de Karol Wojtyla, Maciel fue honrado en el Vaticano. Ese mismo año Ratzinger reabrió las investigaciones contra los legionarios.

El dossier Maciel había sido bloqueado en 1999 por Juan Pablo II y mantenido en estado de invisible por otra de las figuras más turbias de la curia romana, Angelo Sodano, el ex secretario de Estado de Giovanni Paolo. Sodano es una perla digna de figurar en un curso de maniobras sucias. Angelo Sodano, que es decano del Colegio de Cardenales, tenía negocios con los Legionarios de Cristo. Un sobrino suyo fue uno de los asesores nombrados por Maciel para construir la universidad que los Legionarios de Cristo tienen en Roma, la Universidad pontificial Regina Apostolorum.

Sodano, quien fue el número dos de Juan Pablo II durante casi 15 años, tenía un enemigo interno, Jozef Ratzinger, un club de simpatías exteriores cuyos dos miembros más eminentes eran el dictador Augusto Pinochet y el violador Marcial Maciel. Sodano y Ratzinger libraron una batalla sin tregua: el primero para proteger a los pedófilos, el segundo para condenarlos.

En 2004, Jozef Ratzinger obligó a Marcial Maciel a dimitir y retirarse de la vida pública. Dos años después, ya como Benedicto XVI, el Papa lo suspendió a divinis. Las investigaciones reabiertas por Ratzinger demostraron que Maciel era un pederasta, tenía dos mujeres, tres hijos, se movía con varias identidades y manejaba fondos millonarios. Las denuncias previas nunca habían pasado el paredón levantado por Sodano y el hoy santo Juan Pablo.

La carrera de Sodano es toda una síntesis del papado de Karol Wojtyla, en donde se mezclan los intereses políticos, las visiones ideológicas ultraconservadoras, la corrupción y las manipulaciones. Angelo Sodano fue nuncio en Chile durante la dictadura de Pinochet. El diplomático mantuvo una relación amistosa con el dictador y ello le permitió fraguar la visita a Chile que Juan Pablo II hizo en 1987. Su hermano Alessandro fue condenado por corrupción tras la operación Manos Limpias. Su sobrino Andrea corrió la misma suerte en Estados Unidos. La FBI descubrió que Andrea y un socio se dedicaban a comprar –mediante información privilegiada– por un puñado de dólares, las propiedades inmobiliarias de las diócesis de Estados Unidos que estaban en bancarrota debido a los escándalos de pedofilia.

Pero el mundo sucumbió al grito de santo súbito que reclamaba la canonización de un hombre que presidió los destinos de la Iglesia en su momento más infame y corrupto. El Papa viajero, el Papa amable, el Papa de los jóvenes, el Papa catódico era un impostor ortodoxo que desprotegió a las víctimas de los abusos sexuales y a los propios pastores de la Iglesia cuando éstos estuvieron en peligro de muerte. Su visión y sus necesidades estratégicas siempre se opusieron a las humanas.

Ocurre que en la trama de esta historia hay también mucha sangre y no sólo la de los banqueros mafiosos como Roberto Calvi o Michele Sindona con quienes Juan Pablo II se asoció para alimentar con fondos, secretos las arcas del IOR (banco del Vaticano), fondos que luego servirían para financiar la lucha contra el comunismo en Europa del Este o la Teología de la Liberación en América Latina. Juan Pablo II dejó sin protección a los sacerdotes que encarnaban en Latinoamérica la opción por los pobres frente a las dictaduras criminales y sus aliados de las burguesías nacionales.

En 2011, 50 destacados teólogos de Alemania firmaron una carta en contra de la beatificación de Juan Pablo II, por no haber respaldado al arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 por un comando paramilitar de la extrema derecha salvadoreña mientras celebraba una misa. Romero sí que es y será un santo. El arzobispo enfrentó a los militares para rogarles que no asesinaran a su pueblo, recorrió barriales, zonas castigadas por la represión y la violencia, defendió los derechos humanos y a los pobres. En suma, no esperó a que Bergoglio llegara a Roma para hablar de una Iglesia pobre para los pobres. No. La encarnó en su figura y lo pagó con su vida, como tantos otros sacerdotes a quienes el Vaticano tildaba de marxistas o comunistas sólo porque se implicaban en causas sociales.

Juan Pablo II es un santo impostor que traicionó a América Latina y a quienes, desde una modesta Iglesia, osaron decirle no a los asesinos de sus pueblos. Si Juan Pablo II contribuyó en Europa del Este a la caída del bloque comunista, en América Latina favoreció la caída de la democracia y la permanencia nefasta de las dictaduras y su ideología apocalíptica. Un detalle atroz se suma a la ya incontable deuda que el Vaticano tiene con la justicia y la verdad: el expediente de beatificación de monseñor Óscar Arnulfo Romero sigue bloqueado en los meandros políticos de la Santa Sede. Juan Pablo II beatificó a Josemaría Escrivá, el polémico fundador del Opus Dei y uno de sus protegidos. Pero dejó afuera a Romero, incluso cuando estaba con vida y las amenazas contra él se precisaban cada semana. Cada vez más soy el pastor de un país de cadáveres, solía decir Romero.

Juan Pablo II fue electo en 1978. Al año siguiente, monseñor Romero le entregó un informe sobre la espantosa violación de los derechos humanos en El Salvador. El Papa lo ignoró y le recomendó a Romero que trabajara más estrechamente con el gobierno. Como lo recuerda a Página/12 Giacomo Galeazzi, vaticanista de La Stampa y autor de una magistral investigación, Wojtyla secreto, en sus 25 años de pontificado ningún obispo latinoamericano ligado a la acción social o a la Teología de la Liberación fue nombrado cardenal por Juan Pablo II. La respuesta está en una frase de otro de los más dignos representantes de la Iglesia de los pobres, el fallecido arzobispo brasileño Hélder Câmara: Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista.

El show universal de la canonización ya fue lanzado. La prensa blanca de Europa tiene la memoria muy corta y su cultura del otro es estrecha como un pasillo de hospital. Todos celebran al gran Papa. Se ha promovido a la categoría de santo a un hombre que tiene las manos sucias, que ha cometido la infamia de encubrir a violadores de niños, de besar a dictadores y legitimar con ello el tendal de muertos que dejaban en el camino, de negociar beneficios con la mafia, que ha sacrificado en nombre de los intereses de una parte de un continente, el este de Europa, la misericordia y la justicia de otros, entre ellos los de América Latina. Se canoniza a un embaucador. El colmo de la ligereza, del error inmemorial. ¿Ante quién se arrodillarán en adelante las víctimas de los abusadores sexuales y de las dictaduras? Podemos levantar todos juntos un lugar apacible y justo en la memoria con las imágenes del padre Mugica o de monseñor Romero para rencontrarnos con la beatitud y el sentido de quienes, por un ideal de justicia e igualdad, enfrentaron la muerte sin pensar nunca en sí mismos o en bajos beneficios humanos.

 

martes, 22 de abril de 2014

La culocracia: Un referente para la mediatización






Francisco RIVAS LINARES

 

 

“La imagen miente sobre todo si se saca de contexto y se le agrega una voz con lo que el informante quiere difundir, esto puede hacer que el televidente tenga sólo percepciones deformadas y vaya perdiendo la capacidad de abstracción y con ella la posibilidad  de distinguir lo verdadero y lo falso.” Giovanni Sartori. La sociedad teledirigida.

 

Todo parece indicar que pertenecemos a una sociedad teledirigida. El binomio televisa-tvazteca nos ha implantado nuevos estilos de vida cuya sustantividad no sólo se manifiesta en tendencias compulsivas hacia la adquisición de  bienes superfluos, sino que también abonan a la sustitución de aquellos valores sociales que fortalecen la armonía relacional entre los integrantes del conglomerado social, tales como la solidaridad, el respeto, la responsabilidad, la honradez, la cooperación, la intercomunicación, etc.


Ahora priva la desconfianza, el deseo insano, la indiferencia, el distanciamiento; todo nos resulta ajeno y nada nos ocupa que no sea lo circunscrito a nuestro entorno familiar. Vivimos en competencia sostenida por lo acumulativo. El SER queda supeditado al TENER. El “tanto tienes, tanto vales” es el paradigma dominante en la cotidianidad social.


El proyecto de estupidización de las masas se va imponiendo a conveniencia de quienes ostentan el poder. Han preferido consolidar los referentes visuales que se ofrecen a través de la televisión, antes que estimular la capacidad cognitiva de las personas. Así tendrán garantizada una sociedad disciplinada y obediente, sin capacidad para entender conceptos o comprender abstracciones; una sociedad constituida por hombres que dejan de interesarse por lo inteligible para prestar mayor interés por lo visible; es decir, hombres video-formados.

 
La omnipresencia de los medios audiovisuales ha configurado un perfil novedoso del mexicano. Los estímulos que proyectan subliminalmente manipulan nuestras respuestas a tal grado que el subconsciente domina la respuesta final. El mejor ejemplo de lo que asevero lo podemos encontrar en el último proceso electoral, cuyo resultado, a partir del lenguaje de la percepción, salta a la vista: la consolidación de la kakistocracia o el gobierno de los peores.

 
Por eso escuchamos con frecuencia la invocación a la imagen del gobierno, de la ciudad, del país. Ante las expresiones tonitronantes y tumultuarias que efectúan estudiantes, trabajadores, obreros, campesinos, etc., los agoreros oficialistas se desgarran las vestiduras y sentencian el deterioro de la imagen  que repercutirá en el factor económico, pues para ellos las protestas no constituyen un problema social, sino estrictamente monetario.

 
Y aparece el recurso del engaño: la imagen estimulando realidades ficticias. Más aún si ésta se acompaña por una descripción oral de locutores, cómicos y actores sistémicos. El bullying, la humillación, el grito, el doble sentido, el acomodo, la edición, en fin, constituyen sus recursos para divertir (¿?), inducir o provocar a las audiencias.

 
Pero la regresión ha ido cobrando tal agudeza a partir de la década de los noventas con la consolidación de la mujer-objeto, la mujer-cosa, la mujer como símbolo sexual, dando origen a la culocracia.

 
La mujer pasa de su composición total a un trasero que se personifica y se convierte en protagonista, “… un efecto especial que antes había que esconderlo pero que hoy sólo esconde nuestra raquítica realidad”, así lo define el sociólogo francés Jean Baudrillard. Y asegura que “… se ha construido un mundo en el que todos vivimos obsesionados con la perfección (del culo) y en el que la autenticidad fue reemplazada por una copia transmitida por televisión.”

 
Este factor adicional ha provocado tal sustracción de la realidad que impide la reflexión en los asuntos que repercuten severamente en el entorno social y familiar. Y la televisión lo ofrece, nos lo pone al alcance para colonizar nuestras conciencias, para entorpecer el entendimiento.

 
Al filósofo argentino José Pablo Freinmann se le atribuye el neologismo que nos ocupa y  en el marco de la presentación de su último libro titulado “Filosofía política del poder mediático”, dictó la conferencia “Reflexiones sobre el poder, los medios y la culocracia”, en la que expuso… “el trasero de la mujer, bajo el pretexto de una hipermodernidad, es utilizado como la imagen hegemónica en la modalidad informática y como parte del proceso de estupidización paulatina y progresiva que sufre nuestra sociedad contemporánea.”

 
Los espectáculos televisivos son presentados con “… formas femeninas totalmente cosificadas y presentadas como un ideal a conseguir… shows degradantes y vacíos en el que se observan ideales tiránicos, inorgánicos y falsos…” Y se pregunta el filósofo “… ¿en dónde radica el problema? Contestándose para sí: “en la parcialización del ser humano, en pretender captar la esencia de una persona y definirla por una parte de su cuerpo. Estamos acudiendo a la más grave frivolidad y superficialidad cultural. No importan los sueños, proyectos y deseos de tal o cual individuo, sino sólo sus pectorales, senos, traseros y su capacidad de baile o comicidad.”

 
Hay una canción que se refiere al tema. Comparto con ustedes dos de sus párrafos:

“La culocracia que nos dirige / la que corrompe / y se ríe de tu credo. / La culocracia que nos empuja / que nos obliga / que sólo importa / a quien vas a votar.

“La culocracia / la que te tranza / la que te mata / y que soborna sueños. / La culocracia / que nos seduce / te muestra un culo / y te quita todo / todo lo que pensas.”

viernes, 11 de abril de 2014

Hacia una sociedad absurda






Francisco RIVAS LINARES

 

Todo lo que se opone a la razón, es absurdo. La conducta de los dictadores eliminando a sus opositores, es absurdo. Hitler asumió una conducta absurda ordenando el exterminio de los judíos. La Operación Cóndor que los dictadores del cono sur aplicaron durante las décadas de 1970-1980, fue un absurdo. Las tácticas dilatorias y tramposas que aplican los gobernantes para provocar a sus críticos y disidentes, es absurda. El bloqueo de calles y avenidas, tanto como el secuestro y destrucción de autobuses y vehículos, es absurdo. Quien osa enfrentarse a una masa intoxicada de adrenalina y embestirlos con su vehículo en un arranque de ira, es absurdo.

 

Cuando a una sociedad se le extravía el horizonte, se desquicia y grita ¡sálvese quien pueda!, es una sociedad que ha caído en el absurdo. Lo absurdo es, pues, lo disonante, lo ilógico, el sinsentido.

 

Hemos llegado a la sociedad absurda. Una sociedad dominada por quienes tienen menos escrúpulos, una sociedad en la que impera la ley del más fuerte. Una sociedad amenazada por delincuentes de diversa calaña. Una sociedad donde la justicia se ha prostituido. Una sociedad en la que los pobres –que son los más- son más pobres y los ricos –que son los menos- más ricos, es una sociedad absurda.

 

La sociedad que aplaude el impulso criminal de un iracundo, es absurda. La sociedad que destila un odio enfermizo azuzando, incluso, al crimen, es una sociedad absurda. El sistema de justicia que obtiene confesiones bajo tortura, que encarcela inocentes bajo el simplismo de entregar resultados, es un sistema absurdo. Si como afirma el sociólogo  Walter Frederick Buckley “… un sistema educativo cuyo eje rector se sustenta en metas competitivas en lugar de metas cooperativas y comunitarias, movidas por propósitos enaltecidos, será una sociedad desgarrada y asfixiada por la falta de legitimidad”, agregaría yo que se trata de un sistema absurdo propio de una sociedad absurda.

 

Hemos arribado a la conformación de una sociedad dominada por dos valores: el valor economicista y el valor utilitario. En ambos valores domina el individualismo cuya conducta se circunscribe a un mero afán de acumulación de bienes materiales, al consumo compulsivo; y peor aún, a la cosificación de las personas a quienes se les da fines de uso.

 

De seguir por la trayectoria del absurdo, caeremos irremediablemente en el escepticismo. Nada nos importará. El YO dominará al NOSOTROS y estaremos a punto de hacer realidad lo que el filósofo francés Albert Camus se planteara: “La existencia humana no tiene sentido por lo que buscarlo es algo inútil. El que la existencia sea absurda significa que da igual lo que hagamos o elijamos, pues de todas formas seguimos siendo indiferentes para un mundo y una realidad que de suyo no posee ningún sentido.”

 

En la Columna Política del 19 de diciembre del año anterior, el tema expuesto fue la estupidez. Cité al historiador italiano Carlos María Cipolla quien define al estúpido como aquél que al causar daños a otros, se perjudica a la vez a sí mismo.

 

Y en este tinglado de absurdos que tantos estúpidos han montado, sólo nos van dejando un rastro de basura con calor de incendio.

jueves, 13 de marzo de 2014

Columna Política




  • El Síndrome de Estocolmo
  • Día Internacional de la Mujer


El escritor español Mariá Vayreda i Villa escribió una novela con el título  “La Puñalada” la cual se publicó en 1904, un año posterior a su muerte. Escrita en catalán originalmente, durante muchos años dificultó su lectura, y fue hasta que Ramón Vilardell la tradujo cuando el lector de habla hispana disfrutó de su argumento, llevándola, incluso a la pantalla cinematográfica en 1990.

 

El tema dominante en la novela mencionada es el efecto psicológico que sufren los habitantes de una región azolada por los malhechores; más, sin embargo, los mismo sufrientes les brindaban protección para que alcanzaran la impunidad. La figura del bandolero heroico es un personaje símbolo en el transcurso de la novela.

 

Aquí encontramos el antecedente más remoto de lo que en 1973 se identificó como el Síndrome de Estocolmo. Un asaltante de banco decidió tomar como rehenes a tres mujeres y un hombre, quienes a pesar de su doloroso cautiverio terminaron protegiendo a su raptor.

 

Pues bien, con ambos antecedentes, uno ficticio (la novela) y el otro realista, el suceso referido, me planteo la siguiente hipótesis: Las marchas de apoyo al delincuente Joaquín “El Chapo” Guzmán que se efectuaron en días recientes en el estado de Sinaloa, ¿se pudieran considerar como consecuencia de ese efecto psicológico denominado Síndrome de Estocolmo?

 

Mañana se conmemora el Día Internacional de la Mujer. No es una efemérides celebratoria, como los mercaderes nos lo quieres hacer creer, sino conmemorativa por el suceso trágico que inspiró su establecimiento.

 

A las mujeres dedico el siguiente escrito:

 

Una conmemoración más del Día Internacional de la Mujer tendrá lugar el próximo sábado 8 de marzo. Una oportunidad más que se repite para reactivar los anhelos de procuración de justicia frente al ultraje impune, los actos violatorios de la dignidad femenina, sus asesinatos múltiples y todo ese barroco embrollo de complicidades machistas.

 

La evocación del trágico suceso de 1908, será por siempre la inspiración sublime que presida esta fecha.

 

El rol impuesto a las mujeres desde tiempos atávicos, lo han superado con actitudes de rebeldía; una rebeldía que quebranta los esquemas de disimulos para vivir su presente en la dimensión justa; una rebeldía participativa de la evolución social, contrapositiva a toda forma paralizante de su dignidad de mujer.

 

Su reclamo ha trascendido las fronteras universales, un reclamo que ha servido para el desahogo de deseos frustrados y tristezas galvanizadas. Y con un nudo de ansiedad cerrándoles el pecho, van construyendo su broquel para enfrentar los nuevos retos.

 

Las mujeres de hoy están llenas de esperanzas y valor, dispuestas a la acción contra todo lo esclerotizado. Ellas corren como hilillos subterráneos que nutrirán los tiempos nuevos y romperán viejos esquemas.

 

Y citando a Isabel Allende, diré: Mi madre fue el norte de mi infancia. Tal vez por eso me resulta fácil escribir a las mujeres.

sábado, 1 de marzo de 2014

Espectáculo y gobierno





Francisco RIVAS LINARES

 

“Todos somos cómplices jubilosos de un poder

que si no se cae de viejo es por la vitalidad

de la corrupción.”

Carlos Monsivais

 

“Sociedad del espectáculo”. Tomo el título del libro escrito por Guy Debord, filósofo y escritor francés, para proponer el tema a reflexionar en esta columna política.

 

La recaptura del traficante de drogas Joaquín Guzmán, mejor conocido como “El Chapo”, se ha constituido en un verdadero espectáculo distractor para la sociedad en general. Diversas aristas sobre el acontecimiento han sido motivo de análisis y comentarios de inusitada pluralidad, que lo mismo ha devenido en chanceos caricaturescos, comedia carpera o análisis sesudos sobre tal acontecer.

 

En ese torbellino de opiniones, nos queda claro el espectáculo que se ha montado en el tinglado de la política para desviar nuestra atención sobre los problemas económicos que nos aquejan: Una inflación galopante, pérdida del poder adquisitivo de nuestra moneda, carencia de fuentes de empleo redituables dignamente, incrementos considerables en el pago de servicios, seguridad social colapsada, etc.

 

El entusiasmo que ha generado en los ámbitos del poder político la recaptura de “El Chapo” se explica en el truculento uso que el gobierno hace para incrementar un prestigio blandengue pero válido entre las élites empresariales nacionales y extranjeras. Le baja, a la vez, decibeles a la estridencia provocada por los índices de corrupción como fuente alimentadora de la delincuencia organizada.

 

Esas son las razones sistémicas que le permiten evadir la referencia socialmente obligada  en torno a los vínculos construidos por el delincuente, vínculos en los que se encuentran involucrados personajes destacados de la política y la clase empresarial; una deducción lógica muy propia de la costumbre a que nos ha llevado el propio sistema.

 

Y es precisamente esta recomendación, ya envejecida, la que ha salido a flote nuevamente: En tanto no se combata la corrupción en serio, seguirán proliferando las “pirañas” delincuenciales, como bien las ha calificado el analista jurídico Edgardo Buscaglia.

 

En la floración de las ideas que nos provoca el “espectáculo” de este acontecimiento, Buscaglia clasifica en dos categorías a la corrupción: La organizada y la desorganizada. La primera de ellas tiene el permiso y la tolerancia del poder en tanto el corrupto guarde lealtad a la “nomenklatura” partidista. Su permisividad concede también ocasión para satisfacer venganzas políticas en aquellos que, rompiendo pactos reverenciales,  asumieron posturas desafiantes. Elba Esther Gordillo es un caso paradigmático.

La corrupción desorganizada tiene una dinámica oculta y se escapa del control de los “precisos”. Por eso Buscaglia la considera como la más dañina, pues alimenta los veneros de la delincuencia organizada.

 

Entre la una y la otra el ciudadano queda atrapado, cautivo de los abusos de un poder corrupto. Aquí encontramos la explicación de por qué se negocia una infracción o multa o la agilidad de cualquier trámite oficioso con su consecuente abuso o moderación en el toma y daca.

 

Lo expuesto no debe entenderse como una apología de la corrupción, pues ambas contribuyen a la autodestrucción del Estado, algo que al parecer no les genera ninguna inquietud, lo que se refleja en una falta de voluntad para aplicar un programa integral de prevención a la corrupción.

 

Lo que sí es materia de atención prioritaria para los personajes de las altas esferas del poder, es la construcción de la “imagen” que permita crear ilusión entre sus gobernados; generar, para su consumo, un México inexistente; y para lograrlo, se vale de la espectacularidad que impone a ciertas acciones. Poco o nada les importa el riesgo de que se derrumbe, cuando los pies de barro de los ídolos se hayan fracturado. La inmediatez de los efectos, control y obediencia, es lo que cuenta.

 

Si bien el sistema banaliza la cultura dejando la predominancia de lo espectacular, también es cierto que el pueblo cada amanecer es más agudo en la percepción de la realidad e identifica a sus gobernantes como mediocres, falsos, hipócritas, aventureros y enteleridos mentales. Ya la sociedad del espectáculo está cavando su tumba sobre la cual el pueblo cantará un réquiem por la estupidez. Al tiempo.

viernes, 14 de febrero de 2014

Dos burócratas, dos respuestas: la arrogancia y la soberbia





Francisco RIVAS LINARES

 
“La maquinaria oficial es la gran productora

de engaños, falacias y desvíos.”

 

La negligencia es una de las características que distinguen a los servidores públicos cuya naturaleza es la irresponsabilidad que se manifiesta en la falta de interés en el cumplimiento de sus obligaciones, provocando daños a terceros cuyas consecuencias serían impredecibles.

 

Por eso toda posición negligente se penaliza, ya que se considera como un abuso de autoridad desproporcionado, dejando cautivo al demandante del servicio de las veleidades de dichos sujetos negligentes.

 

Hay otra cualidad que distingue a este tipo de funcionarios públicos cuando se deciden a dar respuesta: su pretensión a ser percibidos como sujetos poseedores de basta sabiduría sobre disposiciones legales. Así, en sus respuestas  nos dictan cátedra de citas jurídicas que en la mayoría de las veces nada tienen que ver con lo que se les solicita. Pero a ellos lo que les importa, es generar “imagen” de ser lo que no son: servidores preparados en grado sumo.

 

Dicho lo anterior, expongo:

 

Con fecha 17 de enero giré un oficio al Jefe del Departamento de Supervisión y Control de Panteones en el H. Ayuntamiento de este Municipio, solicitándole información sobre la existencia o inexistencia de un permiso en favor del C. Damián Martínez o Monumentos Martínez para realizar una construcción adicional en una lápida correspondiente al sepulcro cuya perpetuidad me favorece y que se localiza en el panteón municipal de esta ciudad.

 

Le hago saber que tal información me es indispensable para integrar expediente en contra del C. Damián Martínez, a fin  de que la Procuraduría de Justicia en el Estado, a través de la Dirección de Prevención del Delito y Apoyo Ciudadano, defina si se configura algún delito en que pudiera estar incurriendo la persona mencionada, en virtud de que el susodicho sustrajo la lápida original.

 

Ante la omisión de respuesta, opté por dirigir un oficio a la Presidenta de la Comisión de Acceso a la Información Pública con fecha 30 de enero, solicitándole su intervención ante el Administrador del panteón municipal, a fin de que me expida el documento que le estoy solicitando.

 

Tuvieron que pasar trece días naturales para recibir respuesta por escrito. En el oficio, fechado el 11 de febrero y que me fue entregado un día después,  se me hace saber que dicha solicitud debería dirigirla al titular del Centro Municipal de Información Pública, proporcionándome, al efecto, domicilio, teléfono y la liga electrónica respectiva.

 

Me llamó poderosamente la atención que el oficio que comento, lo fundamentó, cito textualmente, “en los artículos 11, 14, fracción II; 35, 37, fracción XII; 47 Quarter, fracción II y 52, fracciones II y VIII, de la Ley Orgánica Municipal del Estado de Michoacán de Ocampo; 29, 31, 35, 36, fracción XIV y 46 del Bando de Gobierno Municipal de Morelia; y 3º fracción X y 61, párrafo primero del Reglamento Interno de Sesiones y Funcionamiento de Comisiones del H. Ayuntamiento de Morelia.”

 

Me quedé lampareado como los conejos ante el músculo jurídico de la respuesta. Para hacerme notar mi equívoco de instancia a la que me dirigí, me soltó este fárrago legaloide  para ilustrarme.

 

Con el propósito de saber qué me quiso decir con tan esmerado fundamento, consulté los artículos y fracciones de la ley, bando y reglamento citados, quedando sorprendido de la argumentación falaz, pues el único artículo que le da consistencia a la respuesta, es el 47 Quarter que se refiere a las funciones que tiene la Comisión de Acceso a la Información  Pública, en cuya fracción II dice: “Orientar a las personas sobre el trámite y procedimiento para solicitar información pública al Ayuntamiento.”

 

Basura, mucha basura espeta la burocracia, una burocracia en la que predomina la arrogancia para perdernos, a los ciudadanos, en trámites circulares, en su galimatías conceptual. Suponen –y suponen mal- que los ciudadanos no tenemos claridad de pensamiento.

 

Mientras tanto, el rufián Damián Martínez podrá seguir cometiendo sus fechorías al amparo de una impunidad tácita concedida por quienes deberían actuar preventivamente. ¿A quiénes se dirigirán con el slogan “Suma de Voluntades”?

 

miércoles, 29 de enero de 2014

Michoacán: Un gobierno sin ética, sin credibilidad.




Francisco RIVAS LINARES


Hay un paradigma que dice: “un país sin credibilidad es un país al borde del abismo y de la anarquía”. Tal sentencia parece que se nos viene cumpliendo desde hace lustros, y en ella identificamos los orígenes de nuestras adversidades sociales.

 

Para que nuestros gobernantes sean los depositarios de la confianza de sus gobernados, requieren de dos cualidades sustantivas: Tener ética y poseer una moralidad comprobada. Y aunque si bien sus raíces etimológicas sugieren idéntico significado, en la actualidad difieren, pues en tanto que la moral se refieren a los principios y valores que definen el  comportamiento, la ética es la reflexión que aplicamos sobre esos principios y valores.

 

Para hacer demostrables la posesión de ambas cualidades, las personas debemos aplicar un factor elemental: la transparencia. Si para un ciudadano común resulta necesario demostrar  congruencia entre lo que dice y hace, en una persona que se desempeña en el ámbito del servicio público, resulta mucho más que una obligación.

 

La confianza se genera a partir de la veracidad. Y estas han sido las carencias de las que adolecen los políticos. Las mentiras han dominado a tal grado su discurso, que ya no se les cree a ellos ni a las instituciones que representan y manejan.

 

Contrario al mito griego del rey de Frigia, Midas, quien tenía el poder de convertir en oro todo lo que tocara, nuestros políticos, nuestros gobernantes, parecieran que han obtenido -de no sé qué deidad o numen- el poder de convertir todas sus acciones en un cenagal inmundo y hediondo. Buscar alguno que se precie de ser lo contrario, sería tanto como traer todos nosotros una lámpara como la del sabio griego Diógenes, quien caminando por la plaza de Atenas portaba una lámpara diciendo, en voz alta, “busco a un hombre”. No faltó quien le dijera “la ciudad está llena de hombres”, a lo que replicó el sabio “busco a un hombre de verdad, uno que viva por sí mismo, no un indiferenciado miembro del rebaño.” También así, pudiéramos demandar a la luz de nuestra lámpara, el encuentro con un servidor público en quien pudiéramos confiar por su rectitud y honestidad.

 

 Sus instituciones están colapsadas. Y como el paradigma inicial: estamos al borde del abismo y de la anarquía.

 

El escenario político está sembrado de dudas, de vanas esperanzas. Y ello provoca que el pueblo, nosotros, hayamos caído en un total escepticismo, una franca apatía. Para qué los lemas identificativos “Michoacán, suma de voluntades” Un gobierno eficiente al servicio de la comunidad, Estrategia de seguridad contigo, Compromiso de todos, etc? Expresiones publicitarias, como si la política fuera una cuestión mercado.

 

Hoy Michoacán está hundido en el desprestigio. Un desprestigio que a todos nos afecta. Un desprestigio que por acción u omisión hemos construido a cabalidad gobierno y gobernados. Los unos por abusivos. Los otros por dejados. El pacto social está roto. Un gobierno que va dejando constancia de su debilidad e inconsistencia y unos gobernados que nos hemos pasado de tolerantes para caer en la permisividad estúpida.

 

¿Qué pasó con la guerra de cifras fraudulentas en que se trenzaron el gobernante anterior con el actual? Éste amenazaba frecuentemente proceder con rigor. Aquél, con soberbia atrevida, se victimizaba. Y al final, nada pasó.

 

Y aquéllas denuncias públicas que hiciera Luisa María Calderón sobre las ligas del gobierno actual con la delincuencia organizada, a las que Fausto Vallejo aseguraba que demandaría a la denunciante por la falsedad de sus declaraciones, ¿qué pasó?

 

La respuesta es obvia. Todo queda como verborrea efectista.

 

Si ayer fuimos calificados como un estado torpe por su  nulo o escaso desarrollo, en el presente se le identifica como un territorio en el que se desplazan a contentillo los delincuentes bajo el amparo de la impunidad.

 

Todo anda mal. Esa es la sensación que se nos ha incubado. Todo anda mal.

 

Concluyo citando a nuestro notable ensayista y poeta Octavio Paz: “Ningún pueblo cree en su gobierno. A lo sumo, los pueblos están resignados”