martes, 24 de junio de 2014

La profecía de George Orwell: manipulación mental en masa.




George Orwell


José Carlos Fernández

 
La idea de que podamos ser manipulados en aras de oscuros intereses sin ser conscientes de ello traspasa la barrera de la ficción y se asoma como posibilidad al mundo real bajo el análisis del autor.


Todos nos sentimos estremecidos al leer 1984, de George Orwell, o al presenciar alguna de sus versiones en cine. La manipulación mental en masa, la pérdida del sentido de individualidad, el alma vaciada de cualquier impulso generoso e idealista, la traición a nuestras íntimas convicciones y a aquellos a quienes amamos, forman parte del escenario de terror de esta obra. En ella, Orwell alertaba del peligro del comunismo staliniano y sus métodos de manipulación y destrucción del ánimo basándose en el miedo. Critica también la pérdida de palabras del lenguaje, la vulgarización de las expresiones y, algo aún peor, la introducción de palabras y estructuras lingüísticas que no corresponden a ningún significado o que desestructuran la mente, como si fuesen virus informáticos. Un ejemplo, en esta lengua, que Orwell llamó Novilingua, es la palabra Duplipensar, que es “la capacidad de guardar simultáneamente en la cabeza dos creencias contradictorias y de aceptarlas ambas, sin conflicto”. Esto significa la pérdida de la inteligencia y de la libertad interior, la incapacidad de elegir, de meditar y seleccionar según un criterio propio aquello que creemos más válido, más cierto.


Resulta curioso comprobar que muchas de estas palabras son muy semejantes en estructura a las simplificaciones propias de los términos informáticos, lo que no sería alarmante si después estos términos no pasaran a la lengua cotidiana. En resumen, estamos ¿“in” o “out”?, o es que quizás vamos a tener que “reiniciarnos”, porque tenemos un hacker que nos está provocando dolor de cabeza.


Como decía Séneca, sabemos que es la vida quien configura la lengua, pero también es cierto que el cómo hablamos expresa nuestra visión del mundo. El sumergirnos en la literatura clásica nos permite no olvidar una visión poética de la vida, y el universo mental de un Shakespeare, Camões, Cervantes o Tolstoi es tan pletórico de matices y colores, que el nuestro, en comparación, es grisáceo y sin demasiados tonos. Retirar antónimos y sinónimos de los diccionarios, como hacía el Gran Hermano en la obra de Orwell, era un modo de idiotizar y hacer más mansos a los ciudadanos, y por desgracia, comprobamos hasta qué punto fue certera su visión del futuro.


El libro 1984 es una metáfora de nuestras sociedades modernas y los sistemas de control de masas, omnipresentes –como el Gran Hermano– en la sociedad de consumo y globalización económica actual. George Orwell combatió denodadamente contra la enfermedad que lo devoraba, la tuberculosis, para poder terminar su escrito alertando así a sus contemporáneos y a las futuras generaciones del peligro que corrían. Demostró una gran agudeza al prever el poder de la televisión y su posición sagrada en el altar donde otrora brillaba el fuego del hogar. Teletela, la llama él, y sirve, no solo para ser “sorbido” mentalmente, sino también para ser vigilado por las autoridades.

 

 

Cuando toda resistencia es vencida

 

Y sin embargo, es quizás solo ahora cuando nos encontramos con la más pavorosa de sus predicciones. ¿Recuerdan la habitación 101 donde Wingston Smith es torturado y cede a las exigencias de sus verdugos, renunciando a todo aquello que ama, a su propia alma e identidad, pues el terror le hace vaciarse, dejar de ser, besar las manos y rendir culto a quien le destruye? Este es el Gran Hermano, el dios y tótem, cristalizada imagen de la caverna platónica. Y es que esta obra es una versión dramática, sociopolítica y fundamentada en hechos históricos de la alegoría platónica de las almas-sombras encadenadas y esclavas de la propia caverna, que, como la sociedad globalizada hoy, se protege a sí misma triturando conciencias y huesos. Wingston Smith, símbolo en esta obra de “El último hombre de Europa” (este era el título original del libro de Orwell), había superado todo tipo de torturas, fiel a su alma, fiel a su amada Julia y fiel a su odio a un sistema deshumanizante. Pero en esta habitacion 101 sus verdugos penetran en las profundidades del inconsciente y hallan cuál es para cada uno el más terrible y pavoroso de todos los miedos, y ellos le dan forma. Es una sala de torturas personalizada para quebrar toda resistencia.

 
Estos son los conocimientos que ahora comienzan a despuntar en el horizonte de nuestro mundo, moralmente en ruinas. Lo triste es que se trata de técnicas de magnífica ayuda al prójimo y de cuyos beneficios todos nos servimos, pero hay ya sombras que nos hacen sospechar lo peor. La Resonancia Magnética, la Tomografía Axial Computerizada (TAC) y la Tomografía por Emisión de Positrones (PET) permiten un diagnóstico y análisis del organismo “en tiempo real” y con una precisión asombrosa para detectar cualquier anomalía o tumor. Los datos que suministran están siendo especialmente reveladores también en el estudio de las momias, y nos están permitiendo descifrar los secretos de cómo funciona el cerebro. Una de estas revelaciones cuyas consecuencias aún no han sido suficientemente calibradas es, por ejemplo, la que ha originado el experimento con una joven británica en estado vegetativo desde hace varios meses, trabajos efectuados por Steven Laureys, de la Universidad de Lieja, y Adrian Owen, de Cambridge. Se animaba a esta paciente en coma –y por tanto, según las teorías actuales, sumergida en la más profunda inconsciencia– a que imaginase un recorrido por su casa o una partida de tenis, y las imágenes de actividad cerebral que aparecían en el escáner de resonancia magnética coincidían con las de un grupo testigo de personas conscientes. Si esto es cierto, resulta que los pacientes que se hallan en coma, aunque no tienen ningún tipo de actividad motora voluntaria, sí son conscientes y saben lo que hablamos y, ¿quién sabe?, quizás también lo que pensamos, puesto que es posible que no se hallen estrictamente dentro del cuerpo físico, sino solo cercanos a él.


La desgracia es que en un mundo contaminado, física y moralmente, los mejores esfuerzos son contaminados por el interés y deseo de lucro, sin importar cuán devastador pueda esto ser para la condición humana. Y no olvidemos que la única verdadera calidad de vida es la que respeta el sentido de humanidad y sus valores. Es decir, sin moral no hay calidad de vida; como mucho, puede haber calidad de consumo, o sea, pan para hoy y terror para mañana. Como expresó un sabio hindú, cuyo nombre responde a las iniciales K.H., “Vivir es aspirar, crear, transformarse y triunfar. Todo lo demás es detestable vegetar en una ignominiosa supervivencia en la indignidad, la abyeccion y el caos...".
¿Quién nos defenderá de aquellos que ya perdieron sus escrúpulos, de aquellos que pueden hacer curvarse las leyes y las instituciones ante su poder, y para quienes el mundo entero es como un monopoly en que se puede comprar y vender?

 

 

La mente: una caja de seguridad abierta

 

Extractamos fragmentos de una noticia redactada en el periódico El Mundo, el 2 de diciembre de 2006, destacando en negrita y subrayando lo que nos interesa:


La mente era, hasta hace poco, la gran caja de seguridad que encerraba la solución a estos y otros enigmas, inaccesibles para la ciencia. El misterio se está empezando a desvelar gracias a las nuevas técnicas de diagnóstico por imagen. Los escáneres están penetrando sin pudor en la intimidad del cerebro y descubriendo que la razón de que unas personas se comporten de forma diferente a otras, de que enfermen o de que no respondan de igual manera a un tratamiento no es fruto de la casualidad, sino que está escrito en su estructura.


Muchas de estas 'verdades' se han dado a conocer esta semana en la 92 reunión de la Sociedad Radiológica Americana (RSNA, sus siglas en inglés), la gran feria de la tecnología del diagnóstico por imagen que cada año reúne en la ciudad de Chicago (EE.UU.) a más de 60.000 profesionales de multitud de disciplinas médicas llegados de todo el mundo.


Puede que a la próxima edición de la RSNA acudan también los ejecutivos de las empresas de marketing. Una de las investigaciones más llamativas presentadas en esta última ha sido un estudio alemán que ha evaluado mediante la resonancia magnética (RM) qué zonas del cerebro se activan en la mente cuando se nos presenta un producto de una potente marca.


Según explicó en el congreso Christine Born, radióloga del hospital universitario Ludwig-Maximilians de Munich, nuestra mente podría determinar qué coche nos compramos antes incluso de que nos hayamos sacado el carné de conducir y nos planteemos esa posibilidad. Este estudio pionero revela que ciertas marcas comerciales desencadenan una fuerte actividad cerebral que otras no logran despertar, independientemente del tipo de producto.


El trabajo abre la posibilidad de que las modernas técnicas de imagen vayan un paso más allá de los sondeos de opinión y de los estudios de mercado a la hora de conocer los gustos del consumidor. De hecho, pueden complementar otros métodos que se emplean en un área emergente: la neuroeconomía.


«Nuestra investigación revela que existe un proceso mental anterior al hecho de la compra y que tiene que ver en cómo se perciben y procesan las marcas en el cerebro», explicó Born, para quien este tipo de estudios puede ayudar a «comprender mejor las necesidades y demandas de los distintos grupos sociales y para mejorar su calidad de vida».


Lo primero, decir que no sabemos qué mueve a una profesion tan noble y útil como es la radiología, destinada a diagnosticar la salud o la enfermedad, a preocuparse tanto por cómo se puede determinar el coche que nos compraremos, años antes siquiera de tener el carnet de conducir.

 
Lo segundo, el último párrafo subrayado debe de ser una ironía o una broma de mal gusto, o quizás esta figura del lenguaje que se llama eufemismo, y que la Wikipedia define como figura de estilo que consiste en suavizar la expresión de una idea molesta sustituyendo el término contundente por palabras o circunlocuciones menos desagradables o más pulidas (o quizás más convenientes al interés de cada uno).


¿Desde cuándo el marketing se ha ocupado en comprender mejor las necesidades y demandas de los distintos grupos sociales y mejorar la calidad de vida, en vez de, hablando llanamente, saber cómo mejor vender un producto? La calidad de vida de la que se habla aquí no es, desde luego, la que pensamos nosotros, y que ya explicamos antes, sino la que utilitariamente establece la pirámide de Maslow, para quien, por cierto, el hombre no es un dios encadenado, sino un atado de deseos e instintos estructurados consciente o inconscientemente en torno al propio egoísmo, dentro de la mente humana.

 
Triste visión de la naturaleza humana, que tanto dolor está causando. Es claro que se avecinan tiempos duros en que va a ser cada vez más difícil pensar con claridad y cordura, por uno mismo y según el propio criterio, saliendo de la masa oscura y anónima de la indefinición y la inercia. Y, sin embargo, ese es, según todos los sabios, nuestro verdadero destino, nuestra única opción... humana.

domingo, 8 de junio de 2014

Puntuaciones acerca de lo Nacional y Popular


Por: Luis Bruschtein


La creación de una nueva secretaría en el ámbito del Ministerio de Cultura generó una metralla de ironías, comentarios socarrones y algunas críticas.

El nombre es un poco pomposo, pero los desprecios apuntaron al fondo de la cuestión y la mayoría, con mucha ignorancia.

Hubo quienes le auguraron al nuevo secretario, el filósofo Ricardo Forster, un descenso fulminante del mundo académico al de la plebe.

En algunos ámbitos la palabra “nacional” eriza los pelos, se la relaciona con los flor de ceibo”, como se les decía despectivamente a los intelectuales peronistas “porque crecen en cualquier parte” y no son “cultivados”.

Son expresiones de otros tiempos en que se despreciaban las formas de pensamiento que trataban de vincularse con los movimientos populares. La cultura argentina tiene un rasgo dominante a izquierda y derecha, desde liberales a conservadores.

“No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza. El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior, mientras ésta no se vale de su sumisión para dañarle, o le ofende prescindiendo de él... Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos de su país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante en un pueblo nuevo quiere decir creador.” No era Sarmiento el que escribía así.

Era José Martí, que publicó Nuestra América en parte como respuesta a la Civilización y barbarie de Sarmiento.

“Las razas americanas viven en la ociosidad, y se muestran incapaces, aun por medio de la compulsión, para dedicarse a un trabajo duro y seguido. Esto sugirió la idea de introducir negros en América, que tan fatales resultados ha producido”, decía Sarmiento para quien la civilización estaba expresada en Europa y en Norteamérica y la barbarie en América latina y el resto del mundo. Son dos visiones de la misma realidad, la de Martí y la de Sarmiento.

Sarmiento era “nacionalporque había nacido en Argentina. José Martí no, porque era cubano de origen español.

El pensamiento no tiene nacionalidad. La génesis cultural argentina se desarrolló bajo la poderosa impronta del pensamiento sarmientino: una cultura “nacional” que renegaba de lo “nacional”.

Casi todos sus análisis eran etnicistas y supremacistas, planteaba la supremacía de europeos y norteamericanos sobre indios, criollos, mestizos y españoles, etnias, culturas y nacionalidades que formaban la Nación Argentina.

Sarmiento era “nacional” porque había nacido en Argentina, pero cuando se expresaba despectivamente de indios y criollos, de sus costumbres y hasta de su aspecto físico, nadie puede decir que su pensamiento reivindicara esos caracteres que también eran “nacionales”.

Se puede decir que Sarmiento era “nacional” por su origen, pero que el contenido de su pensamiento no era “nacional”.

En Nuestra América, José Martí dice que “ni el libro europeo ni el libro yankee daban la clave del enigma hispanoamericano. Se probó el odio y los países venían cada año a menos (...) De nuestra América se sabe menos de lo que urge saber, aun por aquellos que fungen de opinadores en las cosas públicas y celebran a los Estados Unidos con tanta pasión como la que ponen en denigrar a los demás pueblos de América”.

Martí no era “nacional” porque no había nacido en Argentina, pero reivindicaba los componentes culturales nacionales, en este caso, de los pueblos que componían la Nación Latinoamericana.

Era un extranjero que tenía un pensamiento “nacional”. De alguna forma hay que llamarlo y no es por el origen, sino por sus contenidos.

Con el pensamiento marxista o de izquierda hubo un proceso parecido. José Carlos Mariátegui era peruano, no era “nacional”, pero decía que el socialismo se construía a partir de las experiencias de las culturas originarias latinoamericanas, de las comunidades ayllu incaicas. Victorio Codovilla y Juan B. Justo fueron los fundadores en Argentina del Partido Comunista y el Socialista, respectivamente.

Codovilla era uno de los dirigentes más importantes de la Komintern, que era controlada por la URSS. Primero era de la Komintern y después del PCA, y de hecho, sus restos quedaron en el Kremlin de Moscú.

Su pensamiento se enfocaba desde Moscú para mirar a la Argentina, e incluso para mirar Latinoamérica, donde la Komintern se opuso a la lucha de Augusto Sandino en Nicaragua y al gobierno nacionalista de Lázaro Cárdenas en México, entre algunas de las causas populares que molestaban a la URSS.

Juan B. Justo era un admirador de los Estados Unidos y pensaba que cuando ese país invadía a otro latinoamericano, estaba llevando el progreso.

Mariátegui era peruano, no era “nacional” por origen, pero pensaba con ese contenido. Codovilla y Juan B. Justo, en cambio, eran argentinos, pero cada uno enfocaba su pensamiento desde otro centro de interés o punto de vista.

Sin embargo, entre los comunistas hubo pensadores como Rodolfo Puiggrós, que tenía una visión “nacionalopuesta a la de Codovilla.

Y lo mismo en el socialismo, donde Manuel Ugarte tenía una mirada antiimperialista y latinoamericanista opuesta a la de Juan B. Justo.

Puiggrós y Ugarte fueron expulsados de sus partidos, donde primaron las otras miradas. Los dos se mantuvieron fieles a su pensamiento, lo que no fue obstáculo para que Perón designara a Puiggrós al frente de la UBA y a Ugarte como embajador. En esa idea nacional confluyen marxistas, cristianos, humanistas, radicales y otras corrientes de pensamiento.

El pensamiento “nacional” no es el pensamiento “argentino”. Sería como decir que los existencialistas vienen de un país que se llama “Existencia”.

El pensamiento argentino es mucho más amplio y diverso.

Dentro del pensamiento “argentino”, el pensamiento “nacional” siempre fue una minoría, quizá por esa poderosa impronta que le dejó Sarmiento y que termina de cuajar en el proyecto de Roca y la generación del ’80 y después en los decantamientos que se van produciendo en las izquierdas locales que asumen en forma íntegra y acrítica la carga sarmientina despreciativa de ese acervo cultural identitario.

Las imágenes del “cabecita negra”, del “grasa”, o del “aluvión zoológico” que describen al obrero peronista se emparientan con algunas descripciones que hace Sarmiento del gaucho y los indios en el Facundo, civilización y barbarie.

En todos los países de América latina hay corrientes de pensamiento que expresan supremacías y que ocultan o justifican esquemas de dominación de clase o de preponderancia de culturas extranjeras.

En países donde la inmensa mayoría es mestiza o de pueblos originarios, los funcionarios son blancos y la educación, las publicidades y los medios de comunicación promueven pautas y valores que relegan y desprecian a esas mayorías para que se asuman como inferiores.

El primer gobierno originario de América latina es el de Evo Morales en Bolivia y tuvieron que pasar 200 años desde la Independencia.

En Nuestra América, José Martí no habla de supremacía de una identidad cultural sobre otra –como hace Sarmiento–, sino de la necesidad de que cada quien asuma la suya como comienzo liberador.

Es el ABC. Las ideologías de dominación buscan que las mayorías se sientan inferiores para poder dominarlas. “Nacionales una forma de definir la búsqueda de esos hitos de identidad para construir formas de relacionamiento igualitarias con otras identidades y formas culturales distintas.

Hay otro párrafo del escrito de Martí que dice:

“La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras Repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras Repúblicas”.

Lo nacional en América latina no tiene nada que ver con el franquismo, aunque usen el mismo adjetivo, ni con el ser nacional del militarismo.

En América latina, lo nacional está relacionado siempre con sectores populares de obreros, campesinos, criollos, inmigrantes y pueblos originarios y con una idea de comunión latinoamericana.

Cuando se habla de nacional y popular en América latina se piensa en esos términos. Pero en Argentina la academia está más acostumbrada a comparar todo con Europa y Estados Unidos.

sábado, 7 de junio de 2014

Las políticas del mal





Francisco RIVAS LINARES

 

“Las presiones y la responsabilidad que conlleva

el poder termina afectando a la mente. El poder

intoxica tanto que termina afectando al juicio

de los dirigentes”

Lord Owen. ‘En la enfermedad y en el poder’

 

 

Carlos Fuentes publicó en 2002 un conjunto de textos que constituían una síntesis de sus reflexiones en torno a diversos tópicos: literarios, filosóficos, políticos, educativos etc. El título de la obra, “En esto creo”, nos sugiere un breviario de sus personales divagaciones.

 

Después del tema inaugural, “Amistad”, explaya un conjunto de conceptos en torno al “Amor”. De aquí tomo la siguiente cita: “En la vida política es posible convencerse de que se actúa por amor a un pueblo para acabar destruyendo a ese pueblo y concitando el odio…” Y ejemplifica: “Hitler declaró que practicaría, para procurar el bien, una política del mal…”

 

Carlos Fuentes se valió de este ejemplo para contraponerlo con Stalin, “…quien se envolvía en la bandera de una ideología occidental humanista para perpetrar un mal comparable al de Hitler, pero que no se atrevió a decir su nombre.”

 

Toda proporción guardada, los gobernantes de los últimos treinta años nos han estado aplicando las políticas neoliberales dictadas desde el exterior con bastante rigor, al amparo de una falsa justificación: el amor al pueblo. Disertan sobre el progreso, la generación de empleos, la satisfacción de las demandas apremiantes, etc.; de ahí sus slogans: Por la renovación moral de la sociedad; Que hable México; Bienestar para tu familia; El voto del cambio; Para que vivamos mejor; El presidente del empleo; Mi compromiso por México; Te lo firmo y te lo cumplo”.

 

Ninguno ha sido congruente con sus lemas, todo redunda en sus opuestos; es decir, procurar lo que para ellos es el bien con una política que se traduce en un daño social. Y eso ha venido incubando odios y resentimientos.

 

Los políticos, en sus afanes de no saber, han estado agrediendo con sus decisiones al pueblo, al que hunden cada vez más en un laberinto precario. Y cuando se les cuestiona al respecto, ofrecen respuestas carentes de toda lógica confundiendo a la audiencia con cifras y conceptos de nulo entendimiento.

 

Con un lenguaje atropellado y demagógico, sostienen a rajatabla que todas las reformas habrán de traer bienestar a la nación. ¿Qué beneficios trajo consigo el Tratado de Libre Comercio? ¿La privatización de las empresas paraestatales como los ingenios azucareros, la Siderúrgica Lázaro Cárdenas-Las Truchas, la minería, Ferrocarriles, Telefonía etc.? ¿Qué le redituó a México la entrega de la banca a los extranjeros? ¿Y qué la reforma agraria que hizo posible la venta de los ejidos?

 

¿Cuáles han sido las mejoras en el sector salud con las reformas al régimen pensionario del IMSS y del ISSSTE? ¿Qué beneficios obtuvieron los trabajadores con la reforma laboral? ¿Y qué de la alternancia en el poder con Vicente Fox y Felipe Calderón?

 

Y sin embargo todos han pretendido hacernos creer que lo hacen por amor a México aunque con su complemento hitleriano: destruyendo al pueblo y concitando el odio.

 

Y siguen los “reformones” con el mismo garlito. Dijo Peña Nieto el 13 de febrero del presente año en la reunión que tuvo con los banqueros: “México está en movimiento. México avanza por la ruta correcta, por la ruta de la transformación” Y nos quedamos mondos lirones porque ya lo dijo el presidente. ¿Hasta cuándo nos daremos cuenta que corrupción no sólo es robar sino premiar con nuestro silencio las falsedades y burlas de políticos aventureros que carecen de escrúpulos?

 

En ocasiones me parece que el poder del gobierno no reside en las instituciones, sino en la desidia, en la abulia, en la apatía de los ciudadanos. No sé si es cansancio o falta de voluntad, pero tal vez sea tiempo de cambiar de actitud.

viernes, 30 de mayo de 2014

¿Qué hacemos con los pobres?




Francisco RIVAS LINARES

 

“De forma nefasta, el clero paga motines pretorianos

en efectivo con el dinero del pueblo mexicano, que lo

 ha dado para alimento o cobijo de pobres y menesterosos”

Ignacio Ramírez, el Nigromante.

 

 

En una carta fechada el 25 de octubre de 1875, Ignacio Ramírez, “El Nigromante”,  le preguntó al gobernador del estado de México, Carlos Olaguibel de Arista ¿qué hacemos con los pobres? Las carencias en que se debatían los marginados hacían posible un sisma social de alto riesgo para la nación, ante el acecho de potencias extranjeras, ávidas de extender sus dominios imperiales. 

La pregunta era fundamental por remitir a cuestiones elementales sobre las condiciones que prevalecían en ese momento y, por lo tanto, exigía una respuesta traducida en acciones. Afrontar el tamaño del problema planteado constituía un desafío sofocante e incómodo que requería un trabajo intenso.

La Doctora en Filosofía y Letras, Julieta Campos, replanteó la interpelación adoptándola como título para su ensayo publicado en 1995: ¿Qué hacemos con los pobres? La reiterada querella por la nación. La pregunta central y absoluta trata de encontrar respuestas en más de 600 páginas distribuidas en trece capítulos, en los que impugna a los liberales del siglo XIX quienes atrevida y groseramente  culpaban a los mismos pobres de su pobreza, a la clase política postrevolucionaria que antepuso su interés por la consolidación de un poder egocentrista con poca atención hacia las mayorías, y a los dogmas tecnocráticos impuestos por los neoliberales del capitalismo salvaje.

Ahora, ya en el siglo XXI, la Universidad Autónoma de México (UNAM) organizó y realizó del 21 al 23 de mayo un coloquio denominado Los grandes problemas nacionales. Con personajes de diferente corte ideológico, académico y político, se plantearon temas como Educación, Estado de derecho, Corrupción, Economía y –por supuesto- la Pobreza.

Hablaré sobre este último concediéndome la licencia de tomar posesión de la pregunta comentada: ¿Qué hacemos con los pobres?

El flagelo de la pobreza se ha constituido en un problema histórico irresoluble. Un pesado fardo del que la sociedad mexicana no ha podido liberarse y que constituye una de nuestras más agudas vergüenzas por el trato manipulador con que se le ha investido.

Julio Boltvinik y Gerardo Esquivel en el coloquio  mencionado, hicieron una exposición amplia sobre sus factores causales y cuya disipación poco ha interesado tanto a los gobiernos de antaño como a los actuales, por lo que representan en términos de sufragios.

Cifras engañosas se difunden a través de los medios ex profesos, atemperando el escándalo que provocaría, de publicarse con veracidad: “97 millones 440 mil mexicanos están fregados, pues viven con carencias y tienen necesidades insatisfechas…”  Fregados, tal es el adverbio utilizado por Boltvinik para dar mayor énfasis a la aseveración.

La cifra de marras son el resultado de un estudio sustentado en la aplicación del Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP), el cual considera los indicadores siguientes: educación, salud y seguridad social; ingresos; vivienda; servicios sanitarios de la vivienda; energía doméstica; eliminación de basura y bienes durables.

Hoy estamos más fregados que hace 50 años, se concluye en la mesa. Y esto es atribuible a los problemas estructurales de la economía, los cuales no han sido superados por el empeño en mantener una política azas injusta. El crecimiento económico va en franca picada, pues de 3.9 previsto para el presente año, se ha tenido que reajustar a 2.7 por ciento.

Otros factores que inciden negativamente, son: la condición excluyente de la economía y los programas sociales ineficientes. Aquél por nuestra condición de alto rango de desigualdad e inequidad y que refuerza a la pobreza. Y el segundo por el tinte electorero que han conservado programas como Coplamar, Pronasol, Procampo, Oportunidades, y la novedosa y mediática Cruzada Nacional contra el Hambre.

Escribe el investigador Lorenzo Meyer: “La pobreza es a la vez la raíz y el resultado de la serie de fracasos que, como cuentas de un trágico rosario, forman la herencia que han dejado los sucesivos grupos gobernantes que desde el siglo XVIII han buscado modernizar a México presentando el interés de quienes ejercen el poder como el interés general de la nación.”

¿Qué hacemos con los pobres? Se mantiene vigente la interrogante por la falta de interés para generar  empleos con remuneración suficiente; reducir la corrupción a tasa 0%; combatir a los evasores fiscales; destinar inversión en tecnologías agropecuarias sustentables; capacitar para el trabajo; superar la mediocridad del sistema educativo con contenidos curriculares de alto rango; establecer el sistema nacional de salud fusionando Seguro Social, Issste, Seguro Popular, etc.; eliminar programas utilizados para clientelismo político; en fin, que todos tengamos acceso efectivo y universal a los derechos sociales como lo establece la Constitución.

Mientras el gobierno se empeñe en promover reformas que sólo benefician a la élite del poder económico, seguiremos planteándonos la clásica interrogante: ¿Qué hacemos con los pobres?

lunes, 28 de abril de 2014

La historia negra de Juan Pablo II, encubridor de pedófilos, canonizado junto a Juan XXIII



Se ha promovido a santo a un hombre con las manos sucias, que encubrió a violadores de niños y legitimó a dictadores que dejaron millares de muertos en el camino. Foto Ap


Eduardo Febbro

Desde Roma

¿Víctimas? ¿Qué víctimas?, preguntó el cardenal Velasio de Paolis. Luego agregó: No sólo están esas víctimas. Después hubo un silencio de cuerpo y alma seguido por la mirada un tanto extraviada del superior general de los Legionarios de Cristo, nombrado en 2010 a ese cargo por el entonces papa Jozef Ratzinger. A la pregunta de De Paolis le siguió una respuesta: las víctimas no eran sólo los miles de menores que sufrieron los apetitos sexuales de las sotanas hipócritas, sino también el mismo Vaticano. Las víctimas no eran únicamente los menores o adultos abusados y violados por el padre Marcial Maciel, el fundador de esa industria de los atentados sexuales que fue, durante su mandato, los Legionarios de Cristo. La víctima era la Santa Sede, que fue engañada.

Juan Pablo II, el Papa que, entre otros tantos horrores, promovió y encubrió a los pedófilos y violadores de la Iglesia, recibió, al mismo tiempo que Juan XXIII, la canonización. Más allá del espectáculo obsceno montado para esta ocasión, del millón de fieles en la plaza San Pedro, de los tres satélites suplementarios para difundir el acto, más allá de la fe de mucha gente, la canonización del Papa polaco es una aberración y un ultraje para cualquier cristiano del planeta. Declarar santo a Karol Wojtyla es olvidarse del abrumador catálogo de pecados terrestres que pesan sobre este pontífice: amparo de los pedófilos, pactos y regateos con dictaduras asesinas, corrupción, suicidios jamás aclarados, asociaciones con la mafia, montaje de un sistema bancario paralelo para financiar las obsesiones políticas de Juan Pablo II –la lucha contra el comunismo–, persecución implacable contra las corrientes progresistas de la Iglesia, en especial la de América Latina, o sea, la frondosa y renovadora Teología de la Liberación.

La frase ¿Víctimas? ¿Qué víctimas? pronunciada en Roma por el cardenal Velasio de Paolis encubre toda la impunidad y la continuidad aún arraigada en el seno de la Iglesia. Jurista y experto en derecho canónico, De Paolis formaba parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe en la época en que –años 80– se acumulaban las denuncias contra Marcial Maciel. Sin embargo, fue él quien firmó la segunda absolución del sacerdote mexicano. El ex padre mexicano Alberto Athié contó a Página/12 cómo Maciel solía repartir sobres con dinero y favores para comprar el silencio de las jerarquías. Athié renunció en el año 2000 al sacerdocio y se dedicó a la investigación y denuncia de los abusos sexuales cometidos por clérigos y organizaciones. El destino de Maciel lo selló Benedicto XVI a partir de 2005. En 2004, antes de la muerte de Karol Wojtyla, Maciel fue honrado en el Vaticano. Ese mismo año Ratzinger reabrió las investigaciones contra los legionarios.

El dossier Maciel había sido bloqueado en 1999 por Juan Pablo II y mantenido en estado de invisible por otra de las figuras más turbias de la curia romana, Angelo Sodano, el ex secretario de Estado de Giovanni Paolo. Sodano es una perla digna de figurar en un curso de maniobras sucias. Angelo Sodano, que es decano del Colegio de Cardenales, tenía negocios con los Legionarios de Cristo. Un sobrino suyo fue uno de los asesores nombrados por Maciel para construir la universidad que los Legionarios de Cristo tienen en Roma, la Universidad pontificial Regina Apostolorum.

Sodano, quien fue el número dos de Juan Pablo II durante casi 15 años, tenía un enemigo interno, Jozef Ratzinger, un club de simpatías exteriores cuyos dos miembros más eminentes eran el dictador Augusto Pinochet y el violador Marcial Maciel. Sodano y Ratzinger libraron una batalla sin tregua: el primero para proteger a los pedófilos, el segundo para condenarlos.

En 2004, Jozef Ratzinger obligó a Marcial Maciel a dimitir y retirarse de la vida pública. Dos años después, ya como Benedicto XVI, el Papa lo suspendió a divinis. Las investigaciones reabiertas por Ratzinger demostraron que Maciel era un pederasta, tenía dos mujeres, tres hijos, se movía con varias identidades y manejaba fondos millonarios. Las denuncias previas nunca habían pasado el paredón levantado por Sodano y el hoy santo Juan Pablo.

La carrera de Sodano es toda una síntesis del papado de Karol Wojtyla, en donde se mezclan los intereses políticos, las visiones ideológicas ultraconservadoras, la corrupción y las manipulaciones. Angelo Sodano fue nuncio en Chile durante la dictadura de Pinochet. El diplomático mantuvo una relación amistosa con el dictador y ello le permitió fraguar la visita a Chile que Juan Pablo II hizo en 1987. Su hermano Alessandro fue condenado por corrupción tras la operación Manos Limpias. Su sobrino Andrea corrió la misma suerte en Estados Unidos. La FBI descubrió que Andrea y un socio se dedicaban a comprar –mediante información privilegiada– por un puñado de dólares, las propiedades inmobiliarias de las diócesis de Estados Unidos que estaban en bancarrota debido a los escándalos de pedofilia.

Pero el mundo sucumbió al grito de santo súbito que reclamaba la canonización de un hombre que presidió los destinos de la Iglesia en su momento más infame y corrupto. El Papa viajero, el Papa amable, el Papa de los jóvenes, el Papa catódico era un impostor ortodoxo que desprotegió a las víctimas de los abusos sexuales y a los propios pastores de la Iglesia cuando éstos estuvieron en peligro de muerte. Su visión y sus necesidades estratégicas siempre se opusieron a las humanas.

Ocurre que en la trama de esta historia hay también mucha sangre y no sólo la de los banqueros mafiosos como Roberto Calvi o Michele Sindona con quienes Juan Pablo II se asoció para alimentar con fondos, secretos las arcas del IOR (banco del Vaticano), fondos que luego servirían para financiar la lucha contra el comunismo en Europa del Este o la Teología de la Liberación en América Latina. Juan Pablo II dejó sin protección a los sacerdotes que encarnaban en Latinoamérica la opción por los pobres frente a las dictaduras criminales y sus aliados de las burguesías nacionales.

En 2011, 50 destacados teólogos de Alemania firmaron una carta en contra de la beatificación de Juan Pablo II, por no haber respaldado al arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 por un comando paramilitar de la extrema derecha salvadoreña mientras celebraba una misa. Romero sí que es y será un santo. El arzobispo enfrentó a los militares para rogarles que no asesinaran a su pueblo, recorrió barriales, zonas castigadas por la represión y la violencia, defendió los derechos humanos y a los pobres. En suma, no esperó a que Bergoglio llegara a Roma para hablar de una Iglesia pobre para los pobres. No. La encarnó en su figura y lo pagó con su vida, como tantos otros sacerdotes a quienes el Vaticano tildaba de marxistas o comunistas sólo porque se implicaban en causas sociales.

Juan Pablo II es un santo impostor que traicionó a América Latina y a quienes, desde una modesta Iglesia, osaron decirle no a los asesinos de sus pueblos. Si Juan Pablo II contribuyó en Europa del Este a la caída del bloque comunista, en América Latina favoreció la caída de la democracia y la permanencia nefasta de las dictaduras y su ideología apocalíptica. Un detalle atroz se suma a la ya incontable deuda que el Vaticano tiene con la justicia y la verdad: el expediente de beatificación de monseñor Óscar Arnulfo Romero sigue bloqueado en los meandros políticos de la Santa Sede. Juan Pablo II beatificó a Josemaría Escrivá, el polémico fundador del Opus Dei y uno de sus protegidos. Pero dejó afuera a Romero, incluso cuando estaba con vida y las amenazas contra él se precisaban cada semana. Cada vez más soy el pastor de un país de cadáveres, solía decir Romero.

Juan Pablo II fue electo en 1978. Al año siguiente, monseñor Romero le entregó un informe sobre la espantosa violación de los derechos humanos en El Salvador. El Papa lo ignoró y le recomendó a Romero que trabajara más estrechamente con el gobierno. Como lo recuerda a Página/12 Giacomo Galeazzi, vaticanista de La Stampa y autor de una magistral investigación, Wojtyla secreto, en sus 25 años de pontificado ningún obispo latinoamericano ligado a la acción social o a la Teología de la Liberación fue nombrado cardenal por Juan Pablo II. La respuesta está en una frase de otro de los más dignos representantes de la Iglesia de los pobres, el fallecido arzobispo brasileño Hélder Câmara: Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista.

El show universal de la canonización ya fue lanzado. La prensa blanca de Europa tiene la memoria muy corta y su cultura del otro es estrecha como un pasillo de hospital. Todos celebran al gran Papa. Se ha promovido a la categoría de santo a un hombre que tiene las manos sucias, que ha cometido la infamia de encubrir a violadores de niños, de besar a dictadores y legitimar con ello el tendal de muertos que dejaban en el camino, de negociar beneficios con la mafia, que ha sacrificado en nombre de los intereses de una parte de un continente, el este de Europa, la misericordia y la justicia de otros, entre ellos los de América Latina. Se canoniza a un embaucador. El colmo de la ligereza, del error inmemorial. ¿Ante quién se arrodillarán en adelante las víctimas de los abusadores sexuales y de las dictaduras? Podemos levantar todos juntos un lugar apacible y justo en la memoria con las imágenes del padre Mugica o de monseñor Romero para rencontrarnos con la beatitud y el sentido de quienes, por un ideal de justicia e igualdad, enfrentaron la muerte sin pensar nunca en sí mismos o en bajos beneficios humanos.

 

martes, 22 de abril de 2014

La culocracia: Un referente para la mediatización






Francisco RIVAS LINARES

 

 

“La imagen miente sobre todo si se saca de contexto y se le agrega una voz con lo que el informante quiere difundir, esto puede hacer que el televidente tenga sólo percepciones deformadas y vaya perdiendo la capacidad de abstracción y con ella la posibilidad  de distinguir lo verdadero y lo falso.” Giovanni Sartori. La sociedad teledirigida.

 

Todo parece indicar que pertenecemos a una sociedad teledirigida. El binomio televisa-tvazteca nos ha implantado nuevos estilos de vida cuya sustantividad no sólo se manifiesta en tendencias compulsivas hacia la adquisición de  bienes superfluos, sino que también abonan a la sustitución de aquellos valores sociales que fortalecen la armonía relacional entre los integrantes del conglomerado social, tales como la solidaridad, el respeto, la responsabilidad, la honradez, la cooperación, la intercomunicación, etc.


Ahora priva la desconfianza, el deseo insano, la indiferencia, el distanciamiento; todo nos resulta ajeno y nada nos ocupa que no sea lo circunscrito a nuestro entorno familiar. Vivimos en competencia sostenida por lo acumulativo. El SER queda supeditado al TENER. El “tanto tienes, tanto vales” es el paradigma dominante en la cotidianidad social.


El proyecto de estupidización de las masas se va imponiendo a conveniencia de quienes ostentan el poder. Han preferido consolidar los referentes visuales que se ofrecen a través de la televisión, antes que estimular la capacidad cognitiva de las personas. Así tendrán garantizada una sociedad disciplinada y obediente, sin capacidad para entender conceptos o comprender abstracciones; una sociedad constituida por hombres que dejan de interesarse por lo inteligible para prestar mayor interés por lo visible; es decir, hombres video-formados.

 
La omnipresencia de los medios audiovisuales ha configurado un perfil novedoso del mexicano. Los estímulos que proyectan subliminalmente manipulan nuestras respuestas a tal grado que el subconsciente domina la respuesta final. El mejor ejemplo de lo que asevero lo podemos encontrar en el último proceso electoral, cuyo resultado, a partir del lenguaje de la percepción, salta a la vista: la consolidación de la kakistocracia o el gobierno de los peores.

 
Por eso escuchamos con frecuencia la invocación a la imagen del gobierno, de la ciudad, del país. Ante las expresiones tonitronantes y tumultuarias que efectúan estudiantes, trabajadores, obreros, campesinos, etc., los agoreros oficialistas se desgarran las vestiduras y sentencian el deterioro de la imagen  que repercutirá en el factor económico, pues para ellos las protestas no constituyen un problema social, sino estrictamente monetario.

 
Y aparece el recurso del engaño: la imagen estimulando realidades ficticias. Más aún si ésta se acompaña por una descripción oral de locutores, cómicos y actores sistémicos. El bullying, la humillación, el grito, el doble sentido, el acomodo, la edición, en fin, constituyen sus recursos para divertir (¿?), inducir o provocar a las audiencias.

 
Pero la regresión ha ido cobrando tal agudeza a partir de la década de los noventas con la consolidación de la mujer-objeto, la mujer-cosa, la mujer como símbolo sexual, dando origen a la culocracia.

 
La mujer pasa de su composición total a un trasero que se personifica y se convierte en protagonista, “… un efecto especial que antes había que esconderlo pero que hoy sólo esconde nuestra raquítica realidad”, así lo define el sociólogo francés Jean Baudrillard. Y asegura que “… se ha construido un mundo en el que todos vivimos obsesionados con la perfección (del culo) y en el que la autenticidad fue reemplazada por una copia transmitida por televisión.”

 
Este factor adicional ha provocado tal sustracción de la realidad que impide la reflexión en los asuntos que repercuten severamente en el entorno social y familiar. Y la televisión lo ofrece, nos lo pone al alcance para colonizar nuestras conciencias, para entorpecer el entendimiento.

 
Al filósofo argentino José Pablo Freinmann se le atribuye el neologismo que nos ocupa y  en el marco de la presentación de su último libro titulado “Filosofía política del poder mediático”, dictó la conferencia “Reflexiones sobre el poder, los medios y la culocracia”, en la que expuso… “el trasero de la mujer, bajo el pretexto de una hipermodernidad, es utilizado como la imagen hegemónica en la modalidad informática y como parte del proceso de estupidización paulatina y progresiva que sufre nuestra sociedad contemporánea.”

 
Los espectáculos televisivos son presentados con “… formas femeninas totalmente cosificadas y presentadas como un ideal a conseguir… shows degradantes y vacíos en el que se observan ideales tiránicos, inorgánicos y falsos…” Y se pregunta el filósofo “… ¿en dónde radica el problema? Contestándose para sí: “en la parcialización del ser humano, en pretender captar la esencia de una persona y definirla por una parte de su cuerpo. Estamos acudiendo a la más grave frivolidad y superficialidad cultural. No importan los sueños, proyectos y deseos de tal o cual individuo, sino sólo sus pectorales, senos, traseros y su capacidad de baile o comicidad.”

 
Hay una canción que se refiere al tema. Comparto con ustedes dos de sus párrafos:

“La culocracia que nos dirige / la que corrompe / y se ríe de tu credo. / La culocracia que nos empuja / que nos obliga / que sólo importa / a quien vas a votar.

“La culocracia / la que te tranza / la que te mata / y que soborna sueños. / La culocracia / que nos seduce / te muestra un culo / y te quita todo / todo lo que pensas.”

viernes, 11 de abril de 2014

Hacia una sociedad absurda






Francisco RIVAS LINARES

 

Todo lo que se opone a la razón, es absurdo. La conducta de los dictadores eliminando a sus opositores, es absurdo. Hitler asumió una conducta absurda ordenando el exterminio de los judíos. La Operación Cóndor que los dictadores del cono sur aplicaron durante las décadas de 1970-1980, fue un absurdo. Las tácticas dilatorias y tramposas que aplican los gobernantes para provocar a sus críticos y disidentes, es absurda. El bloqueo de calles y avenidas, tanto como el secuestro y destrucción de autobuses y vehículos, es absurdo. Quien osa enfrentarse a una masa intoxicada de adrenalina y embestirlos con su vehículo en un arranque de ira, es absurdo.

 

Cuando a una sociedad se le extravía el horizonte, se desquicia y grita ¡sálvese quien pueda!, es una sociedad que ha caído en el absurdo. Lo absurdo es, pues, lo disonante, lo ilógico, el sinsentido.

 

Hemos llegado a la sociedad absurda. Una sociedad dominada por quienes tienen menos escrúpulos, una sociedad en la que impera la ley del más fuerte. Una sociedad amenazada por delincuentes de diversa calaña. Una sociedad donde la justicia se ha prostituido. Una sociedad en la que los pobres –que son los más- son más pobres y los ricos –que son los menos- más ricos, es una sociedad absurda.

 

La sociedad que aplaude el impulso criminal de un iracundo, es absurda. La sociedad que destila un odio enfermizo azuzando, incluso, al crimen, es una sociedad absurda. El sistema de justicia que obtiene confesiones bajo tortura, que encarcela inocentes bajo el simplismo de entregar resultados, es un sistema absurdo. Si como afirma el sociólogo  Walter Frederick Buckley “… un sistema educativo cuyo eje rector se sustenta en metas competitivas en lugar de metas cooperativas y comunitarias, movidas por propósitos enaltecidos, será una sociedad desgarrada y asfixiada por la falta de legitimidad”, agregaría yo que se trata de un sistema absurdo propio de una sociedad absurda.

 

Hemos arribado a la conformación de una sociedad dominada por dos valores: el valor economicista y el valor utilitario. En ambos valores domina el individualismo cuya conducta se circunscribe a un mero afán de acumulación de bienes materiales, al consumo compulsivo; y peor aún, a la cosificación de las personas a quienes se les da fines de uso.

 

De seguir por la trayectoria del absurdo, caeremos irremediablemente en el escepticismo. Nada nos importará. El YO dominará al NOSOTROS y estaremos a punto de hacer realidad lo que el filósofo francés Albert Camus se planteara: “La existencia humana no tiene sentido por lo que buscarlo es algo inútil. El que la existencia sea absurda significa que da igual lo que hagamos o elijamos, pues de todas formas seguimos siendo indiferentes para un mundo y una realidad que de suyo no posee ningún sentido.”

 

En la Columna Política del 19 de diciembre del año anterior, el tema expuesto fue la estupidez. Cité al historiador italiano Carlos María Cipolla quien define al estúpido como aquél que al causar daños a otros, se perjudica a la vez a sí mismo.

 

Y en este tinglado de absurdos que tantos estúpidos han montado, sólo nos van dejando un rastro de basura con calor de incendio.