jueves, 13 de marzo de 2014

Columna Política




  • El Síndrome de Estocolmo
  • Día Internacional de la Mujer


El escritor español Mariá Vayreda i Villa escribió una novela con el título  “La Puñalada” la cual se publicó en 1904, un año posterior a su muerte. Escrita en catalán originalmente, durante muchos años dificultó su lectura, y fue hasta que Ramón Vilardell la tradujo cuando el lector de habla hispana disfrutó de su argumento, llevándola, incluso a la pantalla cinematográfica en 1990.

 

El tema dominante en la novela mencionada es el efecto psicológico que sufren los habitantes de una región azolada por los malhechores; más, sin embargo, los mismo sufrientes les brindaban protección para que alcanzaran la impunidad. La figura del bandolero heroico es un personaje símbolo en el transcurso de la novela.

 

Aquí encontramos el antecedente más remoto de lo que en 1973 se identificó como el Síndrome de Estocolmo. Un asaltante de banco decidió tomar como rehenes a tres mujeres y un hombre, quienes a pesar de su doloroso cautiverio terminaron protegiendo a su raptor.

 

Pues bien, con ambos antecedentes, uno ficticio (la novela) y el otro realista, el suceso referido, me planteo la siguiente hipótesis: Las marchas de apoyo al delincuente Joaquín “El Chapo” Guzmán que se efectuaron en días recientes en el estado de Sinaloa, ¿se pudieran considerar como consecuencia de ese efecto psicológico denominado Síndrome de Estocolmo?

 

Mañana se conmemora el Día Internacional de la Mujer. No es una efemérides celebratoria, como los mercaderes nos lo quieres hacer creer, sino conmemorativa por el suceso trágico que inspiró su establecimiento.

 

A las mujeres dedico el siguiente escrito:

 

Una conmemoración más del Día Internacional de la Mujer tendrá lugar el próximo sábado 8 de marzo. Una oportunidad más que se repite para reactivar los anhelos de procuración de justicia frente al ultraje impune, los actos violatorios de la dignidad femenina, sus asesinatos múltiples y todo ese barroco embrollo de complicidades machistas.

 

La evocación del trágico suceso de 1908, será por siempre la inspiración sublime que presida esta fecha.

 

El rol impuesto a las mujeres desde tiempos atávicos, lo han superado con actitudes de rebeldía; una rebeldía que quebranta los esquemas de disimulos para vivir su presente en la dimensión justa; una rebeldía participativa de la evolución social, contrapositiva a toda forma paralizante de su dignidad de mujer.

 

Su reclamo ha trascendido las fronteras universales, un reclamo que ha servido para el desahogo de deseos frustrados y tristezas galvanizadas. Y con un nudo de ansiedad cerrándoles el pecho, van construyendo su broquel para enfrentar los nuevos retos.

 

Las mujeres de hoy están llenas de esperanzas y valor, dispuestas a la acción contra todo lo esclerotizado. Ellas corren como hilillos subterráneos que nutrirán los tiempos nuevos y romperán viejos esquemas.

 

Y citando a Isabel Allende, diré: Mi madre fue el norte de mi infancia. Tal vez por eso me resulta fácil escribir a las mujeres.

sábado, 1 de marzo de 2014

Espectáculo y gobierno





Francisco RIVAS LINARES

 

“Todos somos cómplices jubilosos de un poder

que si no se cae de viejo es por la vitalidad

de la corrupción.”

Carlos Monsivais

 

“Sociedad del espectáculo”. Tomo el título del libro escrito por Guy Debord, filósofo y escritor francés, para proponer el tema a reflexionar en esta columna política.

 

La recaptura del traficante de drogas Joaquín Guzmán, mejor conocido como “El Chapo”, se ha constituido en un verdadero espectáculo distractor para la sociedad en general. Diversas aristas sobre el acontecimiento han sido motivo de análisis y comentarios de inusitada pluralidad, que lo mismo ha devenido en chanceos caricaturescos, comedia carpera o análisis sesudos sobre tal acontecer.

 

En ese torbellino de opiniones, nos queda claro el espectáculo que se ha montado en el tinglado de la política para desviar nuestra atención sobre los problemas económicos que nos aquejan: Una inflación galopante, pérdida del poder adquisitivo de nuestra moneda, carencia de fuentes de empleo redituables dignamente, incrementos considerables en el pago de servicios, seguridad social colapsada, etc.

 

El entusiasmo que ha generado en los ámbitos del poder político la recaptura de “El Chapo” se explica en el truculento uso que el gobierno hace para incrementar un prestigio blandengue pero válido entre las élites empresariales nacionales y extranjeras. Le baja, a la vez, decibeles a la estridencia provocada por los índices de corrupción como fuente alimentadora de la delincuencia organizada.

 

Esas son las razones sistémicas que le permiten evadir la referencia socialmente obligada  en torno a los vínculos construidos por el delincuente, vínculos en los que se encuentran involucrados personajes destacados de la política y la clase empresarial; una deducción lógica muy propia de la costumbre a que nos ha llevado el propio sistema.

 

Y es precisamente esta recomendación, ya envejecida, la que ha salido a flote nuevamente: En tanto no se combata la corrupción en serio, seguirán proliferando las “pirañas” delincuenciales, como bien las ha calificado el analista jurídico Edgardo Buscaglia.

 

En la floración de las ideas que nos provoca el “espectáculo” de este acontecimiento, Buscaglia clasifica en dos categorías a la corrupción: La organizada y la desorganizada. La primera de ellas tiene el permiso y la tolerancia del poder en tanto el corrupto guarde lealtad a la “nomenklatura” partidista. Su permisividad concede también ocasión para satisfacer venganzas políticas en aquellos que, rompiendo pactos reverenciales,  asumieron posturas desafiantes. Elba Esther Gordillo es un caso paradigmático.

La corrupción desorganizada tiene una dinámica oculta y se escapa del control de los “precisos”. Por eso Buscaglia la considera como la más dañina, pues alimenta los veneros de la delincuencia organizada.

 

Entre la una y la otra el ciudadano queda atrapado, cautivo de los abusos de un poder corrupto. Aquí encontramos la explicación de por qué se negocia una infracción o multa o la agilidad de cualquier trámite oficioso con su consecuente abuso o moderación en el toma y daca.

 

Lo expuesto no debe entenderse como una apología de la corrupción, pues ambas contribuyen a la autodestrucción del Estado, algo que al parecer no les genera ninguna inquietud, lo que se refleja en una falta de voluntad para aplicar un programa integral de prevención a la corrupción.

 

Lo que sí es materia de atención prioritaria para los personajes de las altas esferas del poder, es la construcción de la “imagen” que permita crear ilusión entre sus gobernados; generar, para su consumo, un México inexistente; y para lograrlo, se vale de la espectacularidad que impone a ciertas acciones. Poco o nada les importa el riesgo de que se derrumbe, cuando los pies de barro de los ídolos se hayan fracturado. La inmediatez de los efectos, control y obediencia, es lo que cuenta.

 

Si bien el sistema banaliza la cultura dejando la predominancia de lo espectacular, también es cierto que el pueblo cada amanecer es más agudo en la percepción de la realidad e identifica a sus gobernantes como mediocres, falsos, hipócritas, aventureros y enteleridos mentales. Ya la sociedad del espectáculo está cavando su tumba sobre la cual el pueblo cantará un réquiem por la estupidez. Al tiempo.

viernes, 14 de febrero de 2014

Dos burócratas, dos respuestas: la arrogancia y la soberbia





Francisco RIVAS LINARES

 
“La maquinaria oficial es la gran productora

de engaños, falacias y desvíos.”

 

La negligencia es una de las características que distinguen a los servidores públicos cuya naturaleza es la irresponsabilidad que se manifiesta en la falta de interés en el cumplimiento de sus obligaciones, provocando daños a terceros cuyas consecuencias serían impredecibles.

 

Por eso toda posición negligente se penaliza, ya que se considera como un abuso de autoridad desproporcionado, dejando cautivo al demandante del servicio de las veleidades de dichos sujetos negligentes.

 

Hay otra cualidad que distingue a este tipo de funcionarios públicos cuando se deciden a dar respuesta: su pretensión a ser percibidos como sujetos poseedores de basta sabiduría sobre disposiciones legales. Así, en sus respuestas  nos dictan cátedra de citas jurídicas que en la mayoría de las veces nada tienen que ver con lo que se les solicita. Pero a ellos lo que les importa, es generar “imagen” de ser lo que no son: servidores preparados en grado sumo.

 

Dicho lo anterior, expongo:

 

Con fecha 17 de enero giré un oficio al Jefe del Departamento de Supervisión y Control de Panteones en el H. Ayuntamiento de este Municipio, solicitándole información sobre la existencia o inexistencia de un permiso en favor del C. Damián Martínez o Monumentos Martínez para realizar una construcción adicional en una lápida correspondiente al sepulcro cuya perpetuidad me favorece y que se localiza en el panteón municipal de esta ciudad.

 

Le hago saber que tal información me es indispensable para integrar expediente en contra del C. Damián Martínez, a fin  de que la Procuraduría de Justicia en el Estado, a través de la Dirección de Prevención del Delito y Apoyo Ciudadano, defina si se configura algún delito en que pudiera estar incurriendo la persona mencionada, en virtud de que el susodicho sustrajo la lápida original.

 

Ante la omisión de respuesta, opté por dirigir un oficio a la Presidenta de la Comisión de Acceso a la Información Pública con fecha 30 de enero, solicitándole su intervención ante el Administrador del panteón municipal, a fin de que me expida el documento que le estoy solicitando.

 

Tuvieron que pasar trece días naturales para recibir respuesta por escrito. En el oficio, fechado el 11 de febrero y que me fue entregado un día después,  se me hace saber que dicha solicitud debería dirigirla al titular del Centro Municipal de Información Pública, proporcionándome, al efecto, domicilio, teléfono y la liga electrónica respectiva.

 

Me llamó poderosamente la atención que el oficio que comento, lo fundamentó, cito textualmente, “en los artículos 11, 14, fracción II; 35, 37, fracción XII; 47 Quarter, fracción II y 52, fracciones II y VIII, de la Ley Orgánica Municipal del Estado de Michoacán de Ocampo; 29, 31, 35, 36, fracción XIV y 46 del Bando de Gobierno Municipal de Morelia; y 3º fracción X y 61, párrafo primero del Reglamento Interno de Sesiones y Funcionamiento de Comisiones del H. Ayuntamiento de Morelia.”

 

Me quedé lampareado como los conejos ante el músculo jurídico de la respuesta. Para hacerme notar mi equívoco de instancia a la que me dirigí, me soltó este fárrago legaloide  para ilustrarme.

 

Con el propósito de saber qué me quiso decir con tan esmerado fundamento, consulté los artículos y fracciones de la ley, bando y reglamento citados, quedando sorprendido de la argumentación falaz, pues el único artículo que le da consistencia a la respuesta, es el 47 Quarter que se refiere a las funciones que tiene la Comisión de Acceso a la Información  Pública, en cuya fracción II dice: “Orientar a las personas sobre el trámite y procedimiento para solicitar información pública al Ayuntamiento.”

 

Basura, mucha basura espeta la burocracia, una burocracia en la que predomina la arrogancia para perdernos, a los ciudadanos, en trámites circulares, en su galimatías conceptual. Suponen –y suponen mal- que los ciudadanos no tenemos claridad de pensamiento.

 

Mientras tanto, el rufián Damián Martínez podrá seguir cometiendo sus fechorías al amparo de una impunidad tácita concedida por quienes deberían actuar preventivamente. ¿A quiénes se dirigirán con el slogan “Suma de Voluntades”?

 

miércoles, 29 de enero de 2014

Michoacán: Un gobierno sin ética, sin credibilidad.




Francisco RIVAS LINARES


Hay un paradigma que dice: “un país sin credibilidad es un país al borde del abismo y de la anarquía”. Tal sentencia parece que se nos viene cumpliendo desde hace lustros, y en ella identificamos los orígenes de nuestras adversidades sociales.

 

Para que nuestros gobernantes sean los depositarios de la confianza de sus gobernados, requieren de dos cualidades sustantivas: Tener ética y poseer una moralidad comprobada. Y aunque si bien sus raíces etimológicas sugieren idéntico significado, en la actualidad difieren, pues en tanto que la moral se refieren a los principios y valores que definen el  comportamiento, la ética es la reflexión que aplicamos sobre esos principios y valores.

 

Para hacer demostrables la posesión de ambas cualidades, las personas debemos aplicar un factor elemental: la transparencia. Si para un ciudadano común resulta necesario demostrar  congruencia entre lo que dice y hace, en una persona que se desempeña en el ámbito del servicio público, resulta mucho más que una obligación.

 

La confianza se genera a partir de la veracidad. Y estas han sido las carencias de las que adolecen los políticos. Las mentiras han dominado a tal grado su discurso, que ya no se les cree a ellos ni a las instituciones que representan y manejan.

 

Contrario al mito griego del rey de Frigia, Midas, quien tenía el poder de convertir en oro todo lo que tocara, nuestros políticos, nuestros gobernantes, parecieran que han obtenido -de no sé qué deidad o numen- el poder de convertir todas sus acciones en un cenagal inmundo y hediondo. Buscar alguno que se precie de ser lo contrario, sería tanto como traer todos nosotros una lámpara como la del sabio griego Diógenes, quien caminando por la plaza de Atenas portaba una lámpara diciendo, en voz alta, “busco a un hombre”. No faltó quien le dijera “la ciudad está llena de hombres”, a lo que replicó el sabio “busco a un hombre de verdad, uno que viva por sí mismo, no un indiferenciado miembro del rebaño.” También así, pudiéramos demandar a la luz de nuestra lámpara, el encuentro con un servidor público en quien pudiéramos confiar por su rectitud y honestidad.

 

 Sus instituciones están colapsadas. Y como el paradigma inicial: estamos al borde del abismo y de la anarquía.

 

El escenario político está sembrado de dudas, de vanas esperanzas. Y ello provoca que el pueblo, nosotros, hayamos caído en un total escepticismo, una franca apatía. Para qué los lemas identificativos “Michoacán, suma de voluntades” Un gobierno eficiente al servicio de la comunidad, Estrategia de seguridad contigo, Compromiso de todos, etc? Expresiones publicitarias, como si la política fuera una cuestión mercado.

 

Hoy Michoacán está hundido en el desprestigio. Un desprestigio que a todos nos afecta. Un desprestigio que por acción u omisión hemos construido a cabalidad gobierno y gobernados. Los unos por abusivos. Los otros por dejados. El pacto social está roto. Un gobierno que va dejando constancia de su debilidad e inconsistencia y unos gobernados que nos hemos pasado de tolerantes para caer en la permisividad estúpida.

 

¿Qué pasó con la guerra de cifras fraudulentas en que se trenzaron el gobernante anterior con el actual? Éste amenazaba frecuentemente proceder con rigor. Aquél, con soberbia atrevida, se victimizaba. Y al final, nada pasó.

 

Y aquéllas denuncias públicas que hiciera Luisa María Calderón sobre las ligas del gobierno actual con la delincuencia organizada, a las que Fausto Vallejo aseguraba que demandaría a la denunciante por la falsedad de sus declaraciones, ¿qué pasó?

 

La respuesta es obvia. Todo queda como verborrea efectista.

 

Si ayer fuimos calificados como un estado torpe por su  nulo o escaso desarrollo, en el presente se le identifica como un territorio en el que se desplazan a contentillo los delincuentes bajo el amparo de la impunidad.

 

Todo anda mal. Esa es la sensación que se nos ha incubado. Todo anda mal.

 

Concluyo citando a nuestro notable ensayista y poeta Octavio Paz: “Ningún pueblo cree en su gobierno. A lo sumo, los pueblos están resignados”

sábado, 25 de enero de 2014

Fallece luchador social herido el 1 de diciembre en toma de posesión de Peña



(Juan Francisco Kuykendall, una de las víctimas de la represión contra manifestantes en los alrededores del Palacio Legislativo de San Lázaro el primero de diciembre de 2012 durante el traslado al Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional Siglo XXI en enero de 2013.) Foto Roberto García Ortiz



El activista y director teatral Juan Francisco Kuykendall, quien padeció una fractura craneoencefálica durante las manifestaciones del 1º de diciembre de 2012 contra la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, murió durante las primeras horas de este sábado, luego de sufrir un paro cardiorrespiratorio.
“Kuy falleció a las 5:05 de la mañana. Todavía no me han dado el acta de defunción y no sabemos cuál van a decir que fue la causa clínica, pero desde las 2:30 de la madrugada entró en paro cardiorrespiratorio”, informó Eva Palma, compañera sentimental de la víctima.

El estado de salud de Kuykendall Leal --quien desde hace unos 3 meses se encontraba internado en el Hospital General de Zona número 30, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en la delegaciónn Iztacalco—ya era crítico desde hace mucho tiempo, explicó.

“Ya estaba muy desnutrido, con escaras muy profundas y como usaba sonda para orinar y comer, las infecciones lo empezaron a atacar. Apenas ayer que fui a verlo noté que ya tenía muchas dificultades para respirar”, contó Palma en entrevista.

La mujer indicó que desde la lesión sufrida por Kuykendall durante las protestas contra la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, el activista fue atendido en varias clínicas del IMSS, incluido el Centro Médico Nacional Siglo XXI, de donde fue dado de alta supuestamente por encontrarse “estable”.

“La reflexión que me queda es que hombres tan productivos y tan preocupados por la cultura como Kuy, que fue activista desde los años 70, no merecen terminar como él por culpa del Estado, por hombres como Peña Nieto, Osorio Chong o Manuel Mondragón, que fue quienes ordenaron el operativo.

“Es muy injusto el sistema capitalista y finalmente mi compañero cae en la lucha, pero nos deja su ejemplo, su legado y lo vamos a reivindicar como adherente de la Sexta Delcaración de la Selva Lacandona. El cayó en batalla por sus ideales”, enfatizó Palma.

Tras recibir el impacto de un proyectil en la cabeza –se piensa que pudo tratarse de una bala de goma--, Juan Francisco Kuykendall sufrió una fractura en el cráneo que lo hizo perder parte de la masa encefálica.

Se espera que este sábado en la tarde el activista sea velado en una agencia funeraria de la colonia Doctores, en la ciudad de México.

El hombre de 67 años, originario de Nuevo Laredo, Tamaulipas, emigró al Distrito Federal en 1967 con el propósito de ser actor. Logró su meta en el Instituto Nacional de Bellas Artes, donde cursó sus estudios de arte dramático.

Su esposa, Eva Leticia Palma Pastrana, recuerda que 1968 fue un año de efervescencia política que “también sensibilizó a Kuy ”, como lo conocen sus amigos y familiares. El 2 octubre acudió a la manifestación estudiantil, pero durante las detenciones lo salvó una doctora cubana que lo escondió en su departamento.
 
Muchos años más tarde, luego de convertirse en dramaturgo, escenógrafo, profesor de teatro y simpatizante de organizaciones y colectivos, como la otra campaña , quisimos acudir a las protestas de mayo de 2006 en San Salvador Atenco, pero nos perdimos. Nos salvamos varias veces, asegura Palma Pastrana. No ocurrió lo mismo el pasado sábado, cuando Kuy , de 67 años de edad y vecino de la delegación Coyoacán, acudió con su amigo Teodulfo Torres a la movilización en los alrededores de la Cámara de Diputados.
 
“Ingresamos por la avenida Eduardo Molina, porque todo lo demás estaba cercado. Nos encaminábamos para ver qué ocurría, saqué mi cámara de video y entonces escuché un golpe seco. Volteé a ver a Kuy , pero ya estaba en el suelo”.
 
El 18 de enero un grupo de familiares y amigos del profesor Juan Francisco Kuykendall interpuso una queja ante la Procuraduría General de la República (PGR) para exigir que se aclare lo ocurrido y se castigue a los responsables del ataque.

Acompañados por integrantes del movimiento estudiantil #YoSoy132, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y otras organizaciones sociales, Rodrigo y Fernanda Kuykendall, hijos del académico, se presentaron en las instalaciones de la PGR para presentar la demanda, en la que también solicitaron reparación integral del daño.

viernes, 17 de enero de 2014

El drama de Michoacán





Francisco RIVAS LINARES

 
A manera de epígrafe: Para que los dramas impacten, es necesario construirlos por contraste: Aquí están los asesinos y allá quienes los combaten.

Víctima de los desatinos de gobernantes ineficientes e ineficaces, Michoacán se ha convertido en un laboratorio experimental en tácticas de combate al crimen organizado. Tácticas que, por cierto, no provienen de la lucidez inteligente sino de la locuacidad de las fuerzas.

Entre bandazos y palos de ciego van cayendo víctimas inocentes abatidas por balas asesinas. Perdido el equilibrio emocional, disparan a tontas y a locas y se pierden vidas en cierne que aspiraban a la concreción de un ideal.

Atrapados en una necedad circular, invocan las partes al diálogo y consumen las horas nalga  en posturas irreductibles. Nadie cede. Cada uno con su cadaunera. Y en tanto el pueblo padece los embates brutos de una delincuencia galopante.

Frente a nuestra tragedia, pienso en la obra del general chino Sun Tzu, quien vivió en el siglo V antes de Cristo y que legó para la posteridad un conjunto de ensayos sobre el arte de la guerra, cuyos consejos aún siguen vigentes. El título de la obra es precisamente “El arte de la guerra”.

Así como El Príncipe de Nicolás Maquiavelo se ha constituido en el tratado de teoría política al que recurren muchos gobernantes actuales, el libro de Sun Tzu no debería  despreciarse en su consulta y reflexión.

Pero parece que se vienen tomando decisiones invertidas a la sensatez. Sun Tzu recomienda que lo primero que tiene que hacer un gobernante en un contexto de beligerancia, como el que vivimos, es mantenerse en armonía con su pueblo, cultivar su confianza, hacerse creíble en las decisiones que va tomando. Así, dice Sun Tzu, su pueblo le seguirá donde sea, sin temor a perder la vida y dispuesto a afrontar cualquier peligro.

Y este factor es lo que lamentablemente han descuidado. El pueblo ha perdido la confianza por los engaños recurrentes. La ha perdido en sus instituciones más respetables: el ejército, la justicia y el gobernante. Ahora el pueblo se ha organizado en una colectividad y se va convirtiendo en una unidad radical. Esta es la rebelión de las masas, a las que alude el filósofo Ortega y Gasset.

Volviendo al Arte de la Guerra, tres son las cualidades sustantivas que debería tener quien ejerce el mando: sabiduría, benevolencia y sinceridad. ¿Acaso se han hecho notables estas cualidades?

Tener sabiduría para controlar conflictos exige no sólo del conocimiento de éste, sino también entenderlo. Ello permitirá tener claridad de juicio, guardar prudencia, aplicar cautela, moderación y autodominio.

Wikipedia, la enciclopedia libre, dice que la sabiduría es una habilidad que se desarrolla con la aplicación de la inteligencia en la experiencia, obteniendo conclusiones que nos dan  un mayor entendimiento, que a su vez nos capacitan para reflexionar, sacando conclusiones que nos dan discernimiento de la verdad, lo bueno y lo malo.

Lo que se ha puesto de manifiesto es, precisamente, la falta de experiencia y capacidad; esta última, para aplicarla al ejercicio de la reflexión de la que surgirían decisiones inteligentes. Sólo vemos y sentimos las consecuencias de aplicaciones viscerales.

Ante el arrojo de las huestes castrenses irrumpiendo en los pueblos organizados con sus grupos de autodefensas, era obvia la resistencia de éstos. Y se desencadenó la trifulca en cuyo final, la población civil fue la que levantó a sus muertos. ¿Eso es actuar con sabiduría?

Luego, llegaron las cifras para confundir. Uno, dos, tres y hasta doce víctimas registraron    diferentes notas. Cada fuente con su propia estadística. La única coincidencia observable fueron las imágenes desgarradoras difundidas en las redes sociales y las declaraciones oficialistas expresadas con un lenguaje de ruptura. ¿Eso es hablar con sinceridad? ¿Eso es aplicar cautela y autodominio?

Las heridas en Michoacán se han gangrenado. El viento transporta estruendo y furia. ¿Cómo conciliar los opuestos? ¿Cómo concretar los deseos utópicos? Tales son las preguntas que en las horas actuales demandan respuestas.

Margarite Yourcenar, en sus Memorias de Adriano, escribió: “Lo esencial es que el hombre llegado al poder pruebe luego que merecía ejercerlo”. Y esto es lo que de manera persistente nos sigue faltando.

 

miércoles, 15 de enero de 2014

Política meritocrática




Francisco RIVAS LINARES

Consultando el Diccionario de la Real Academia Española, las acciones que conceden a las personas ser dignas de premios o castigos se les denomina méritos. El talento, la honestidad, la responsabilidad, la solidaridad, la ética, etc., serían cuestiones meritorias dignas de ser retribuidas socialmente. Sus contrarios serían antivalores que la misma sociedad censuraría.

 

Desde los tiempos de la Grecia clásica, los guerreros que lucharan con valentía y demostrarán ser osados  en los combates, el pueblo los vitoreaba reconociéndoles sus méritos en campaña. En Atenas, los participantes en los grandes juegos Panhelénicos o en los certámenes de poesía y música en los llamados Juegos Nemeos, también se les premiaban con las hojas de olivo y unas ánforas en las que estaba grabado el nombre del vencedor.

 

Así nació la noción del mérito. Ya en el siglo XVIII, el mérito se trasladó al campo laboral. Las contrataciones en las factorías o fábricas, dependían de una serie de exámenes en las que los prospectos que demostraran mejores habilidades para el desarrollo de funciones específicas, tenían mayores probabilidades para ser aceptados. Quienes ostentaran títulos académicos, desempeñaban las funciones de mando y control.

 

En una sociedad en la que imperaba la desigualdad, fueron muchos los marginados. La selección previa fundamentada en las capacidades, propiciaba una especie de darwinismo social, cuyo paradigma conocido es la supervivencia del más fuerte.

 

Inspirado en ello, Michel Young, sociólogo inglés, utilizó en 1958 por primera ocasión la palabra  meritocracia (el poder del mérito) para designar a la forma de gobierno cuyas jerarquías y responsabilidades en la administración, se definen en base a la excelencia en el servicio público y al talento intelectual.

 

La expresión tenía un sentido peyorativo. Ridiculizaba esta manera de selección de las especies. Y el término se instaló con tal fuerza que en estos tiempos del neoliberalismo se hace patente en las fuentes de trabajo que se ofrecen a partir de exámenes selectivos.

 

La interpretación perversa del término se agudiza en el campo de la política. Los valores meritorios de la antigüedad se trastocaron con mayor rigor reflejándose, actualmente,  en comportamientos y actitudes demeritorias. No es el talento ni la honestidad ni la excelencia lo que concede a nuestros políticos hacerse merecedores de jerarquías de gobierno o la administración, sino su obediencia ciega, su disciplina inalterable y su proclividad al obsequio. En esa relación mando-obediencia se encuentran todos los fundamentos de la normatividad dominante en los contextos en que se ejerce el poder.

 

Quienes aspiran a medrar de la hacienda pública con las prebendas o rentas propias del poder, les bastará negar su capacidad pensante y convertirse en la clásica boca de ganso de su superior en turno. Boca de ganso es la expresión que se les aplica a quienes sin tener brillo intelectual, se concretan a repetir lo que una persona de mayor jerarquía dice, aún y cuando se trate de sandeces.

 

El político que tenga el atrevimiento de cuestionar o desobedecer la línea señalada por el tlatoani, jefe, coordinador, cacique, patrón, el líder, etc., perderá oportunidades futuras en la construcción de su carrera política. Por eso prefieren regodearse en el rastrerismo y navegar con las olas de la demagogia.

 

En nuestro país utilizamos diversos adjetivos, estridentes por cierto, para referirnos a ellos: arribistas, levantadedos, gandules, convenencieros, indecentes, traidores, mangas de mediocres, corruptos, grilleros… ¡Vamos! En 1999 un político mexicano hizo notaria su campaña para la gubernatura del Estado de México por los anuncios en los que clamaba que los derechos humanos son para los humanos y no para las ratas, en alusión obvia a quienes saqueaban las arcas de la hacienda pública. Al final resultó ser él una gran rata. De ahí brotó el ingenio popular diciendo que todo político aspiraba a convertirse en un Mikey Mouse, el personaje creado por Walt Disney, porque siendo encantador haría que la gente olvidara que es una rata.

 

Los originales valores del mérito se han corrompido para convertirlos en deméritos. Y la meritocracia se convirtió en una cleptocracia, que se define como “el desarrollo del poder basado en el robo del capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el nepotismo, el clientelismo político, el peculado, de modo que estas acciones delictivas quedan impunes, debido a que todos los sectores del poder están corruptos, desde la justicia, funcionarios de la ley y todo el sistema político y económico.”

 

En México se nos presumen muchos cambios. La fiebre de las reformas parece que va sentando precedentes y todas, sin excepción, nos aseguran que son necesarias para estimular el crecimiento y desarrollo social. La retórica domina en los discursos y la propaganda; sin embargo, la experiencia nos indica lo contrario. Sí, en México todo cambia, menos los políticos y los empresarios.

 

Los primeros esmerándose en el (de)mérito del servilismo; los segundos, cayéndose para doblegar la dignidad de los primeros. ¿Recuerdan el diálogo que  sostuvieron un político con un empresario y que fue difundido en los medios impresos y electrónicos, cuyo trato recíproco fue denigrante? El senador principió con un ¿papito, dónde andas? ¿por qué te pierdes, mi rey?  Y que al final de su plática el empresario le comenta a la hija que todos los políticos lo buscan para ver … de a cómo les caigo.

 

Diariamente los políticos cumplen con su cuota de banalizar la política. Cotidianamente nos demuestran que el eje rector de su accionar no es el bien social, sino su proyección individual. Las ideas son lo de menos, el dinero y el poder son sus motivaciones. La democracia la han convertido en una cuestión propia de mercaderes.

 

Por eso, cuando cite en la columna política anterior al Doctor Manuel Lucena Giraldo afirmando que el resentimiento se da en las sociedades meritocráticas, previo para la conformación de las sociedades democráticas, confirmo a conciencia que no es posible construir sobre el lodo un país aspirante al ejercicio democrático del poder

 

No obstante tenemos que mantener la dignificación de nuestra existencia enarbolando el estandarte de los ideales, pues de no hacerlo perderemos nuestra humanidad.