miércoles, 26 de diciembre de 2012

Sólo la pobreza engendra violencia



Francisco RIVAS LINARES



“La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”. Milán Kundera.
 
El dos de diciembre se dieron a conocer cifras oficiales sobre la pobreza en nuestro país. De los 116 millones 900 mil habitantes de nuestro territorio, 11 millones 700 mil personas en pobreza extrema; 52 millones en pobreza moderada; 28 millones de mexicanos sin acceso a la alimentación y 81 millones de personas con al menos una carencia social: salud, educación, vivienda o seguridad social.

 

Tal es la herencia dejada por el gobierno de Felipe Calderón Hinojoza, el presidente que se solazaba en su arrogante slogan “vivir mejor”, el hombre de las “manos limpias”, quien se entronizó “haiga sido como haiga sido”, según su dicho.

 

Los datos están registrados en el Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social  2012, el cual fue elaborado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social. El mismo documento identifica a las diez entidades que sufren el más alto grado de rezago social. Chiapas en primer término, seguido de Veracruz, Estado de México, Oaxaca, Guerrero, Puebla, Michoacán, Guanajuato, San Luis Potosí y Jalisco.

 

Si el flagelo de la pobreza es considerado como un estado violatorio de los derechos humanos, tal violación no para sólo en ella. Durante la administración desastrosa de Calderón, el poder adquisitivo de nuestra moneda cayó en un 43%. El salario mínimo no alcanza para adquirir la canasta alimentaria recomendable, que consta de 35 productos con los nutrientes mínimos necesarios, pues para que una familia promedio compuesta de 3.5 personas requiere un ingreso de 15 salarios mínimos.

 

Estos datos se reportan en el documento denominado “Poder adquisitivo del salario y la precarización del nivel de vida de los trabajadores en México 2012”, elaborado por el Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM.

 

El hambre es mala consejera, dice el proverbio, dando a entender que cuando la necesidad es extrema se llegan a cometer actos censurables, de poca o nula meditación. Y poco a poco se va despertando el México bárbaro.

 

Quiero en esta colaboración mantener firme la memoria de dos acontecimientos que nos llenan de oprobio a todos los mexicanos. El domingo anterior, 16 de diciembre, se cumplieron dos años del asesinato de Marisela Escobedo. Una de las muchas mujeres que vivieron y viven el drama de la desaparición y/o asesinato de sus hijos. Marisela Escobedo fue arrojada al activismo para buscar la justicia que le fue negada a su hija Ruby Frayle, asesinada por Rafael Barraza Bocanegra.

 

Se quedo plasmada en la memoria la imagen de su indefensa figura correr hacia las puertas de Palacio de Gobierno de Chihuahua y ser asesinada en medio de la calle por un sicario contratado para tal propósito.

 

Mañana, 22 de diciembre se cumplen 15 años de la masacre de Acteal en Chiapas. 45 indígenas fueron masacrados por una fuerza paramilitar, mientras oraban por la paz en una ermita del municipio de Chenalhó.

 

Dice la escritora Susana Tamaro que “…los muertos no pesan tanto por su ausencia, sino por aquello que entre ellos y nosotros no fue dicho.”

 

Por eso, en honor a la expresión, hoy lo grito: ¡Justicia para Marisela Escobedo! ¡Justicia para los indígenas de Acteal!

 
(Texto leído en el programa radiofónico "Micrófono Abierto" de Radio Tormenta, 1600 AM, el viernes 21 de diciembre de 2012)

domingo, 16 de diciembre de 2012

Imita México el modelo educativo fallido de los estadounidenses: experto




Promueven examen estandar y hacer de la enseñanza pública un sector de lucro, señala.
David Brooks, corresponsal
Publicado: 16/12/2012 10:22
Nueva York. El profesor William Ayers, veterano luchador por la educación pública democrática, denuncia que las reformas en el sector que se promueven en Estados Unidos buscan minar la “voz colectiva” de los maestros, privatizar la administración de un recurso público y reducir la enseñanza a un examen estandarizado.
Señala que México y otros países que están copiando parte del modelo que se impulsa aquí “deberían entender un par de cosas: una, se reduce la educación a algo que sólo se centra en un muy estrecho espectro cognitivo, en lugar de que sea una introducción robusta y amplia de los aspectos humanizantes de la cultura entera”.
Ilustra: “no me puedo imaginar a los Obama diciendo a sus hijas:‘nos gustaría llevarlas al concierto, a clases de violín, al equipo de natación, al ballet, al club de ajedrez, pero sólo lo haremos si se comprueba que eso elevará sus calificaciones en los exámenes’. Eso es una locura, ningún padre privilegiado diría tal cosa; entonces, ¿por qué se lo decimos a un niño afroestadunidense en Brooklyn? Es un insulto y lo más lejos de la democracia. Por eso, esa reducción del currículum, eso de deshacerse de las artes, de educación física, todo eso tendrá consecuencias desastrosas a largo plazo si uno desea vivir en una sociedad humanizada y democrática.
“La segunda consecuencia que estamos viendo es que se está desalentando a toda la mejor gente que desea ingresar al magisterio. El modelo de enseñanza que promueve Arne Duncan (secretario de educación de Obama) es de tres años y para fuera”, explica.
Ese modelo es uno en el cual se contrata a jóvenes capacitados rápidamente mediante programas como Teach for America, con la idea de que sólo trabajarán pocos años antes de ser abogados u tener otra profesión.
“Eso es una catástrofe. Ser maestro es la única profesión en Estados Unidos donde tener experiencia y antigüedad es considerado un déficit. También es la única profesión donde 50 por ciento de nuestros egresados de escuelas de pedagogía deja de enseñar después de cinco años. Si eso ocurriera en las escuelas de leyes y de medicina, tendríamos una emergencia nacional.”
Las reformas en el sector minan además una “educación humana y democrática”, afirma en entrevista con La Jornada.
Ayers, distinguido profesor de la Universidad de Illinois en Chicago (recién jubilado), fundador de organizaciones de reforma escolar y vicepresidente de la división de estudios curriculares de la Asociación Estadunidense de Investigación Educacional, ha escrito libros y numerosos artículos sobre el tema y su relación con la democracia y la justicia social (publicados en revistas de educación de Harvard y Columbia, en el New York Times y en revistas progresistas).
El experto ofrece un diagnóstico sobre el gran debate en torno a las reformas del sector que se han promovido durante la última década en Estados Unidos. Relata que líderes políticos y empresariales han ganado esta discusión porque lograron definir los términos.
“Cuando encuadras un tema de la manera que deseas, obtienes la respuesta que buscas. Cada vez que un político toma el micrófono y dice que necesitamos sacar a los maestros perezosos e incompetentes de las aulas, todos estarán de acuerdo. Pero si llego al micrófono primero y digo que todo estudiante de escuela pública merece tener un profesor pensante, intelectualmente desarrollado, moralmente apto, apasionado, bien descansado y remunerado, todos estarán de acuerdo también”, expresó.
El problema, en este contexto, es que “los poderosos, los Walton de Walmart, la Fundación de Bill Gates, tienen el micrófono, y han logrado encuadrar el tema como de incompetencia de los profesores”.
Al evaluar el impacto de eso, Ayers señala: “en lugar de apoyar a los maestros otorgándoles no sólo recursos físicos, sino también clases más reducidas, reformistas como Gates argumentan que los sindicatos del magisterio son el gran obstáculo para el progreso en las escuelas. ¿Adónde van con ese argumento? Esos reformistas tipo Gates desean, primero, destruir la voz colectiva de los profesores; segundo, imponer la administración privada de un recurso público, y tercero, definir el aprendizaje como una calificación en un examen estandarizado”.
Abunda: “en torno al asunto sindical, buenas condiciones de trabajo son buenas condiciones para la enseñanza, y buenas condiciones para la enseñanza son buenas condiciones para el aprendizaje”.
Por lo anterior, afirma, en una reforma del sistema escolar “los maestros tienen que participar. No son los únicos con buenas ideas, pero son centrales en cualquier solución”.
Ayers rechaza los términos del debate actual, en el cual se repite que sólo hay dos opciones, algo que de manera reiterada se ve en los grandes medios, “donde por un lado unos defienden los cosas como están y otros desean luchar contra los sindicatos y privatizar las escuelas. Eso es falso, nadie cree que sea aceptable cómo están las cosas en un lugar como Chicago. La pregunta es: ¿qué hacer?, y ¿cuáles deberían de ser las nuevas normas?
“Propongo una norma muy simple: que lo que la gente más privilegiada y más sabia desea para sus propios hijos, eso debería de ser la norma para los hijos de todos.
“Todos esos llamados ‘reformadores’ envían a sus hijos a escuelas que son muy diferentes a las que proponen para los hijos de otras personas. Nunca hay que confiar en un reformador que promueve para los hijos de otros lo que nunca permitiría para los suyos.”
Señala que cuando Barack Obama y su esposa vivían en Chicago enviaron a sus hijas a la misma escuela de los hijos de Ayers: la famosa Chicago Laboratory School, donde las clases tenían un cupo máximo de 15 estudiantes, con profesores no sólo respetados, sino sindicalizados y bien remunerados, con aulas con abundante material didáctico.
“Si es suficientemente bueno para las hijas de Obama y para los míos, ¿por qué no es esa la norma para los niños en el lado oeste (el más pobre) de Chicago? Ahí tenemos clases con hasta 40 estudiantes en segundo grado de primaria. Es atroz.”
Se le pidió su opinión sobre todos los datos y documentos elaborados por expertos que citan los reformadores empresariales y los políticos para promover sus iniciativas. Respondió: “nada de eso está basado en investigaciones. De hecho, las propuestas están basadas en la fe, no en hechos”.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Ooapas: Fraude que se endosa al pueblo




Francisco RIVAS LINARES

Cuando el poder político se encuentra en grave situación para solucionar los remanentes deficitarios que les heredan la o las administraciones que les antecedieron, no encuentran fórmula más simple que la de aumentar los costos en los servicios o aumentar los impuestos a productos de consumo; es decir, al pueblo le endosan el pago de las torpezas cometidas por sus “iguales” de la casta política, naturalmente.

 

Lo anterior viene a colación por el intento que se tiene de incrementar precisamente el pago del agua potable en nuestro municipio, bajo el argumento de que la situación económica del Ooapas se encuentra con un desbalance equivalente a 257 millones de pesos y una deuda de 100 millones de pesos.

 

El profr. Wilfrido Lázaro Medina, Presidente Municipal de Morelia, se queja de haber recibido el organismo con un quebranto técnico como resultado de “una sola forma de hacer las cosas”. Sin explicación de por medio sobre esa sola forma de hacer las cosas, interpretamos que se refiere a la irresponsabilidad de los funcionarios que se asignaron elevados sueldos, al 50% de los usuarios que tienen rezagos en sus pagos y que no se ha hecho lo suficiente para obligarlos a cumplir con el mismo, salvo el clásico ofrecimiento de la dispensa de recargos y multas que obviamente repercuten negativamente en las finanzas; o bien, a las condonaciones que conceden a organismos sociales.

 

También responsabiliza a las dos últimas administraciones encabezadas por el señor Juan Luis Calderón Hinojoza. De ser así, los usuarios no tenemos responsabilidad en tal quebranto; luego entonces,  ¿por qué tenemos que pagar la estulticia del personaje citado? En todo caso que lo convoquen para rendir cuentas y que se proceda en consecuencia.

 

Lamentablemente estos gobiernos, tanto el estatal como el municipal, se la han pasado como la zarzamora: llorando por los rincones. Repartiendo culpas, expresando cifras millonarias  deficitarias, pero hasta la fecha no se han fincado responsables a personas con nombre y apellido. Eso, además de restarle seriedad a los gobernantes, denota una “dejadez” que nos perjudica a todos los gobernados.

 

Siempre suelen hablar de la “aplicación estricta de la ley”. Otra expresión usual es aquella que dice “nadie por encima de la ley”. Pero cuando los violadores de la misma son los pertenecientes al círculo del poder, esa ley se prostituye y se impone la impunidad. No así para el pueblo, a quien le han quitado la justicia dejándole sólo la ley, a secas.

 

En lo personal, uno mi protesta por ese intento de aumentar el costo del agua potable. Morelia ocupa el séptimo lugar nacional en el alto cobro del servicio. No es justo que se abuse de los usuarios, haciéndonos saldar las consecuencias de las ineptitudes, los simplismos y descuidos magistrales de los funcionarios anteriores y actuales.

 

El científico Albert Einstein solía decir que en el mundo sólo había dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. El aumento al agua encuadra perfectamente en esta última.

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sábado, 8 de diciembre de 2012

LA BRUTALIDAD DE GOBIERNOS PRIMATES



Francisco Rivas Linares

"Sólo hay dos cosas infinitas en el mundo: el universo y la estupidez humana" A. Einstein.
 
Cuando en 1830 Francia decidió invadir a Argelia, se justificó con una expresión tremebunda: Para combatir la barbarie, hay que aplicar una barbarie mayor. Tal parece que el referido enunciado ha sido el eje conductor aplicado por nuestras autoridades para sofocar las protestas sociales.

 

Las evidencias así lo demuestran. Son paradigmáticas las represiones a las protestas de los ferrocarrileros y maestros de 1958-59; de los médicos, 1964; estudiantil, 1966, 1968 y 1971. Ahora parece que de aquél ogro filantrópico referido por Octavio Paz, éste ha regresado pero con saña esquizofrénica.

 

Y nos encontramos nuevamente ante el “eterno retorno de lo idéntico”, al que ya me he referido en otras colaboraciones. El esquema torpe de los toletazos, gas lacrimógeno y granadas de pimienta. Estas últimas tienen un atroz efecto, pues además de aturdir con su fuerte detonación y liberar el agente pimienta, lanza múltiples proyectiles de goma que en no pocas ocasiones han resultado letales.

 

El escenario político nos pinta terrible. No atinamos a imaginar cuáles serán las soluciones a tanta inconformidad acumulada durante tres décadas, por lo menos. Los entresijos del poder nos hace cuestionar  sobre sus respuestas a una sociedad crispada por el crimen organizado, la pobreza galopante y la desocupación acentuada. ¿Serán los procedimientos propios de los gorilas que dominaron a naciones latinoamericanas a mediado del siglo pasado?

 

Cuando se instalan barreras de contención en un contexto preventivo, no se justifica la aplicación de las fuerzas represoras del Estado. Más cuando dichas barreras se aplican de manera desproporcionada y abusiva, es obvio que ya en sí se constituyen en hechos de provocación. Y el enfrentamiento es una de sus consecuencias. La adrenalina obstruye el juicio y surgen los actos de barbarie que el Estado combate con una barbarie mayor: la represión brutal y la persecución.

 

En la protesta social el Estado no debe aplicar la premisa autoritaria que dice: “A la complejidad de los procesos de inconformidad social, corresponde la complejidad de la violencia del Estado.”

 

Los acontecimientos del pasado primero de diciembre, alcanzaron niveles de violencia impredecibles dejando una cicatriz difícil de restituir el tejido social. Quedará ya como efemérides trágica, como si no tuviéramos bastantes fechas símbolo de tal naturaleza.

 

Concluyo citando al pensador revolucionario Carlos Malato: “¡Sumisión! ¡Ah, no: revuelta y protesta mientras sea el hombre carne de cañón, revuelta y protesta mientras la mujer sea carne de placer! Por la rebeldía contra el dogma, el creyente se hizo pensador; por la rebeldía contra la autoridad el ciudadano acabará por hacerse hombre”

lunes, 29 de octubre de 2012

Michoacán con sus violencias



Dos conflictos que rayan en la violencia se ventilan actualmente en nuestra entidad: El que controla el régimen federal en su lucha contra la delincuencia organizada, y el que libra el gobierno del estado en el ámbito educativo. Ambos se han posicionado de manera preponderante en pláticas de corrillos, familiares o de café. Temas controvertidos, sin duda alguna, cuando no hasta de fricción entre los opinantes.

Hablemos del segundo caso. Lamentablemente cuando se violentan los elementos en conflicto, la primera víctima es la verdad. Cada quien maneja la propia. En tanto que algunos la reducen a una negativa de los estudiantes para recibir los conocimientos del idioma inglés y de computación, cuando lo cierto es que se trata de posponer por un año los cambios al plan de estudios, otros la enervan a una tentativa oficial por socavar los cimientos de las escuelas normales en el país, a partir de la aceptación de un modelo administrativo autoritario sustentado en el sistema empresarial de las competencias con enfoque productivista.

La educación es un territorio en disputa, como bien lo dice el Maestro en Ciencias Políticas José Enrique González Ruíz: el Estado la quiere conducir para controlar a la población; y la población la quiere conducir para amarrar las manos al Estado. Y en esta pugna de propósitos, se dirime actualmente el conflicto con los normalistas.

El asunto se agrava más aún, cuando intervienen otros factores de poder con enfoques diversos a partir de las consecuencias que va propiciando el conflicto por sí. La clase empresarial lo enfoca en el detrimento de sus ganancias económicas. El gobierno lo calibra en término de “costos políticos”. Y los estudiantes lo circunscriben al campo de lo académico. Conciliar los tres será el punto clave del asunto.

Para ello, debemos aceptar en principio que la juventud siempre se ha caracterizado por su condición rebelde contra todo dictado del poder autoritario. Todo lo que se imponga a nivel central. La juventud desea participar en las decisiones que les afecten su futuro. Y esto no es una cuestión privativa de nuestro estado. Ahí están los estudiantes chilenos, los manifestantes en Londres, los indignados en España, el movimiento Yo Soy 132, los jóvenes activistas en Israel, Túnez, Siria, Libia, etc.

Más aún. Si nos remontamos a nuestra historia, muchos de los que se encuentran actualmente en la función pública, llegaron a participar en actos de protesta y rebeldía durante su vida estudiantil.  Llegaron a lapidar el frente del palacio de gobierno, incendiaban las motocicletas del departamento de tránsito que solían estacionarse sobre la avenida Madero. ¿Ya se olvidaron cuando en grupo llegaban a destruir el exterior del colegio Valladolid por considerarlo emblema de la burguesía? ¿O cuando hacían destrozos en el interior del Instituto Mexicano-Norteamericano, con quema de la bandera de los EEUU incluida, en protesta por el bloqueo económico que éste país imponía a Cuba? ¿O cuando llegaban a destruir las rotativas de un diario local, sólo por considerarlo proclive al gobierno?

El gobierno represor llegó a sacar al ejército de sus cuarteles, para sofocar su rebeldía. Y hubo muerto. Y hubo heridos. Y se escuchaban las mismas expresiones oficiosas que hoy repiten: Respeto al estado de derecho y aplicación estricta de la ley.

De ninguna manera pretendo justificar lo que ha ocurrido en las normales del estado. Sólo demando que nos expliquemos con criterios de causalidad el conflicto que se vive. Que nos ubiquemos en el contexto justo tratando de identificar la fuente de la posición radicalista. Si se globaliza el libre mercado, ¿por qué no globalizar la protesta? Lejos de aplicar la pedagogía del escarmiento, hay que retirarnos del encono y tratemos de dirimir el entuerto a partir de nuestra racionalidad, absteniéndonos de utilizar el lenguaje maldito de la condena.

martes, 23 de octubre de 2012

Michoacán: La necesidad del diálogo



Por Francisco Rivas Linares

Cuando surge un problema entre las personas o las instituciones, procuran dialogar para dirimir sus diferencias. Unos y otros exponen sus percepciones, ideas y criterios en torno al asunto que los distancia, tratando de llegar a un punto de acuerdo que los concilie. Al efecto, deberán estar dispuestos no sólo a escuchar con respeto a su disidente, tratando de comprender los puntos de razón que le asisten, sino incluso ceder en proporciones de igualdad para alcanzar el entendimiento mutuo.

 

Pero cuando los interlocutores se asumen con posturas dogmáticas, irreversibles, en las que cada cual se considera como dueño de la verdad absoluta, se profundiza el problema y se torna en conflicto. Ya no es la razón la que prevalece sino sentimientos de rivalidad, provocando la ruptura de la comunicación o en su defecto disminuyendo su calidad.

 

Es el momento en que surgen los procedimientos de presión. Aquéllos, secuestrando vehículos, cerrando carreteras, organizando marchas, todo con el ánimo de provocar el involucramiento de la sociedad. Mientras que el otro interlocutor, amenaza con el uso de la fuerza pública pues se sabe poseedora del monopolio de la violencia legal, reservándose el momento de emplearla.

 

La expresión “el diálogo está agotado” es el broquel para ambos. Ahora apuestan a la confrontación de sus músculos: el empuje de las masas frente la fuerza represiva. La inteligencia se margina. Y en medio de las tripas, queda la sociedad que limitada en el conocimiento del problema, es susceptible del rumor y el chisme manipuladores.

 

Tanto el rumor como el chisme son factores de control social y llegan a engendrar violencia. Son instrumentos para contraponer o tergiversar los argumentos. Unos hablan del estado de derecho y  aplicación de la ley; en tanto que los otros se erigen como defensores de la educación pública. Y surgen las etiquetas, los adjetivos que desprestigian. Siembran el chisme de que los estudiantes son vándalos, delincuentes, flojos; y al gobierno se le califica de represor, incapaz e inútil. Todo apuntando a objetivos emocionales. De este modo, o se retraen o se violentan más.

 

Cuando se llega a este punto de alta beligerancia, se hace necesaria la presencia de un tercero que ayude a restablecer la comunicación entre las partes confrontadas, a fin lograr la solución o el control del conflicto.

 

Si es censurable el actuar de los estudiantes, también lo será la del gobierno del estado. Ambas partes, ayunos de inteligencia, dejan a la sociedad cautiva de sus arrebatos emocionales. El enfrentamiento entre dos poderes, siempre deja secuelas y heridas abiertas. Todos perdemos  -y en qué forma- en estas luchas intestinas  de nuestro estado.

 

No faltan los “cara de guerra” que atizan al gobernador para que mantenga sus fuerzas represivas en acción. Lo empujan a no ceder. Tampoco faltan quienes impulsan el ímpetu de rebeldía en los estudiantes normalistas. Nosotros, como sociedad, debemos reclamar de las partes la sensatez y la aplicación de la racionalidad. Unos y otros necesitan de expresiones críticas, no reverenciales.

 

Está claro que en una lucha entre elefantes, lo único que queda es el tiradero. ¿Quién lo levantará?