miércoles, 30 de junio de 2010

Ciudadanos silenciosos y gobiernos atolondrados


Cuando se le preguntaba a Solón cuál era el
mejor régimen de gobierno, éste respondía
sin titubeos: “Dime primero para qué pueblo”.


Los dictados de la razón no parecen marcar las preferencias del gobierno en ejercicio. Cuando la arrogancia se entroniza en los espacios del poder, la inteligencia sale sobrando y el capricho por la imposición desemboca en un despotismo arrebatado.

Hoy más que nunca cobra vigencia don Daniel Cossío y Villegas con su libro “El estilo personal de gobernar”. Singular crítico de los asuntos políticos en la contemporaneidad mexicana, adquieren actualidad los señalamientos hechos durante la década de los setentas, referidos a la soberbia y altanería que se encontraban inherentes en la naturaleza de los servidores públicos, incluyendo, obviamente, al gobernante en turno.

El fracaso de la Revolución Mexicana empezó a gestarse durante el sexenio de Miguel Alemán Valdez, identificado como “el presidente empresario” por sus acciones de gobierno que llegaron a favorecer ampliamente a quienes detentaban el poder económico.

A cien años de la gesta maderista, la democracia pretendida se quedó en una democracia cacareada. El estado social, sustentado en la locución maya del mandar obedeciendo, se ha frustrado en la autocracia del poder. Apliquemos la memoria: Adolfo López Mateos y la represión de los movimientos ferrocarrilero, magisterial y médico; el asesinato del líder agrarista Rubén Jaramillo y la cárcel para Demetrio Vallejo y Othón Salazar.

Gustavo Días Ordaz y los crímenes de la Plaza de Las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968; Luis Echeverría y la guerra sucia emprendida para disolver protestas sociales; José López Portillo y su gobierno de dispendios, lujos y caprichos, así como la devaluación del peso y su fallida defensa “como perro”. Miguel de la Madrid y el establecimiento de las bases de la economía neoliberal. Al efecto, procedió a privatizar las empresas paraestatales, reduciéndolas de 1,155 a 413. Además, fue el promotor del escándalo electoral de 1988 a fin de imponer a Carlos Salinas de Gortari, quien aplicó una serie de reformas a la Constitución para los efectos del Tratado de Libre Comercio.

Durante el gobierno salinista se elevó la corrupción en las instituciones y los cuerpos policiacos. Tuvieron lugar los ajusticiamientos masivos de Aguas Blancas y Acteal, así como los magnicidios de Juan Jesús Posadas Ocampo, Luis Donaldo Colosio, José Francisco Ruíz Massieu y Abraham Polo Uscanga.

Con Ernesto Zedillo se consolidan los dogmas del neoliberalismo. Establece el rescate de los bancos a través del FOBAPROA y somete a los trabajadores a una modificación integral del sistema pensionario, reduciendo con ella la responsabilidad de los empresarios.

Con Vicente Fox se establece el gobierno de la chabacanería y la corrupción. La ignorancia se entroniza y la mentira se hace oficial como herramienta de defensa. Vicente Fox constituye la más grande decepción del pueblo de México.

Felipe Calderón llega al poder para inaugurar el periodo del “haiga sido como haiga sido”. Un gobernante que, impuesto por la clase empresarial, está distante de sus gobernados careciendo, por tanto, de un liderazgo legítimo. El PRI fue la catapulta para imponer su espuriato. ¿De qué se queja ahora?

Para legitimarse, optó por la antítesis napoleónica sentándose en las bayonetas; y en la locuacidad de su guerra declarada, ya van más de 22 mil muertos. El único canal de comunicación que tiene con sus gobernados, son los medios masivos. Por eso alguien le llamó “el presidente de la inserción pagada”.

Sus llamados reiterativos a la unidad y el diálogo, hacen recordar la mano tendida en el aire que Gustavo Díaz Ordaz lanzó desde el Congreso de la Unión el 1º. de septiembre de 1969. Calderón escupió injurias durante su campaña y ahora pretende ocultar sus indicios.

Pobre México que gobernado por la sinrazón, sucumbe en una sombra. Una sombra extraña que se traduce en miseria extrema, crímenes y desesperanza.

lunes, 7 de junio de 2010

La manipulación de la historia


Calderón pretende legitimarse con actos demagógicos, advierten especialistas
Mariana Norandi y Roberto Garduño

Periódico La Jornada
Lunes 7 de junio de 2010, p. 16

La exhumación de las osamentas de la Columna de la Independencia, su traslado al Castillo de Chapultepec y posteriormente a la Galería Nacional en Palacio Nacional se enmarca en una serie de actos demagógicos cuya idea básica es fortalecer la legitimidad de la administración federal mediante el uso político de la historia. “No tienen como finalidad la difusión de la historia; es una tomadura de pelo pretender reducir el traslado de unos huesos al fondo de la reflexión histórica.”

Las historiadoras Cristina Gómez Álvarez y Helia Bonilla Reyna, y la estudiosa de la historia Ángeles González Gamio coinciden en reconocer la naturaleza de carne y hueso de los participantes en los movimientos de Independencia y Revolución, en sentido contrario de la visión oficial “que incurre en la manipulación de los llamados héroes, a quienes se convierte en idealizados paradigmas simbólicos, en modelos de conducta que, haciendo tabla rasa de sus actos, muchas veces resultaron incongruentes”.

La doctora Cristina Gómez afirma: “Es una acción bastante inútil, no aporta absolutamente nada a la celebración y su propósito es el uso político de la historia. Los actos conmemorativos del gobierno federal han sido muy pobres y al estudio del pasado no le aportan nada porque no vamos a reinterpretar la historia con el resultado del examen de esos huesos. Tratar a los héroes de la Independencia como si fueran santos, cuando ellos eran individuos de carne y hueso. Lo que observamos es la carencia del gobierno al no contar nunca con un proyecto que involucrara a la población en la reflexión de su pasado. En el fondo es hacer uso político de la historia por parte del gobierno federal, rescatando el significado de la independencia con huesos, y no con el programa de la Independencia. Obviamente el gobierno federal no está en condiciones de dar una respuesta ni promover una iniciativa de esta naturaleza; me parece inútil, penoso, como lo será el acto del 15 de septiembre, gastándose millones de dólares para esta ceremonia que será organizada por un australiano y que realmente es lo mismo: hace uso, a través de fuegos artificiales, de un pasado y no en lo que este pasado nos puede decir hoy.

“Para los gobernantes es mejor reducir la historia, porque así se crean generaciones con una gran ignorancia de la historia, no ven que la memoria y el pasado de un país es fundamental para comprender el presente. Quieren fortalecer la legitimidad del poder actual y hacen uso político de la historia; no tienen la finalidad de la difundirla, y es vergonzoso, como nación, que en las materias de historia y matemáticas los alumnos de secundaria y preparatoria reprueben en su mayoría. En que debemos reflexionar son temas vinculados con la historia, como la injusticia social; eso es lo que se debe analizar, porque tenemos un país cada día más pobre, y lo que debemos debatir es cómo resolver la desigualdad social y abonar a la igualdad política; en eso podemos resumir la Independencia, aparte de la soberanía nacional. Es una tomadura de pelo y es reducir a unos huesos el asunto de la reflexión histórica. ¿Qué les dicen a los mexicanos unas calacas? Es idea del licenciado José Manuel Villalpando, al que el Presidente le hace caso, y esa idea el profesor de Calderón –en la Escuela Libre de Derecho– la traía desde hace varios años y le cae muy bien al encargado del Ejecutivo.”
La doctora Helia Bonilla subraya: “Históricamente es normal que los actos públicos y ceremonias cívicas sean actos autolegitimadores para los políticos en turno. Hidalgo se convirtió finalmente en la figura libertadora por antonomasia y su arraigo en el imaginario colectivo fue tan fuerte que los conservadores terminaron por no cuestionarla, hecho que hoy se constata cuando un gobierno conservador como el de (Felipe) Calderón le rinde tributo. Esto mismo ocurre con Juárez. Mientras que el gobierno foxista manifestó aún la animadversión conservadora hacia el oaxaqueño, Calderón ha estado presente en los aniversarios del Benemérito. Quizá lo haga para neutralizar el uso que la oposición lopezobradorista le ha dado justamente al icono juarista.

“Al gobierno actual las ceremonias cívicas le sientan en actos demagógicos, porque sirven para enunciar una supuesta continuidad entre los héroes y los gobiernos en turno, es decir, unos son los que consiguen la libertad de la patria y la ciudadanía, y otros son los que supuestamente la preservan. De la exposición de los huesos se desprende el paralelismo que hay en la exposición de los restos de los héroes al modo de las reliquias cristianas, como aún se hace en iglesias y templos católicos. Es una extraña sobrevivencia de una mentalidad primitiva cristiana que buscaba promover el culto y devoción por quienes habían sacrificado su vida en bien de la comunidad, poniendo a la vista sus restos.”

Ángeles González Gamio, difusora de la historia de la ciudad de México considera: “Traer los restos como si fueran un objeto turístico es algo absurdo, porque no se sabe si eran de ellos. Nos dicen que es el cráneo de Morelos y resulta que es el cráneo de una señora, ¿esto es para qué? Es absurdo pensar que eso nos lleva a pensar y reflexionar sobre el bicentenario. Se está perdiendo la idea, que es retomar los valores y principios que movieron a estos personajes de carne y hueso a participar en un movimiento por su libertad. De eso no se habla, de la libertad, de la Independencia de la soberanía; entonces estas ceremonias; que pretenden endiosar a seres humanos con defectos y virtudes, son obras de teatro; no sé qué les dirán a la gente y menos a la juventud; eso de traerlos de aquí para allá es una cosa tan anodina y sin sustancia.”

miércoles, 26 de mayo de 2010

Felipe Calderón y sus operativos fandango



Por Francisco Rivas Linares

La guerra contra el narcotráfico “. . . es un proceso de militarización y de criminalización de las luchas sociales en donde se ve la mano de un Estado autoritario dispuesto a usar la violencia selectiva. Como lo hizo en el pasado, a través de la Guerra Sucia con desapariciones forzadas, ahora (lo hace) con la impunidad en el terreno represivo, supuestamente, en contra de los cárteles de las drogas”. Gilberto López y Rivas, politólogo y antropólogo.


El fomento del obituario nacional, radica en la oficiosa guerra contra el narcotráfico. Así lo indican las estadísticas cotidianas durante el periodo de gobierno del panista Felipe Calderón Hinojosa.

Sin embargo se siembran muchas dudas por cuanto al éxito del empuje beligerante. Si nos damos una oportunidad para conocer y analizar cifras y datos que han surgido a la luz pública, vienen a desmentir lo que con tanto énfasis declaran los tribunos oficiosos.

El periodismo de investigación se ha constituido en un oficio de alta peligrosidad, ya que quienes se dedican a escudriñar por los enredos de la delincuencia organizada y los vericuetos de la burocracia judicial, asumen altos riesgos en su seguridad personal y de su familia. Gracias a ellos los accesos a la verdad se mantienen abiertos.

Matar o desaparecer al mensajero son recursos extremos para silenciar sus voces de denuncia y crítica. Primero intentan extorsionarlos. Luego los amenazan y agreden; y si no ceden, los ejecutan.

En nuestro país hay ediciones que han abrazado la encomienda que reclama la libertad, el pluralismo y la independencia del ejercicio periodístico. Personajes como Lydia Cacho, Nancy Flores, Ana Lilia Pérez, Sanjuana Martínez, Carmen Aristegui, Ricardo Ravelo, Francisco Martín Moreno, Julio Scherer, Ricardo Rocha, Jaime Avilés, por citar algunos, se atreven a romper las barreras impuestas de la censura, asumiendo plenamente el concepto expuesto por Luis María Ansón que dice:

“El periodismo de investigación asume la parte más delicada y difícil en esa misión de defensa de la transparencia democrática, al sacar a la luz los casos, a menudo ocultos e invisibles por su propia naturaleza”.

¿Hacia dónde voy con este ya extenso preámbulo? La Revista Contralínea ha iniciado la publicación de una serie de reportajes, sobre la denominada guerra al narcotráfico. Bajo el título “Una farsa, la “guerra” contra el narcotráfico”, la periodista Nancy Gutiérrez difunde datos obtenidos de diferentes dependencias de gobierno, no sin antes haberlos exigido mediante 13 solicitudes basadas en la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental.

Los datos que se publican en el reportaje que comento, constituyen la esencia de la información y nos permiten formar un criterio sólido para expresar nuestros juicios, en torno a lo que se declara desde los espacios oficialistas.

Por ejemplo cuando Felipe Calderón asegura que se está aplicando la estrategia correcta, nos preguntamos que si de ello está convencido, ¿por qué se ha elevado, entonces, considerablemente el número de víctimas, hasta llegar actualmente a los 23 mil 700 muertos?

Si de verdad siente que va ganando su guerra, ¿por qué ha incrementado a 96 mil militares la presencia del ejército, cuando el compromiso fue la de ir restringiendo su intervención en tales acciones policiales?

Entre diciembre de 2006 y marzo de 2010 se han detenido a 121 mil 199 personas por presuntos vínculos con el crimen organizado, lo que constituye una cifra considerable. Sin embargo, ¿por qué únicamente se les ha comprobado tal vinculación a 1,359 de los cuales se han consignado a 1,194 y de este último dato sólo han sido sentenciados 735? ¿Debemos entender que no fue posible obsequiar resultados procesales en 120 mil 464 casos?

Todos esos datos significan que apenas se ha logrado penalizar el 0.6 por ciento de las detenciones reportadas, “según documento confidencial dado a conocer por la Agencia EFE”.

Si se sabe que las bases del financiamiento del crimen organizado son fundamentales para su prevalencia, ¿por qué entre diciembre de 2006 y enero de 2010 solamente se consignaron dos por operaciones de lavado de dinero, aún cuando el Departamento de Estado de Estados Unidos ha calificado a México como “… punto clave para la colocación del dinero producto del narcotráfico en el sistema financiero internacional?”

Estas y muchas otras preguntas se han quedado sin respuesta. Por eso el Doctor Adolfo Edgardo Buscaglia, asesor de la ONU en temas de seguridad, asevera: “La estrategia del presidente Calderón es una farsa mediática. Está implementada a través de un criterio de mercadotecnia que no pretende desmantelar grupos criminales”.

Y lo peor es que todos hemos sido arrastrados en este arrebato esquizofrénico, para convertirnos en los damnificados de los operativos fandango de un aprendiz de brujo que llegó a ser presidente haiga sido como haiga sido.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Entre la tragedia y el deseo


“... las personas llenas de odio tienen permanentemente el sentimiento de que han sido engañadas, es un sentimiento indestructible profundamente desproporcionado respecto de la realidad. Estas personas parecen querer ser estimadas, respetadas y amadas sin límite, parecen atormentarse sin cesar por el doloroso descubrimiento de que los demás son de una ingratitud y de una injusticia imperdonables, pues no sólo no les manifiestan el respeto y el amor que se les debería, sino que incluso les olvidan; ésta es al menos su impresión”. Vaclav Havel, escritor y dramaturgo checo.


El secuestro o desaparición del exsenador Diego Fernández de Cevallos, ha dado pie para el desfogue del odio que se incuba en los ciudadanos hacia la élite política y económica. El sentimiento negativo de profunda repulsión hacia quienes ejercen el poder en detrimento del bienestar social, encuentra la coyuntura del desahogo cuando el dolor se ensaña en tales personajes o en alguno de sus familiares.

Su radicalismo se expresa en el deseo de la muerte como principio del placer de la venganza. Desean, a quienes suponen autores de su desgracia, la destrucción cabal con un tinte agresivo que les provoque dolor.

En el arrebato de las pasiones nuestra sociedad se encuentra enferma. Una sociedad que ahíta de injusticias y corruptelas le hace brotar seculares odios. Y busca los cauces para la catarsis del resentimiento y del rencor. Tales son los espacios abierto en el intenet cuya infraestructura de redes les abre la posibilidad de compartir y enriquecer su odio.

El secuestro de Fernández de Cevallos ha llenado los espacios cibernéticos de ofensas y agresiones verbales al cautivo. Deseos insanos que no se limitan al personaje, sino que van dirigidos también hacia otros que se encuentran encumbrados. Reclaman de los sicarios que vengan por otros de la élite para sentirse vengados, para sentirse liberados, para regocijarse en su dolor.

El científico Charles Darwin aseveró: “Si hemos sido o esperamos ser agredidos por alguien, ese alguien nos será desafecto; y el desafecto se convierte fácilmente en odio”. Y la sociedad ha sido agredida sistemáticamente por los selectos grupos del poder.

Cuando en su miseria la persona se ve empujada a solicitar préstamos con intereses de usura, devastando su entorno familiar, la deuda se convierte en una deuda de opresión y será calificada de odiosa. El deudor anhelará, entonces, el aniquilamiento de sus acreedores de mala fe, quienes tuvieron como objetivo la subyugación, el saqueo y el fraude.

Cuando los oligarcas se asumen como déspotas y adquieren compromisos con cargo a la comunidad sin su consentimiento previo, el compromiso se asume como odioso y es de presumirse propio de una dictadura.

La impunidad, el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito, el saqueo de la hacienda pública, la indolencia y deshumanización de quienes se encuentran al frente de los servicios de salud, de educación, de seguridad; el cohecho, el chantaje, el abuso del poder, el autoritarismo, en fin, constituyen una urdimbre que nos humilla y nos provoca miedos; y la capacidad de odiar se alimenta de los miedos.

Debemos reconocer que el odio es una posibilidad latente en el ser humano; más aún en aquellas sociedades divididas que, como la nuestra, ha sido polarizada en aras de intereses del poder, contrapuesto al bienestar común.

Penosamente a Diego Fernández de Cevallos lo han convertido en el blanco del odio colectivo y la venganza, en virtud de concederle la paternidad del fracaso de la transición democrática, cuyos factores dominantes han sido el influyentismo y la concertacesión. Y si bien sus actuaciones han sido deleznables en grado superlativo, todos los políticos tienen lo suyo, aunque no con el mismo éxito.

No olvidamos la cizaña del odio que el propio Diego Fernández y Carlos Salinas de Gortari, acompañados de la oligarquía encabezada por Lorenzo Servitje, dueño de la empresa Bimbo, hicieron crecer durante las elecciones del 2006; un odio marcado por la intolerancia, el prejuicio, la falta de respeto hacia el otro y la violencia retórica, todo lo cual derivo en la expresión frívola del “haiga sido como haiga sido” de Felipe Calderón.

Todos ellos se han convertido en fuerzas de atracción del odio. ¿Se puede hacer política con sentimiento tan extremo?

miércoles, 12 de mayo de 2010

Ante la falsa conciencia ... LA IMPERTURBABLE FRIVOLIDAD


“La esencia de la democracia que queremos es la de un sistema capaz de corregir sus propios defectos, es decir, un sistema humano; no un sistema con ínfulas divinas, teocráticas, cuyo dogma es contranatura: el dogma de que el poder no da ni un paso atrás. Lo que buscamos, sencillamente, es la institucionalización del diálogo, que no es amontonamiento de monólogos, ni estrépito incomprensible” Carlos Castillo Peraza.

Cuando una persona expone argumentos superficiales y denota una falta absoluta de seriedad en sus oficios, es común llamarle frívola. Son sujetos de pensamiento frágil, carentes de innovadoras ideas y ayunos de prudencia y ecuanimidad.

Pues bien. La frivolidad con que se conduce el gobierno del señor Calderón frecuentemente queda demostrada. Cuantas oportunidades ha tenido para exhibir la banalidad hacia el sufrimiento de sus gobernados, las aprovecha sin rubor alguno, haciendo que la indolencia se repita con el mismo rigor, aunque sin modificar su estilo.

Ejemplifiquemos lo anterior con los datos siguientes: El fideicomiso destinado para los festejos del bicentenario del inicio de la guerra de independencia y el centenario del inicio de la revolución, asciende a mil 600 millones de pesos, los cuales serán invertidos en acciones festivaleras.

Tal monto contrasta con sus pedimentos de austeridad a la población para que gastemos menos, invitándonos a que juntos superemos los desafíos de la crisis económica, aunque se reserva la utilización del circo cívico como elemento enajenante, en cuyo colmo coronario está el negarnos el derecho de saber el costo pormenorizado del derroche, pues tal información la ha clasificado como “reservada” hasta el año 2022.

Un personaje digno del realismo mágico en el gobierno actual, es el conocido como “fuego cruzado”. Todos los civiles caídos en su personal guerra se los atribuye a “fuego cruzado”. Tal expresión nominativa ya se la están tomando a ‘chunga’ y en los espacios que ofrece la prensa para expresar los comentarios a las noticias, le demandan combatir a “fuego cruzado” o que al menos lo declare en arraigo y sometido a investigación.

Estudiantes, adolescentes, niños y familias que han caído en la anarquía de los combates, son declarados presurosamente por el oficialismo como daños colaterales del “fuego cruzado”, no sin calificarlos, previamente, como sicarios o pandilleros. En tanto la ristra de criminales se regodea en sus 22,000 muertos, de los cuales 3,700 han sido infantes y 20 mil familias lloran sus “pérdidas colaterales”.

Ahora se ha enchufado a la invocación mítica del dios de los chamulas para que lo ilumine por los perdidosos vericuetos de su mal gobierno. Huérfano de asideros sociales, busca el refugio en lo etéreo de un dios prodigioso, a fin de favorecer a los más pobres. De no lograrlo, la responsabilidad será de la propia deidad de los olvidados indígenas y el acomodo político-religioso quedará para la evocación, sustituyendo la invocación.

Su discurso mesiánico le ha llevado a modificar los contenidos bíblicos. Y de cuatro pasó a cinco apocalipsis, identificados con la influenza, crisis, sequía, narcoviolencia y el derrumbe de los petroprecios. Tal es la urgencia de un milagro divino.

Pleitero como pocos, ha retado a quienes cuestionan su optimismo trasnochado. Se ha fajado con los Premios Nobel de economía que se atrevieron a poner en duda sus medidas financieras para sortear la crisis; con empresarios y legisladores por no aprobar su ley fiscal; con gobernantes estatales que han desaprobado su estrategia de combate al crimen organizado; con los ciudadanos que han preferido un modelo diferente al heterosexual; con los periodistas, de quienes reclama que sólo tengan cobertura para lo malo de su gestión; con la clase trabajadora que se atreve a instalar un sindicalismo independiente. Vamos, hasta con militantes de su propio partido político: Manuel Espino y Manuel de Jesús Clouthier son ejemplos emblemáticos.

Cuando se encontraba en campaña Felipe Calderón, exclamó: “Denme la oportunidad de ser presidente de todos los mexicanos”. Y lo es, a pesar de las irregularidades que lo estigmatizan como “espurio”. ¿Y para qué? Para instalar la soberbia. Para ejercitar la frivolidad palaciega, el glamour de la oligarquía.

¿Ofrecerá pasteles a los pobres que le reclaman el pan para mitigar su hambre? Hacerlo sería, de su frivolidad, una grotesca ironía.

domingo, 9 de mayo de 2010

El Foro Social Mundial y el Apocalipsis de "El Verbo Encarnado"


“México superó no cuatro, sino cinco jinetes
del Apocalipsis, y la paradoja es que podría
cumplir algunos requisitos severos para
pertenecer a la Unión Europea”.
Felipe del Sagrado Corazón de Jesús
Calderón Hinojosa

Durante los días 2, 3 y 4 del presente mes, tuvo lugar en el zócalo de la ciudad de México el Foro Social Mundial Temático. Ahí se concentraron numerosos luchadores sociales de distintos países del mundo, con el propósito de buscar y proponer alternativas que sustituyan las políticas neoliberales de los gobiernos de derecha, y alcanzar la unificación de las luchas sociales.

En la sesión inaugural, se demostró de manera evidente las violaciones laborales y de derechos humanos que ha cometido reiteradamente el gobierno espurio de Felipe Calderón Hinojosa. Las consecuencias de una guerra personal, mal planeada y con pésimas estrategias, cuyo resultado único ha sido el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de los mexicanos.

Se planteó, así mismo, la necesidad de instrumentar una nueva forma de ejercitar la política, separándola totalmente de las jerarquías dominantes. “Las alternativas por las que luchamos, desde abajo y con los de abajo, se proponen explícitamente el rescate de la naturaleza y la liberación de todo el género humano”. Así lo explicó Oscar González, integrante de la coordinación del Foro.

No pasó desapercibido el asesinato de la luchadora social Alberta Cariño, concretado en los sucesos de San Juan Copala, Oaxaca, cuando un comando paramilitar atacó la caravana solidaria. Tampoco lo fue la demanda de libertad a los presos de conciencia, quienes han sido condenados a penas equivalentes a la cadena perpetua por el delito de asumir la defensoría de la justicia y los derechos de los marginados.

El desarrollo del Foro coincidió con la conmemoración del cuarto aniversario del operativo policiaco en contra del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, hechos ocurridos en Texcoco y San Salvador Atenco, estado de México, durante los días 3 y 4 de mayo de 2006.

Los sucesos represivos han merecido la repulsa mundial, pues el saldo lo ubica como uno de los más vergonzantes atentados contra los derechos de la ciudadanía. 207 detenidos, dos jóvenes asesinados, medio centenar de mujeres que sufrieron violaciones, abusos sexuales, tortura y cateos ilegales, constituyen el catálogo de las consecuencias del autoritarismo del poder.

Tres personajes se han convertido en paradigmas de la criminalización de la protesta social: Ignacio del Valle, condenado a 112 años de prisión; Héctor Galindo y Felipe Álvarez con 67 años respectivamente.

Pero las divagaciones apocalípticas del señor Calderón, cuyas palabras ya son consideradas como las dichas por un verbo encarnado en virtud de su cristero origen, no pasaron por los espacios de la injusticia en la que se debaten muchos inocentes, víctimas de venganzas y odios que ventean jueces, magistrados y gobernantes, y demás indigentes cerebrales.

Ulises Ruíz Ortiz y Enrique Peña Nieto ejemplifican lo antes dicho. El primero como represor y asesino de las huestes del Frente Popular de los Pueblos de Oaxaca. El segundo, lo mismo, pero con el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra.

Y para hacer uso de la metáfora calderoniana, pudiera aseverar que sólo el pueblo es el que ha padecido los embates de las profecías cumplidas, y previamente señaladas, por “El Jinete Solitario” Felipe del Sagrado Corazón de Jesús: El proyecto económico, el proyecto social, la guerra fallida, el proyecto educativo y el proyecto laboral.

En fin. Seguiremos navegando entre un margen de locura y otro de cursilería. Seguiremos transitando por los laberintos planetarios de la pobreza. Mantendremos la denuncia como forma de resistencia y lucha pues, como bien lo afirmara el escritor checo Milán Kundera, autor de La Insoportable Levedad del Ser: “La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”.

sábado, 24 de abril de 2010

Cómo y quiénes asesinaron a Víctor Jara


Los estremecedores testimonios de cómo y quiénes asesinaron a Víctor Jara
Por Jacmel Cuevas P.
CIPER - A casi cuatro meses de conmemorarse 36 años de la muerte del destacado folclorista chileno, el tesón de su viuda Joan Turner y de sus hijas, logró que la investigación judicial llegara al punto que se creía imposible: individualizar al grupo de oficiales y conscriptos que perpetraron el asesinato. Las confesiones de los involucrados, entre ellos un conscripto que participó en forma directa en el crimen, permiten conocer las estremecedoras últimas horas de vida de Víctor Jara: un subteniente jugó a la ruleta rusa con él hasta que le descerrajó un tiro en su cabeza. Después ordenaron acribillarlo en un camarín de un subterráneo del Estadio Chile. También revelamos la historia nunca antes contada de cómo se rescató su cuerpo desde la Morgue. Junto al artista, fueron acribilladas otras 15 personas, entre los que se encontraba el ex Director de Prisiones, Litre Quiroga. Los detalles del homicidio fueron recabados en la presente investigación de CIPER.
El caos, la incertidumbre y el miedo que reinaron en el país durante los primeros días tras el golpe militar de 1973 parecían, hasta ahora, haberse conjugado de manera perfecta para que el asesinato del destacado folclorista Víctor Jara siguiera siendo un enigma judicial, llevando incluso al juez que instruye el proceso, Juan Eduardo Fuentes, a cerrar el caso a mediados del año pasado, con un solo procesado como responsable del crimen: el comandante (r) César Manríquez Bravo, jefe del improvisado campo de prisioneros que se instaló en el Estadio Chile a partir del 12 de septiembre de ese año.
La decisión del magistrado fue cuestionada por los querellantes del caso, quienes incluso obtuvieron el respaldo del entonces subsecretario del Interior Felipe Harboe, para pedir la reapertura de la investigación, llamado al que se sumaron varios parlamentarios de la Concertación. La urgencia por revocar la decisión de Fuentes fue tal que incluso la autoridad gubernamental se sumó al emplazamiento público que hizo la viuda del artista, Joan Turner, para que cualquiera de las cerca de 6.000 personas que pasaron por el recinto deportivo en esa fecha (entre detenidos y uniformados), que pudiera tener antecedentes del asesinato se acercara a entregarlos, incluso, bajo la más estricta reserva.
Nelson Caucoto, abogado de la familia Jara Turner, relata que se recibieron muchas colaboraciones que podían aportar a esclarecer el homicidio, lo cual le permitió presentar un escrito solicitando más de 90 nuevas diligencias al juez. Y Juan Eduardo Fuentes reabrió el caso.
Sin embargo, ninguno de estos datos entregó pistas concretas para llegar a los responsables del crimen, cuyas identidades quedaron bajo el secreto de un grupo reducido de oficiales y conscriptos que estuvieron a cargo de interrogar a los detenidos en los camarines ubicados en los subterráneos del Estadio Chile. Fue la exhaustiva búsqueda de los conscriptos de distintos regimientos que estuvieron después del golpe en el Estadio Chile, la que terminó por dar las pistas de quienes fueron los uniformados que ultimaron con ráfagas de fusil a los cerca de 15 detenidos -entre ellos Víctor Jara- que fueron apartados de los restantes prisioneros al producirse su traslado al Estadio Nacional, entre el 16 y 17 de septiembre de 1973.
LAS PRIMERAS HORAS DEL FINAL
En la madrugada del 11 de septiembre de 1973, personal de varios Regimientos militares ubicados en regiones se trasladaron a Santiago, bajo la excusa de realizar los preparativos de la Parada Militar, para conmemorar el día de las Glorias del Ejército. Así arribaron a Santiago las unidades de La Serena y el Maipo, las que se constituyeron en el Regimiento Tacna. Otros efectivos provenientes de Calama y de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes – comandada por el coronel Manuel Contreras Sepúlveda, quien a los pocos días iniciaría la organización de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA)- lo hicieron en las dependencias de Arsenales de Guerra.
Cerca de las cinco de la mañana de ese día, las tropas apostadas en esta última repartición fueron informadas del golpe de Estado, bajo la arenga del teniente Pedro Barrientos, quien los emplazó a participar en la toma del territorio capitalino bajo la premisa que en esa misión no habían rangos, que todos eran importantes en ese crucial y patriótico acontecimiento. El episodio ha sido relatado en las declaraciones judiciales de varios conscriptos de los regimientos Maipo y Tejas Verdes que llegaron desde la Quinta Región.
Tras el bombardeo a La Moneda y la muerte de Salvador Allende, cerca de 600 estudiantes y profesores se amotinaron en la Universidad Técnica del Estado (UTE, actual USACH) para resistir la ocupación militar. Sin llegar a producirse enfrentamientos, ya que casi no tenían armas, fue muy poco el tiempo durante el cual pudieron oponerse a la entrada de los uniformados.
Pasadas las dos de la tarde del 12 de septiembre comenzó el desalojo de los académicos y alumnos. Entre escenas de gran violencia y dramatismo fueron detenidos y trasladados al Estadio Chile. En ese grupo se encontraba Víctor Jara Martínez, profesor de esa casa de estudios. El procedimiento fue dirigido por el entonces capitán Marcelo Moren Brito, quien luego se transformaría en uno de los más temidos agentes operativos de la DINA. Al momento de ingresar al Estadio Chile, convertido en campo de prisioneros, a los detenidos se les quitaban sus especies de valor, se les anotaba su nombre y filiación política.
Antes de ello, durante la tarde del 11 de septiembre, después de encargarse del funeral de Salvador Allende, el comandante César Manríquez fue encomendado por el general Arturo Viveros -jefe del Comando de Apoyo Logístico y Administrativo del Ejército (CAE)- para crear el primer recinto de detención que se debía instalar en el Estadio Chile. A la mañana siguiente, Manríquez se constituyó en el recinto. Poco después comenzaron a llegar los miles de detenidos que arribaban en buses de la locomoción colectiva y camiones del Ejército.
Según las propias declaraciones de Manríquez que, hasta ahora, era el único procesado en el caso, lo ocurrido al interior del recinto deportivo –construido sólo cuatro años antes de los hechos- era un escenario “dantesco” debido a la gran cantidad de prisioneros (5.600, según sus cálculos). El ex uniformado asegura que sólo contó con personal de apoyo del CAE para custodiar el recinto, pero que en los subterráneos del edificio se constituyeron oficiales de Inteligencia de las distintas Fuerzas Armadas, cuyas identidades desconocía, ya que no habrían estado bajo su mando.
Esa es la razón con la que justificó haber montado una escena de terror para amedrentar a los detenidos. Colocó dos ametralladoras punto 50 –usadas en la Segunda Guerra Mundial- en los balcones del edificio, las que eran publicitadas por los parlantes como las “sierras de Hitler, capaz de partir a una persona en dos”. En el segundo piso también se instalaron potentes focos de luz, que permanecían encendidos día y noche, provocando que todos los que permanecieron al interior del Estadio perdieran la noción del tiempo.
Los primeros días de encierro fueron caóticos, ya que incluso se reventaron algunos alcantarillados, generando problemas de insalubridad. Tampoco tenían alimentos ni para los soldados ni menos para los prisioneros. La escasez de comida incluso provocó que los mismos militares saquearan negocios aledaños al recinto. Sólo al cuarto día, el 16 de septiembre, se recibieron algunas raciones para los soldados, según declaró el capitán David González Toro, encargado de abastecimiento del recinto.
Se desconoce la hora a la que ese miércoles 12 de septiembre arribaron los miembros de los servicios de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. Lo que sí se sabe es que, tras su llegada, comenzaron a interrogar a los detenidos. Todo se anotaba en una ficha previamente confeccionada, donde se consignaba el nombre, la cédula de identidad, domicilio, filiación política, antecedentes de la detención y observaciones. En la parte inferior del documento, se añadía un pronunciamiento del interrogador en el que debía calificarlo como prisionero bajo las siguientes premisas: ley de control de armas, marxista o comunista y sobre la necesidad o no de someterlo a Consejo de Guerra.
Según diversos testigos que han declarado en el caso, previo al traslado al Estadio Nacional hubo muchos hechos de violencia en contra de los prisioneros. Se ha determinado que al menos tres personas habrían perdido la vida en las graderías del recinto. Una persona de contextura pequeña y delgada que muchos confundieron con un niño y que en un acto de desesperación se abalanzó sobre un conscripto, quien reaccionó descargando una ráfaga en su abdomen. Según testimonios, el comandante Manríquez felicitó al soldado por su “heroica labor”. Otro prisionero se lanzó del segundo piso gritando ¡Viva Allende!, mientras que un hombre joven fue muerto a golpes de culata en su cabeza por haberse negado a cumplir órdenes de los militares.
A esta cifra se suman otras 15 personas que habrían sido acribilladas junto a Víctor Jara en los subterráneos del Estadio, según la confesión del primer hombre en ser individualizado por la justicia como uno de los autores del asesinato del destacado folclorista.
LOS HOMBRES DE TEJAS VERDES
En sus declaraciones, todos los conscriptos que viajaron desde la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes (dirigida entonces por el coronel Manuel Contreras) a Arsenales de Guerra, en Santiago, coinciden en que las tropas venían bajo el mando del capitán Germán Montero Valenzuela, sumando un contingente de aproximadamente un centenar de soldados y una veintena de oficiales.
El 12 de septiembre, al llegar al Estadio Chile, el contingente quedó a cargo del comandante Mario Manríquez. Entre los oficiales que participaron en esta misión, los conscriptos mencionan a los tenientes Nelson Haase y Rodrigo Rodríguez Fuschloger, y a un subteniente que tendrá un papel decisivo en el asesinato de Víctor Jara.
La primera confesión que obtuvo el juez Fuentes sobre el crimen fue la del ex conscripto José Alfonso Paredes Márquez (55 años). El entonces joven de 18 años llegó a Santiago durante la madrugada del 11 de septiembre de 1973, proveniente de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, donde desde abril de ese año realizaba su servicio militar.
Durante el día en que la vida de los chilenos se partió en dos, su sección fue enviada, al mando del teniente Pedro Barrientos, a custodiar el camino Padre Hurtado. Paredes dice haber sido una suerte de guardaespaldas del teniente Barrientos.
Al mediodía del 12 de septiembre, el contingente se trasladó, primero a Arsenales de Guerra y luego a la Universidad Técnica (actual USACH). Allí, pasadas las dos de la tarde, procedieron a trasladar a los detenidos al Estadio Chile. El mencionado oficial, junto a Paredes, acompañaron a bordo de un jeep la caravana de buses de la locomoción colectiva que trasladaron a los prisioneros. Una vez la misión cumplida, regresaron a Arsenales de Guerra.
El 16 de septiembre, cerca de las 18:00 horas, el escuadrón de militares llegó hasta el Estadio Chile, donde se presentaron ante un oficial de rango superior cuya identidad desconoce, quien les ordenó vigilar las casetas de transmisión del recinto. Y en el interior del Estadio, los otros conscriptos comentaban que ahí estaban detenidos el Director de Prisiones, Litre Quiroga; el cantautor Víctor Jara y el Director de Investigaciones, Eduardo “Coco” Paredes.
Siempre según la confesión de Paredes, al día siguiente fue enviado al sector del subterráneo. Y permaneció como centinela en la puerta de uno de los camarines destinados a los detenidos. En ese camarín había 5 ó 6 oficiales de otros regimientos, con tenida de combate, cuya identidad desconoce. Los vio escribir en unos papeles los datos que le respondía un detenido al que observó sentado frente a un escritorio. En otro ángulo del camarín, Paredes vio a otros prisioneros mirando hacia la pared.
Unas horas después, llegaron a la habitación el teniente Barrientos y el subteniente que bajo las órdenes de Haase y Rodríguez estaba a cargo de los conscriptos. Traían a un detenido. Fue entonces que dice haber sido llamado, junto al conscripto Francisco Quiroz Quiroz (55 años), y que se les comunicó que el detenido era Víctor Jara. El grupo lo comenzó a insultar por su condición de comunista. Paredes lo miró y lo reconoció. Víctor Jara quedó allí, en ese camarín, custodiado por Quiroz.
Más tarde, recordará el principal testigo, el teniente Barrientos lo mandó nuevamente al subterráneo, al mismo camarín. Pero esta vez Paredes no encontró a nadie: ni interrogadores ni detenidos y tampoco a Víctor Jara. Pasaron las horas hasta que Paredes vio nuevamente llegar a los oficiales interrogadores. La orden fue precisa: traer a los detenidos que figuraban en una lista que uno de los oficiales le entregó a un cabo. Y nuevamente el mismo procedimiento: interrogatorio y las anotaciones en cada una de las fichas.
Y llegó la noche. Paredes se encontraba de centinela en el mismo camarín del subterráneo cuando observó el ingresó de unos quince detenidos. Y entre ellos reconoció a Víctor Jara y también a Litre Quiroga. Ambos fueron lanzados contra la pared. Detrás de los prisioneros, Paredes vio llegar al teniente Nelson Haase y al subteniente que también estaba a cargo de los conscriptos. Y fue testigo del minuto preciso en que el mismo subteniente comenzó a jugar a la ruleta rusa con su revólver apoyado en la sien del cantautor. De allí salió el primer tiro mortal que impactó en su cráneo.
El cuerpo de Víctor Jara cayó al suelo de costado. Paredes observó cómo se convulsionaba. Y escuchó al subteniente ordenarle a él y a los otros conscriptos que descargaran ráfagas de fusiles en el cuerpo del artista. La orden se cumplió. Todo lo que ocurrió fue presenciado por Nelson Haase, quien se encontraba sentado detrás del escritorio de interrogación. Según el protocolo de autopsia, el cuerpo del cantautor tenía aproximadamente 44 impactos de bala en su cuerpo.
Pocos minutos después, el mismo subteniente que le disparó en la cabeza solicitó el retiro del cuerpo. Llegaron unos enfermeros con camilla, lo levantaron y metieron al interior de una bolsa y luego lo cargaron hasta la parte trasera de un vehículo militar estacionado en el patio del recinto, al costado nororiente.
No fue fácil para José Alfonso Paredes Márquez confesar ante el juez lo que vio y protagonizó. Primero fue renuente a reconocer su real participación en los hechos. Y finalmente se quebró, empezó su relato y ya no paró. Este obrero de la construcción que fabrica casas en la zona del litoral central, reveló haber guardado el secreto durante casi 36 años, sin siquiera habérselo contado a su mujer. También hizo una aclaración ante el juez: durante los días posteriores al golpe, y como trabajaban casi 24 horas al día, la oficialidad les entregaba estimulantes para evitar el sueño y el hambre, por lo cual su relato podía no ser exacto en las fechas.
Lo que Paredes y otros conscriptos sí recordaron fue lo que pasó luego que el cuerpo de Víctor Jara desapareció del camarín. Los otros 14 detenidos que venían con el cantautor y director teatral fueron acribillados con fusiles percutados por los propios conscriptos y oficiales presentes. Entre las víctimas cayó asesinado Litre Quiroga. Sus cuerpos también fueron cargados en el mismo vehículo. Poco después y al amparo de la noche, todos ellos fueron abandonados en la vía pública.
EL ÚLTIMO VÍA CRUCIS DE VÍCTOR JARA
Durante la reconstitución de los hechos, los testigos pudieron recrear el miedo y el caos reinante en el Estadio Chile, clima al que tampoco escapaban. Escenas que enlazadas permiten reconstruir en forma difusa las últimas horas de vida de Víctor Jara y en las que aparecen nuevamente personajes ya conocidos.
Durante sus cuatro días de cautiverio, Jara fue reconocido por un oficial de Ejército que se hacía llamar “El Príncipe”. Otros testigos señalan que ese reconocimiento lo hizo un militar que no coincide con las características del mítico personaje del Estado Chile (ver recuadro), quien fue descrito como de una estura superior a 1.80 metros, rubio, de tez blanca, cara redondeada y de contextura atlética.
En lo que sí coinciden los testimonios de los prisioneros es en que Víctor Jara fue interrogado al menos dos veces en los camarines del recinto, ubicados en la zona nororiente del subterráneo. Allí fue sometido a diversas torturas, entre ellas la fractura de sus manos a golpes de culata.
Tras la segunda de esas sesiones, Víctor Jara logró acercarse a personas que habían sido detenidas en la UTE, quienes lo limpiaron y trataron de cambiar su aspecto cubriéndolo con una chaqueta azul y cortándole su pelo negro rizado con un cortaúñas. Los últimos detenidos que lo vieron con vida han dicho que estaba muy golpeado, con la cara hinchada y sus manos fracturadas. Muchos coinciden en que durante el traslado al Estadio Nacional, que duró muchas horas, su cuerpo sin vida fue visto en el hall del recinto, junto a otros cadáveres.
Se estima que el cuerpo de Víctor Jara fue encontrado el 17 de septiembre en las afueras del Cementerio Metropolitano, por funcionarios de la Primera Comisaría de Carabineros de Renca, quienes lo trasladaron como N.N. al Instituto Médico Legal.
UN FUNERAL SIN FLORES Y EN SILENCIO
En los últimos meses de la investigación se han rescatado reveladores testimonios inéditos que ayudan a entender por qué, a diferencia de los otros prisioneros asesinados en el Estadio Chile, el cuerpo de Víctor Jara fue encontrado por su familia y pudo ser enterrado de manera clandestina en el Cementerio General.
Después de guardar silencio durante 35 años, Héctor Herrera Olguín, ex funcionario del Registro Civil y quien actualmente reside en Francia, relató ante el ministro Juan Eduardo Fuentes lo que vivió en esos días. Herrera explicó que el 15 de septiembre de 1973, el oficial designado como director interino del Registro Civil lo envió en comisión de servicio al Instituto Médico Legal (IML), lugar en donde se le ordenó medir, tomar las características físicas y las huellas de los cuerpos apostados en el estacionamiento del recinto.
Herrera calcula que había unos 300 muertos apostados en ese lugar, entre los cuales vio niños y mujeres. Unos veinticinco estaban rapados. Todos eran jóvenes. Le dijeron que correspondían a extranjeros. Durante todo el día Herrera vio llegar camiones del Ejército con más cuerpos. Y cada vez los mismos movimientos: los conscriptos los tiraban al suelo al interior del estacionamiento y luego, con algo más de delicadeza, funcionarios del IML los recogían y los apilaban en distintas partes de ese sector.
La investigación deberá determinar la fecha exacta en que fue asesinado Víctor Jara. Pero lo cierto es que el ex funcionario del Registro Civil recordó ante el juez que el 16 de septiembre, alrededor de las 9.00 horas, una persona a la que identifica como “Kiko”, oriundo de Chiloé, le señaló que entre los cuerpos apilados parecía estar el de Víctor Jara. Y con sigilo lo llevó frente al cuerpo. Al principio Héctor Herrera dudó que se tratara del mismo famoso cantautor. Estaba muy sucio, con tierra en las heridas, el cabello apelmazado entre tierra y sangre. A simple vista se le notaban heridas profundas en ambas manos y en la cara. Y tenía sus ojos abiertos, pero con una mirada tranquila. En una de sus muñecas vio un alambre con un pedazo de cartón donde estaba anotado “Octava Comisaría”.
Para salir de la duda, Héctor Herrera a escondidas anotó su número de ficha, sus características físicas y sus huellas dactilares. Para ello tuvo que abrir sus manos. No fue fácil: las tenía empuñadas, muy rígidas. Lo hizo con la ayuda de “Kiko”, comprometiéndose ambos a no decirle a nadie lo ocurrido. Terminada la misión, dejaron el cuerpo en el mismo lugar.
A primera hora del día siguiente, Herrera se fue directo a la sección dactiloscópica del Registro Civil, en calle General Mackenna. Allí y en la más completa reserva, le pidió a la funcionaria Gelda Leyton, que le buscase la ficha de Víctor Jara. A eso del mediodía, ambos comprobaron que efectivamente habían asesinado a Víctor Jara. Volvió a revisar los registros del cantautor. Y se percató que era casado. Anotó los datos de su esposa, Joan Turner Robert, y su dirección.
Ya había amanecido cuando el 18 de septiembre, en la casa de Víctor Jara, en calle Plazencia, en Las Condes, Joan Turner escuchó que alguien llamaba a su puerta. Salió a mirar desde una ventana del segundo piso. Un hombre al que no conocía le dijo que necesitaba hablar con Joan Turner. Ella bajó y se acercó a la reja de la casa. Herrera recuerda haberla visto muy nerviosa. Se identificó como funcionario del Registro Civil y le relató lo que había vivido.
Poco después ambos partieron de la casa en la renoleta de Joan Turner en dirección al IML. Entraron juntos. Pero no encontraron el cuerpo de Víctor Jara en el lugar donde Herrera recordaba muy bien haberlo dejado la tarde anterior. Se inició la búsqueda. Y llegaron al segundo piso del edificio, sitio a donde habían llevado los cadáveres que estaban para las llamadas “autopsias económicas”. En el lugar Nº 20 estaba el folclorista. El cuerpo fue abrazado por su esposa, quien lloró en silencio tratando de no despertar sospechas. Estaba muy consciente de que no tenía autorización alguna para estar ahí.
El trámite del certificado de defunción lo realizaron en el primer piso. Para poder sacar el cuerpo en día feriado, Herrera invocó su calidad de funcionario del Registro Civil. Al ser consultado en la ventanilla por la causa de muerte y fecha de la misma, requisito indispensable para llenar el documento de defunción, Herrera sólo atino a decir que falleció por herida de bala el 14 de septiembre a las 5:00 horas. Fue el apresurado cálculo que logró hacer en esos pocos minutos al recordar que el cuerpo de Víctor Jara habría llegado al IML antes que él lo descubriera. La hora la sacó de un poema que le vino a la memoria sobre fusilados.
Como el cuerpo debía ser sacado en una urna y la esposa de Víctor no tenía dinero para comprarla, Héctor Herrera se contactó con su amigo Héctor Ibaceta Espinoza, a quien le pidió ayuda. Juntos fueron hasta calle Agustinas, en el centro de Santiago, a buscar el dinero. Pero Ibaceta decidió acompañarlos.
Alrededor del mediodía de ese 18 de septiembre, llegaron con el ataúd al IML. Sólo los dos hombres ingresaron a buscar el cuerpo de Víctor Jara. Su cadáver desnudo fue trasladado en una camilla metálica con su ropa doblada a los pies. Recogieron el cuerpo y lo pusieron dentro de la urna. La ropa fue depositada a sus pies. Lo cubrieron con un poncho nortino que traían y encima la mortaja. Cerraron la urna. El ataúd lo ubicaron en una sala que se utilizaba como velatorio.
-Nos prendieron unas cuatro ampolletas e hicimos entrar a Joan para que se quedara a solas con él, para que se despidiera de su marido. Estuvo alrededor de una hora –recordó el ex funcionario del Registro Civil.
Herrera agregó: “Posteriormente, concurrí al Cementerio General, ubicado al frente, para solicitar un carrito para trasladar el cuerpo, ya que era muy caro hacerlo en una carroza. Una señorita me indicó que no se podía hacer eso, pero al ver el nombre del occiso me dijo que para él sí se podía. Volví al IML en compañía de un funcionario del Cementerio. Entre los cuatro colocamos el ataúd en el carro y lo trasladamos al campo santo, enterrando a Víctor Jara en un modesto nicho al final del recinto donde se encuentra hasta hoy. Fue enterrado sin flores y con la sola presencia de nosotros tres”.
Héctor Herrera siguió trabajando en el Registro Civil hasta 1975. Desde 1969 y hasta el día en que se fue se desempeñó en el departamento de Carné de Identidad. Debió abandonar el país como miles de otros chilenos llevando consigo un secreto que Joan Turner también guardó para protegerlo y que hoy le pertenece a todos los chilenos que podrán cantar con nuevas esperanzas “Levántate y mírate las manos. Para crecer, estréchala a tu hermano”.
El oficial al que llamaban “Príncipe”
Casi como mito urbano, la figura de un despiadado oficial de Ejército, de contextura atlética, estatura superior a 1.80 metros, ojos claros y pelo rubio, quien habría vociferado entre los detenidos que no necesitaba micrófono para hablar porque tenía “voz de príncipe”, ha sido adjudicada a por lo menos dos ex militares que habrían estado entre los uniformados que custodiaron el Estadio Chile.
Varios de los detenidos han declarado que este fue el uniformado que más se ensañó con Víctor Jara, siendo uno de los primeros que apartó desde el grupo de detenidos de la UTE. Algunos de los testimonios apuntaron al ex agente de la DINA Miguel Krassnof Martchenko como el que actuó en contra del cantautor. Sin embargo, otros lo niegan rotundamente, ya que señalan que es más bajo de estatura (1.70 metros aproximadamente) y que su color de pelo es más oscuro que el militar que se ha tratado de identificar.
Con el correr de los años, surgió otra identidad que podía corresponder a “El Príncipe”, la del ex teniente Edwin Dimter Bianchi, quien fue uno de los militares detenidos por la sublevación del Regimiento Tacna en junio de 1973, movimiento golpista que fue desarticulado, dando origen al llamado “Tanquetazo”. En ese episodio Dimter ingresó con un tanque hasta el Ministerio de Defensa.
Efectivamente, Dimter coincide con las características del Príncipe, pero varios de los testigos que estuvieron detenidos en el Estadio Chile también han descartado que se trate de la misma persona.
Lo importante es que fue el propio Dimter, con su primera declaración judicial de 2006, quien dio luces sobre otros oficiales que también podrían corresponder a la identidad de “El Príncipe”. El ex uniformado, quien fue expulsado del Ejército en 1976 por diversos actos de indisciplina, reconoce haber custodiado a los prisioneros de ese recinto, pero asegura no haber tenido relación con las golpizas y el asesinato de Víctor Jara.
Acto seguido, señala que él no era el único oficial con esas características, y que al menos habían otros dos que podían coincidir con las señas de “El Príncipe”: los entonces tenientes Rodrigo Rodríguez Fuschloger y Nelson Edgardo Haase Mazzei, ambos de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes. Este último oficial (R) fue mencionado en la declaración del primer conscripto confeso de participar en el crimen.
Aunque Haase, al ser interrogado en el caso, negó rotundamente haber estado en el Estadio Chile, declaraciones de otros oficiales presentes en el recinto respaldan la versión de Dimter.
Haase fue uno de los hombres de confianza del ex jefe de la DINA, Manuel Contreras, y fue jefe del recinto de detención clandestino ubicado en calle Bilbao, conocido como “Cuartel Bilbao”. Diversos testimonios y documentos, entre ellos el entregado por la agente de la DINA Luz Arce, indican que el inmueble –habilitado desde 1976- tenía como fachada un aviso luminoso que decía “Implacate”.
El historial del teniente también lo registra como miembro de la Sociedad Pedro Diet Lobos, pantalla comercial de la DINA para encubrir actividades tanto en Chile como afuera del país. A lo largo de los años, quienes sobrevivieron lo han descrito como arrogante, prepotente y despiadado; de hecho se llegó a decir que se enorgullecía de llevar permanentemente en su automóvil una picota para usarla en los allanamientos.
Las pocas veces que Haase salió de su anonimato en los últimos años fue cuando –junto a otros ex uniformados- manifestó públicamente su total respaldo a la sublevación del general (r) Raúl Iturriaga Newman, quien intentó evadir la primera condena de cárcel efectiva en su contra, por el crimen del militante del MIR Dagoberto San Martín Vergara, según consta en la página del “Movimiento 10 de septiembre”.
Tras retirarse del Ejército, el ex uniformado formó en 1994 una empresa de cajas de madera para vinos de exportación, llamada Envases Haase o Envases Exportables. Desde entonces es proveedor de varias de las empresas del rubro, lo que le ha permitido codearse con ese ambiente. De hecho, el 2007 participó en el Quinto Campeonato de Golf “Copa Viñas de Chile”, en el Club de Golf Los Leones, a beneficio de la Fundación Escúchame. En el website de esta última aparece una foto del equipo de “Envases Exportables”, en la que Nelson Haase figura junto al ex vicecomandante en jefe del Ejército, general (r) Guillermo Garin, el brigadier general (r) Juan Lucar y el ex jefe del Estado Mayor del Ejército, general (r) Richard Quaas.
La esposa de Haase, María Isabel Blaña Lüttecke, recibió del Ministerio de Agricultura $ 5.595.466 en febrero y abril de este año, en virtud de un “Programa Sistema de Incentivos para la Recuperación de Suelos Degradados”, según consta en la información de transparencia activa de esa cartera.